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El gran teatro de la política

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 EL GRAN TEATRO DE LA POLÍTICA 

Lo que no se le puede negar a Pedro Sánchez son sus grandes dotes para la prestidigitación, aires de estrella mediática y capacidad para el camuflaje. Nunca 90 escaños habían dado tanto juego, el peor resultado de la historia del PSOE, cuarto en Madrid, un fracaso estrepitoso por el que habría tenido que dimitir o ser sustituido. Rubalcaba lo hizo con mucho mejor resultado. Sin embargo ahí lo tenemos; puede decir sin rubor una cosa y la contraria a ritmo de telediario.  Con evidentes dotes escénicas levanta ovaciones y aplausos que son puro atrezo, arropan el ambiente e incitan a la euforia.

  Pura ficción que sobrepasa el artificio escénico y emociona a lo Stanislavski, con la “extrañeza” de Brecht que marca la distancia. Y hay que reconocerle, además, capacidad de convicción, pues hay que ver cómo consigue componer el coro, hipnotizar  a la parroquia, amansar a la crítica, y ocupar portadas de los medios de comunicación: prensa, radio, televisión, periódicos digitales y redes sociales. El país vive en la euforia colectiva y una demencia peligrosa. La fantasía de Sánchez roza la adivinación, consigue adornos corales con maestría sinfónica, plañideras a la inversa que anuncian acontecimientos funerarios en quienes adormecidos ni zullen ni bullen, mientras que como con La Pantaja en sus requiebros finales en “Marinero de luces  levanta la euforia del personal blandiendo sus faralaes a ritmo de apoteosis, apostillado por su  esmirriado “Paquirrin” Iglesias gran comunicador: ofreció su cabeza para facilitar un titular pero no su ausencia, es más peligroso en la sombra. Y Sánchez a lo suyo, sabe que Susana Díaz le pisa los talones por tanto, fiel a su guion, ausente de grandeza,  ni le importa el ridículo ni acusa la humillación, es capaz de dejarse fagocitar por Podemos si antes ha tenido su oportunidad de ser nombrado Presidente.  

No me extraña que el Rey se sintiera confundido. O Sánchez engañó al Rey o este tuvo un mal día; el malabarismo dialectico del “candidato”, su vehemente retórica inagotable da para esto y para más. Es tal su maestría que consigue unanimidad en la fotografía de portada, coincidencia en el mensaje -de los afines y los que no- y, por supuesto, encandila a los mensajeros en las ruedas de prensa, masivas como ya quisiera Julio Iglesias y su hijo Enrique, juntos. El periodismo debe estar basado en la verdad, en este caso pura ficción, de espaldas, un show sin argumento con éxito de taquilla. España se ha convertido en un espectacular plató de televisión. Gran película se perdió Chaplin, o Charlot. El desencanto vendrá y no sé quién se sentirá más ridículo, si el seguido o los seguidores. Supongo que la historia terminará  poniendo a cada uno en su sitio. Esperemos que no sea demasiado tarde. 

Rajoy que anda missing en su limbo, dicen,  prepara un golpe de efecto para romper su noqueado vivir y anuncia que llamara a Pedro Sánchez. Esta vez no se prevé corte de manga, le dará la mano, se la besará;  habrá escena del sofá en la que como Don Juan Tenorio a Doña Inés Rajoy sorprenderá con una declaración de amor tentadora, apropiada a su ego: Los socialistas son como el champagne, todo fuego bajo un cristal, pero tú eres como el coñag que se sube a la cabeza. Sánchez, halagado en su orgullo, en su afán de ser lo que no parece, “Mesías” de España por la gracia de Dios, responderá, supongo: aunque muy en el fondo  te adoro por tu cortesía al dejarme pasar, me voy con Iglesias que me ofrece reinar. Rajoy, movido por un vértigo semejante: No te fíes de sus mañas, terminarás engullido. A lo que Sánchez crecido, en su mundo de ficción, será tajante en la respuesta: da igual, prefiero reinar aunque sea por un día. 

 Si en apariencia el líder de Podemos se lleva la palma en el arte de la escenificación y el mimo estético, Sánchez es maestro del espejismo y la prosopopeya, juntos escriben el guion -vicepresidencia y ministerios incluidos-, en la improvisación llevan la penitencia: quitan ponen y añaden en función de un titular, hay que dar carnaza, son capaces de improvisar una réplica del Quijote (Albert, con Iglesias hemos topado) para entretener a Rajoy y que siga desaparecido; a ver si mientras tanto se aclaran y cuadran el círculo de sus ambiciones, que es lo que importa, llegar al poder por encima de cualquier principio. Para qué los escrúpulos. 

 Si como intuyo –este alboroto es  una “falla”- vamos a unas nuevas elecciones, aunque nada es descartable –la ambición de Sánchez es infinita, espero que los electores, hasta el gorro de tanta irresponsabilidad, sorprendan con su decisión  y enseñen modales a esta pléyade de demagogos oportunistas,  convencidos de que todo el monte –su monte- es orégano y nosotros “su sayo” o sus vasallos. Las circunstancias políticas y económicas actuales  obligan a tratamientos innovadores, a fórmulas flexibles que desbloquee el dialogo honesto y civilizado que requiere este momento histórico, pero eso exige altura de miras, cintura política  que en ningún momento han demostrado tener, siguen inmersos en la miseria moral; nada interesa más que sus intereses personales.    

  España va a la deriva y el carnaval inunda el ambiente a lo “Toreros muertos”, con cerveza para todos,  cohetes, bengalas, fuegos artificiales y cantos folklóricos con disfraz de “auto sacramental”; así es la política de los emergentes, proyectos ilusionantes, inasumibles, que se disuelven como un azucarillo. Si con su retórica populista Pablo Iglesias consigue llegar al poder la consecuencia será irreversible, tiene habilidad para adaptarse como una lapa y capacidad para ejercer un liderazgo centralizado y autoritario, cuidado por tanto con las frivolidades constitucionales. La moderación de Rivera, últimamente parece un poco confundido y juega con comodín, sabe que Sánchez le dejará plantado en la menor oportunidad. El PP con su clara mayoría, el PSOE que representa la oposición, ambos han sufrido la mayor pérdida de representación de su historia: inundados de corrupción. Rajoy con su inmovilismo en todos los campos. Es evidente que Sánchez marca la agenda política de este país a golpe de ocurrencia, como antes Zapatero con la comparsa que inició Puyol, Más y ahora Puigdemont, que viven en el país de su maravilla. Si la responsabilidad y la cordura no se imponen España se habrá convertido en una feria, en una caricatura, y tendremos que resignarnos a lo que, entre todos, hemos consentido, un país  bananero al que no lo va a conocer ni la madre que lo parió. 

 elblogdepacobanegas  8 de abril 2016 

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