Copyright 2018 - Custom text here

Ni un paso atrás

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

 

 

 

Ni un paso atrás 

Cuando la agresión a las leyes se convierte en sistemática es imprescindible la contundencia  

La campaña ha iniciado ya, la atmósfera de precampaña es evidente. 

Oriol Junqueras liderará la lista de Esquerra en los comicios al tiempo que propone a Marta Rovira como futura presidenta de la Generalitat si ganan las elecciones  con mayoría suficiente. 

El PDECat concurrirá con nuevas siglas: Junts per Catalunya, con Carles Puigdemont como cabeza  de candidatura haciendo campaña desde Bruselas, pero con una salvedad, reconociendo que hay otra salida para Cataluña que no sea la independencia. 

 

Todo parecía pensado, planeado, medido y, finalmente, ejecutado. Se puede cuestionar todo menos su capacidad de estrategia. Puigdemont y sus adláteres han conseguido internacionalizar la cuestión catalana introduciendo una bomba de relojería que, incluso, amenaza al proyecto europeo, pone  en juego el prestigio de la justicia belga y española -que tanto como decir el Estado de Derecho,  creando un conflicto entre ellas-, y lo más miserable, el empeño de conseguir un respaldo internacional a sus delirios soberanistas con la increíble apuesta de medios de comunicación dispuestos a dar pábulo a esa basura. La mayoría de los comentarios publicados estos días en los medios de comunicación belgas muestran una tendencia sesgada cuando se refieren a la cuestión catalana. 

De los 166 países que The Ecmist establece con mayores índices de democracia, España aparece en el número 16 y uno de los países que más ha avanzado en desarrollo de libertad y respeto. Bélgica está en el puesto 35, por lo que cabe preguntarse por qué algunos elementos de la clase política belga se permiten poner en duda la calidad de la democracia española. Carles Puigdemont, que ha buscado protección en este país para tratar de eludir la justicia española, ha olvidado que Bélgica, aparece en el furn de cola de los países europeos en términos de ética pública y un país poco ejemplar para dar lecciones de democracia, se mueve en la ambigüedad de los miembros de su Gobierno a la hora de opinar entre ellos diciendo una cosa y la contraria. Pero la evidencia pondrá las cosas en su sitio.  Ambos países pertenecen a la Comunidad Europea y esto obliga a guardar las formas. El primer ministro de Bélgica, Charles Michel, ha dicho en la comisión de interior del Parlamento federal que Carles Puigdemont es un ciudadano europeo que debe responder por sus actos. Con derechos y obligaciones, y que en su opinión donde hay una crisis política es en España, no en Bélgica Por tanto su único interlocutor es el Gobierno español. Sin embargo la práctica obliga a poner estas afirmaciones en cuarentena, no sería la primera vez que el señor Michel cambia de opinión en el transcurso de una semana. 

En todo caso. España, como Estado respetado en el mundo, tiene la obligación de defenderse sin miramientos de quien se ha propuesto extinguirla. La paciencia y la prudencia deben tener un límite. Cuando la agresión a las leyes se convierte en sistemática es imprescindible la contundencia. A sí lo ve la Audiencia Nacional al considerar vigente el riesgo de que los líderes independentistas sigan adelante con su plan a pesar de la intervención de la Generalitat con la aplicación del 155. Ratificado por la Sala de lo Penal que confirma el encarcelamiento en un claro respaldo a la juez del caso, Carmen Lamela, por el riesgo de reiteración delictiva. 

En este punto esencial no valen ambigüedades. El independentismo no solo se crece sobre las ideologías moderadas incapaces de combatirlo, sino que se enardece y multiplica si el peso de la justicia no cae sobre los infractores cuando,  saltándose la ley y la Constitución, pretenden romper, nada menos que la unidad de España, inventándose una versión  de la historia a la medida. Su falacia no tiene límites. No se trata de posición táctica sino de una cuestión de principios.  Su insulto a la inteligencia llega a tal extremo de manipulación como la de tildar de presos políticos a Junqueras, los “Jordis” y demás políticos encarcelados, y pretender  que un atentado de sedición sea considerado un rifirrafe político de conveniencia  cuando es un acto de alta traición. Se han saltado el código penal con la impunidad de una república bananera, han llegado a la rebelión, sedición, malversación, prevaricación... y más,  en una España democrática que les permite estar donde están en aras de un soberanismo de conveniencia y pretenden que las decisiones políticas estén por encima de las leyes. Eso dice, entre otros, el líder de la oposición Pedro Sánchez en su manifiesta ambigüedad: El código penal no va resolver el problema político.  Yo creo que sí, ha puesto un poco de orden en la rebelión separatista. Por lo pronto el 155 ha servido para iniciar la vuelta a la normalidad de la vía administrativa, cesar al Gobert de Puigdemont, disolver el Parlament y convoca elecciones autonómicas el 21 de diciembre. No obstante sigue el riesgo de secesión, puesto que grupos organizados siguen llevando a cabo actividades de colaboración activista dirigidas a lograr fuera de las vías legales  la independencia  de Cataluña. 

La campaña ha iniciado ya, la atmosfera de precampaña es evidente. El adelanto electoral trastoca los planes del independentismo forzado por la proximidad del 21-D y  el órdago de restablecer el Estado de Derecho: Junts pel Sí ya no existe, ERC y la CUP participarán en las autonómicas pese a que dieron su palabra de no volver a hacerlo, y el PDECat esconde sus siglas en Convergencia Democrática de Cataluña bajo el nombre de Junts per Catalunya que pretende liderar el prófugo Puigdemont. El galimatías está servido. CatComú rompe su alianza con Podem tras la purga de Dante Fachin. La alcaldesa Colau evita el control de Madrid y rompe el proyecto estatal con Podemos. Quiere más protagonismo a costa de lo que sea. La forzada dimisión de Fachin y de su ejecutiva, Podem, integrada en una candidatura conjunta con los comunes, se ha convertido en una especie de pata secundaria de Catalunya en Comú. El descaro de Podemos y los tuits de su líder, Pablo Iglesias, imitando a Maduro: se han entregado en brazos de los golpistas en el intento de acabar con el régimen constitucional del 78. En definitiva, el PDECat concurrirá con nuevas siglas: Junts per Catalunya, con Carles Puigdemont como cabeza  de candidatura haciendo campaña desde Bruselas, pero con una salvedad, reconociendo que hay otra salida para Cataluña que no sea la independencia. Ya no importa lo dicho o lo hecho si a cambio hay una salida personal. Oriol Junqueras, en prisión, también se la está pensando: de un momento a otra saldrá diciendo que jura la Constitución, por lo pronto se ha distanciado del apestado fugitivo y concurrirá como número uno por ERC que incluye a la escisión UDC, moderando su discurso para atraerse al votante  soberanista no independentista. Al mismo tiempo guarda la ropa: liderará la lista de Esquerra en los comicios al tiempo que propone a Marta Rovira como futura presidenta de la Generalitat si ganan las elecciones  con mayoría suficiente. Su condición de imputado por rebelión y la situación de prisión preventiva, hacen prácticamente imposible que pudiera ejercer como presidente. Aquí todo el mundo pide respeto internacional al tiempo que se humillan cuando las cosas van mal. De una forma o de otra la catástrofe catalana seguirá aunque ello conlleve el definitivo empobrecimiento de la región, siempre que los golpistas puedan continuar con sus manipulaciones espurias.  “Disputados” cómo Rufian o Tardá, por ejemplo, se les ha llenado la boca de bravuconadas (más bien payasadas) pero ninguno ha renunciado  a la moqueta y al sueldo.  

El frente constitucionalista empieza a agrietarse por la felonía de los jefes socialistas, el PSC es en la práctica un partido nacionalista y la lealtad de Sánchez al Gobierno ha durado poco menos que un suspiro, culpando a Rajoy de no hacer nada. A mi juicio la reacción ha sido tardía, pero me gustaría saber qué han hecho ellos y que van a hacer en el futuro, aunque me lo imagino. Por lo pronto Miquel  Iceta, candidato de los socialistas a presidente autonómico  (es de suponer que con la complicidad de Sánchez) intenta recuperar la bandera del catalanismo y el desgaste que les ha supuesto la aplicación del 155, incorporando a Unist –heredero de UCD- por aquello de   poner una vela a Dios y otra al diablo por lo que pueda  ocurrir. De hecho, no se entiende su rechazo frontal a los  independentistas y por otra pare apoya a alcaldes del ERC y PDEcat, o es sostenido por independentistas en una veintena de alcaldías relevantes de Cataluña. El discurso socialista vuelve a ser preocupante y contradictorio. 

Por otra parte,  a falta de dos días para cerrar las listas, ayer se conoció que la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, irá como número cuatro en candidatura por Barcelona encabezada por Junqueras y Rovira.   El contraste cómico está  en que mientras Puigdemont afirma en Bruselas estar dispuesto a dirigir la Geralitad por internet con un gobierno en el exilio, Carmen Forcadell que como presidenta del Parlament arengaba a las masas con mano de hierro en la declaración de independencia y la proclamación de la Republica catalana y que se negó a considerar las advertencias  de sus letrados y a admitir las protestas de ilegalidad de la oposición, ante la evidencia de prisión incondicional sin fianza y una prolongada  estancia en el trullo el “canguis” se apodera,  baja de su arrogancia, deja en la estacada a sus compañeros de viaje –Junqueras y demás miembros del Gobert en prisión-  que comían de su mano, y jura a su señoría del Supremo que no, que no, que la declaración de independencia era un ensayo de festivales, una broma para inocentes, que su número de la suerte es el 155 y la Constitución su libro de cabecera, que jurará la bandera española en la próxima Hispanidad....   

El problema es muy serio como para tomarse a guasa la impostura de las plañideras del separatismo. Antes de que la ley quede restaurada en toda España habrá que aguantar momentos tristes y duros. Pero lo cierto es que la rebelión en Cataluña va a condicionar las elecciones del 21-D con un sesgo de plebiscitarias y de forma definitiva el resto de la legislatura más convulsa de la democracia. 

16 de noviembre 2017 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Buscar

f t g m