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Hasta cuando el chantaje de Cataluña

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 La reunión entre el  Pesidente Mariano Rajoy y el de la Generalitat, Carles Puigdemont, celebrada en La Moncloa, ha resultado ser un encuentro protocolario que pone de manifiesto la incompatibilidad de ambos y la evidencia de que el problema catalán sigue tan atascado como siempre. Las diferencias seguirán siendo las mismas mientras el nacionalismo no asuma el fracaso de su apuesta.

La escenificación forzada, aparentemente correcta de ambos mandatarios, no es otra cosa que una operación de maquillaje, el intento de prolongar la amenaza, la sangría continua que requiere la ruina económica en que se encuentra sumida esta comunidad autónoma. Es evidente, los hechos han demostrado que el problema no se resuelve minimizando los obstáculos para que Cataluña permanezca dentro de España, ni haciendo concesiones a quienes quieren separarse de ella, sino aplicando la autoridad de la ley y los principios de la Constitución.  

 La situación de Cataluña con respeto a su independencia es un tema que requiere un tratamiento de total firmeza. El error del gobierno, cediendo en temas económicos como tapadera para ir demorando el problema, ha hecho del chantaje práctica  permanente. El chantajista es insaciable cuando la víctima muestra desde el principio que para conseguir su objetivo está dispuesto a entregar incluso su dignidad. El Gobierno ha dado evidentes muestras de debilidad ante el desafío de los secesionistas que en el colmo de la provocación pretenden que la independencia la paguemos todos los españoles. Se han apoderado de las instituciones y de la sociedad civil para imponer un estado de opinión que no reconoce más nacionalismo que el suyo. 

El conflicto permanente con el Estado, los agravios separatistas, la ausencia de los valores esenciales de nuestra democracia, el desafío permanente a la Constitución, son una constante en la actitud general de ruptura sediciosa. Los españoles, incluidos los catalanes, están perplejos de la deriva que está tomando el independentismo, la frivolidad con la que los líderes de los partidos políticos afrontan las cuestiones de Estado, y las consecuencias a que puede conducir los hechos consumados. Los desafíos permanentes al Estado deben tener una respuesta jurídica contundente por parte de las instituciones democráticas porque con ellas la Generalitat pretende socavar la unidad de España. Si ante la deriva que toman los acontecimientos, el auge de los Podemos y compañía, los independentistas consiguen celebrar un  referéndum de autodeterminación, estaríamos ante un asunto de máxima gravedad porque atenta contra el principio de soberanía. De cruzarse esta línea estaríamos ante una demostración escandalosa de sometimiento del Gobierno y, lo que es más grave, están advirtiendo del único escenario posible cuando ellos detentan el poder: el vasallaje. 

Elblogdepacobanegas 27 de abril 2016

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