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El círculo vicioso

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Reflexiones de un español preocupado.

El Partido Popular, prisionero de sus propios errores, deambula noqueado con más incertidumbre que acierto. Mariano Rajoy tuvo su gran oportunidad, en esta su primera legislatura con mayoría absoluta,  que le podría haber perpetuado -a él y a su partido- en el poder, y consolidado en ese gran proyecto de una España europea con prestigio internacional.

La recuperación económica, indiscutible acierto de este ejecutivo, ha quedado ensombrecida por su incapacidad de reacción ante el bullying de los emergentes, el acoso constante de los socialistas con su política de logia y amago, las alucinaciones del espirante, y su falta de  reflexión sobre la visión de conjunto. La autocomplacencia, ceguera y pusilánime actitud efectiva y táctica, que en política se traduce en parecerlo es peor que serlo, totalmente lo contrario que ocurre con el Partido  Socialista, todo fuego bajo un cristal, el espejismo perfecto,  ruina y desolación cada vez que han llegado al poder. La memoria española, siempre frágil, ha propiciado una alternancia de retrocesos y recuperaciones, repetidas por su falta evidente de equilibrio para modelar los engaños de poder, postureos y tentativas.

De aquellos vientos, estos lodos. Y no deja de ser curioso, pues el PP es una organización cohesionada, con estructura política suficiente, experiencia y eficacia demostrada. Defiende los principales valores que inspira la Constitución y es garante de la unidad de España. De ahí  su incongruencia. La iniciativa es un fenómeno compuesto, capaz de activar la ruta y  viabilidad de un proyecto, con un componente emocional que puede traumatizar el cerebro si la autocomplacencia se apodera de las emociones. El éxito bloquea la iniciativa y reduce la capacidad de reacción si el subconsciente te muestra encantado de haberte conocido. Es lo que parece haberle ocurrido a nuestro Presidente. Le ha costado caro en escaños y en poder.

La decepción sociológica es evidente, ha superado todos los pronósticos. El desencanto de los españoles es el resultado de una política ladina que ha superado al enfado y convertido en desconcierto. La resignación ha invadido el ambiente, la consecuencia provisional es que el bipartidismo no ha alumbrado todavía un panorama de solución, se predice un gobierno tan débil como inestable. Con esta timba de tahúres con comodín en la manga,  se ha creado un estado de incertidumbre que mantiene secuestrado la voluntad de los ciudadanos de a pie. Si en este estado de vulnerabilidad institucional, Pedro Sánchez logra lo que él llama un gobierno progresista, es que está más loco de lo que pensamos. La posibilidad de un gobierno boliviano de corte populista y su deriva radical, pone en riesgo la senda de la recuperación que tanto esfuerzo ha costado conseguir.

 La no reforma de la Ley electoral, ha sido el mayor error del PP. Su  mayoría en el Congreso y Senado le habrían facilitado, entre otros aspectos, la gobernabilidad del partido más votado: es manifiesta la primacía del Partido Popular en la preferencia de los españoles. Su torpeza les ha impedido el análisis: todos contra ellos suman una mayoría que anula la intención de los votantes, y las aspiraciones del PP, que tiene lo que propicia su falta de pericia, o de la picardía que le sobra al PSOE.

Muchos son los aspectos que han influido en la decisión de sus votantes. La necesidad de adaptarse a decisiones rápidas cuyo abandono le ha producido un penoso desgaste. O mostrarse sensible ante temas que terminan pareciendo lo que uno permite que parezcan.

Con respecto al terrorismo de ETA, evidente es su permisividad y tolerancia en el desarrollo jurídico del proceso, la torpeza evidente con las resoluciones judiciales hacia algunos de sus cabecillas más significados. Su complejo en el tratamiento electoral y político, permitiendo su incorporación al Congreso de los Diputados, con legitimidad política y jurídica, a individuos que o han sido protagonistas o cómplices en actos del más execrable terrorismo criminal. Con evidente humillación a las víctimas de ETA.

El más simple correlato de esta hipótesis es la incapacidad, acentuada por los destellos del éxito. El incumplimiento de su promesa electoral respecto a la Ley del aborto, incomprensible si tenemos en cuenta la mayoría católica de sus votantes.

La  torpeza, tolerancia, permisividad, y ceguera irresponsable ante el desafío independentista catalán, cueva de Alí Babá y los miles de ladrones, manada de sanguijuelas que han mermado las arcas del estado en un saqueo insufrible. Derroche manifiesto al que no se le ha puesto coto por la cobardía y complejo de este gobierno o, precisando, de su Presidente. Dando lugar a situaciones dantescas, de verdadera caricatura, que han humillados, sonrojado de pura vergüenza a los españoles de bien, que somos la mayoría. Y los propios catalanes que son los primeros perjudicados.

El problema de la corrupción, mal gestionada por su incapacidad de respuesta,  dando la sensación de exclusividad  cuando sus adversarios superan con creces en cuantía y variedad. Pese a que él Partido Popular ha hecho una ley para acortar los plazos procesales de los casos  de corrupción, la percepción de la opinión pública, y en general ellos mismos que ha pagado un alto precio

Y la oportunidad perdida de haber acometido las grandes reformas pendientes que necesita el Estado para acomodar el sistema a la evolución de los tiempos, en posición de ventaja con su mayoría parlamentaria y fortaleza de ánimo con respecto a la actual, disminuidos, atrincherados, acosados y noqueados por la ambición des aspirante que les ha pillado la delantera y no les deja margen de respiro. Incluso se permite el lujo de la humillación, el insulto y la descalificación, el desprecio de no querer ni hablar, en un escenificación permanente que auspician los medios de comunicación y ofendido al Presidente que todavía lo es de todos los españoles, que le ha faltado energía y autoridad para dar un puñetazo en la mesa y dejar a la parroquia en su sitio: ¡!Yo soy el Presidente y, mientras lo sea, un poco de respeto.!!.

España no se puede permitir esta situación de deterioro. La imposibilidad de llegar a un consenso pone en evidencia la irresponsabilidad de una clase política que prefiere condenar al país a una situación de provisionalidad antes de renunciar a su ambición.

El PP no puede perder la oportunidad de liderar cualquier proceso de reforma orientada a destruir los cimientos de nuestra constitución y estoy de acuerdo en que la mejor solución sería un gobierno formado por los tres partidos constitucionalistas.

Los errores se pagan. Si la autoridad moral se hubiera impuesto desde el principio, si el respeto a la norma y al reglamento se hace cumplir, si el Estado en su fortaleza exige a la Justicia seriedad en sus devaneos, si el Tribunal Constitucional cumple con su obligación y se limita a hacer cumplir la Constitución, a preservar la grandeza de a nación, la intocable unidad de España en lugar de buscar recovecos para vulnerarla. Si la dejadez y falta de autoridad no se hubiera convertido en libertinaje, hoy seríamos una nación sin complejos, respetada y respetuosa con los valores éticos, y no una caricatura insufrible.  

Aquí, en lo que fue una gran nación,  cualquier mequetrefe disfrazado de payaso –tonto o listo-,  en sus delirios un Hitler adulterado, un Mussolini noqueado, o sabe Dios qué  comparsa, se puede permitir el lujo de montar un circo, una bacanal, o una feria, y encima ser portada o noticia de apertura de los telediarios con rentabilidad asegurada.   Y mañana más.

Que nación, que no sea una república bananera, permite, con indiferencia, que una cuadrilla de descerebrados conviertan en una astracanada reiterada el centro sagrado de la soberanía nacional, donde hasta su presidente marca las cartas del juego sucio en un partidismo vergonzoso. Patxi López, que se permite la arbitrariedad de zancadillear al partido que permitió,  con su generosidad, en una legislatura anterior,  que gobernara como Lehendakari del País Vasco sin pedir nada a cambio. El agradecimiento se siente tan ligado a la honestidad, como la grandeza de un hombre incompatible con su miseria.

 Que nación que se precie permite que uno de sus territorios se proclame independiente de forma unilateral y provocadora. Utilización constante de los fondos del Estado para usos secesionistas. Puesta en escena de amenazas en cadena: se permiten excesos como la  “desconexión” efectiva, y la decisión de no atender la sentencia del Alto Tribunal. Desobediencia  permanente a las instituciones y humillación constante a un gobierno asustadizo y sin respuesta.  Y que me dicen ustedes del aspirante a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, con la impresentable iniciativa de hacerse la foto –en una pantomima estéril- con el Presidente soberanista que desafía a España con la independencia, Carles Puigdemont, en permanente provocación. Vergüenza ajena produce. Traiciona los intereses generales de su país, de sus compatriotas, por un poco de propaganda personal.

Qué nación con orgullo deja que se trate al Rey con desprecio, se humillen los símbolos de Estado –bandera o  himno nacional-, con el beneplácito de la Audiencia Nacional, Tribunal Constitucional, y desprecio de todos los que nos sentimos honrados de ser ciudadanos de España.

Si los dirigentes de una Nación, no son escrupulosos en preservar la dignidad, la exigencia del respeto mutuo, el buen gusto y la educación, el honor y la grandeza que es sinónimo de prestigio, el cuidado exquisito de conservar que tus derechos empiezan donde terminan los míos, el respeto a las creencias -las tuyas y las mías-, y  la “limpieza” de los territorios -no hagas mal donde convivas-, habremos convertido el espacio común en una selva  donde el más fuerte en apariencia, hábil en la práctica,  impondrá su cainismo, el caos y la anarquía.

La astucia, el artificio, y toda clase de añagazas son los aperos  con que el político de hoy se adorna. Esta es la sensación del ciudadano de a pie. La avaricia, el poder, el dinero, las ansias de ser y tener, el yo, que se conjugan a través de la falta de solidaridad hacia los más desfavorecidos -ocultos tras su burda demagogia-, será el revulsivo que propiciara la revolución pendiente. La desolación, el hambre y la indigencia son mayoría universal, lo estamos viendo. La resignación tiene un límite, y la desesperación un principio que conduce al  final imprevisible. En los días actuales la crisis, el paro, la relatividad en los principios, conforman los mimbres con los que se está tejiendo nuestro futuro. Conviene no olvidarlo. La vuelta a los viejos valores es lo único que nos puede salvar.

Elblogdepacobanegas  24 de abril 2016

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