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El político actual y la política de salón

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 Estarse quieto  y saber esperar a que los adversarios se desestabilicen en su propio movimiento para acabar emergiendo como mal menor ante la debilidad puede parecer una virtud si no viviéramos en una actualidad inquietante. La impresión más generalizada es que los políticos españoles viven al margen de la realidad, se podría decir, incluso, que desprecian profundamente al pueblo. Todo parece haber perdido su valor, y su perspectiva. Hoy el nacionalismo e izquierda se dan la mano, se ayudan, se autoalimentan, y se encuentran en conciencia sobre aquella denigrante acción.

Resucitar tanto espejismo populista, donde todo  vale, produce en los españoles la sensación de que en la casta política se ha instalado una corrupción generalizada, y convertido la política en un negocio personal. Vivimos en una sociedad de adultos para el delito, sorpresa tras sorpresa al despertar de cada día, más que con criterio de justicia, con intención de venganza, a cuyo espectáculo mediático colabora sin rubor cualquier institución judicial o policial en el más esperpéntico de los resultados. La costumbre se ha convertido en disculpa, y la sociedad parece sumida en una saturación resignada. La policía de delitos  financieros erigida en brigada justiciera ante un evidente vacío de poder. Y los encausados, en lugar de intentar descargar su conciencia los vemos desfilar por los juzgados soberbios, altaneros, incluso ofendidos, como mártires de  una injusticia más que como protagonistas de su codicia e indecencia. Una manera de intentar poner en paz sus conciencias, los delincuentes comunes son más consecuentes que los delincuentes políticos. Si la justicia no anda demasiado bien y adolece de parcialidad, lentitud y burocratización la eficacia desaparece mostrando su ineficacia.  

El bloqueo partidista de las instituciones y un ambiente sociológico de conformismo desengañado, conduce a una situación de cataclismo moral. En un estado de emergencia solo se puede salir adelante a través de un acuerdo entre los grandes partidos, con sentido de estado y generosidad institucional. Si las encuestas pronostican que  estaremos peor que estamos con las nuevas elecciones, para qué celebrarlas.  Es asombroso constatar como en una emergencia extrema, los odios personales priman sobre cualquier cálculo de intereses comunes, con el nacionalismo como su mejor aliado, juntos cierran filas contra la libertad, contra la democracia. Apelan a lo más elemental  del individuo, al miedo, a la inercia en tiempos de crisis, que son tiempos de falsos profetas, estos tipos pueden venderte cualquier cosa sin importarles más que su ganancia concreta. Todo empieza y acaba en ellos sin que nada más importe. En España, el político intenta  una cosa y la contraria para mantenerse a flote, insistirá en su discurso de superioridad moral, todo quieren cambiarlo sin darse cuenta que lo poco que tenemos podría arruinarse.  Las ingenierías totalitarias conducen a la degradación de ideales, al soberanismo, al independentismo, a una siniestra utopía de populismo autoritario. Si sus señorías no saben ejercer su trabajo con eficacia y como consecuencia vamos a nuevas elecciones, pues que devuelvan sueldos y prebendas y vayan a un curso de reciclaje.  

elblogdepacobanegas 18 de abril 2016   

Comentarios   

0 #1 Smithd259 21-04-2016 07:23
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