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NUESTRA SOLIDARIDAD CON LOS ATENTADOS DE BERLIN

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EN ESTE DÍA DE TRISTE RECUERDO, LA BRUTALIDAD CON LA QUE SE PRODUCEN ESTAS MATANZAS PONEN DE MANIFIESTO LA INDEFENSIÓN DE LA POBLACIÓN. EL MUNDO ESTÁ CAMBIANDO A GRAN VELOCIDAD Y LOS DESAFÍOS SON MUY COMPLEJOS.

Eran aproximadamente las ocho de la tarde del lunes y el mercadillo de Navidad del popular Kudamm berlinés, en una de las principales zonas comerciales de la capital alemana, disfrutaba de sus horas puntas del día.

En Berlín los mercadillos navideños son muy tradicionales y populares en estas fechas, los ciudadanos se pasean por el mercado de su barrio al salir del trabajo o de las escuelas para comprar artesanía de Navidad, o tomar unas galletas con vino caliente (Glúhwein), en una zona donde además se pueden escuchar villancicos. Un camión con matrícula polaca que circulaba por la Avenida Buda-pesterstrasse aceleró antes de embestir contra la multitud que transitaba por la amplia acera causando, en un balance inicial, 12 muertos y medio centenar de heridos, un brutal ataque que busca aterrorizar a la población alemana en plenas fiestas navideñas, y crear el pánico en Europa.

El atropello masivo, calco de la matanza en la ciudad francesa de Niza, despertó anche todos los temores de las semanas anteriores expresadas por los servicios de información sobre la comisión inminente de un atentado en una capital europea. Las autoridades alemanas había evitado hace unos días que un muchacho de doce años –alemán de origen iraquí- cometiera un atentado con bomba en la localidad alemana de Ludwigshafen. Fue el primero ocurrido en estas fechas relacionado con un grupo de Daesh. El pasado 26 de noviembre, el joven colocó un bote de cristal con una mezcla altamente explosiva, pero el detonador no funcionó. Al parecer el niño estaba muy radicalizado y había sido instruido por un miembro desconocido de Daesh, lo que pone de manifiesto la indefensión a que estamos sometidos los ciudadanos de mundo occidental, donde en cualquier escenario puede surgir la sorpresa o, peor, el terror. La escena vivida ayer en Berlín recuerda lo ocurrido en Niza. El terrorista disparó derribando a todo el que pasaba por allí hasta matar a 86 personas y más de un centenar de heridos. El vehículo se dirigió a toda velocidad hacia la playa done familias con niños escuchaban los ritmos de una orquesta. Algo parecido a lo de ayer en Berlín.

Presa del pánico, la multitud se dispersó entre carreras y gritos refugiándose en las instalaciones de centro comercial Bikini Berlín y algunos viandantes aterrorizados irrumpieron incluso en las salas del cine Zoo Palast, huyendo despavoridas. El mercadillo de Navidad cuenta con vigilancia policial desde las 24 horas del día, por lo que desde el primer momento hubo agentes de policía tratando de ordenar el caos.

El camión fue robado ese mismo día y parece ser que tenía una matrícula falsa. Fue sustraído en una obra de Polonia e iba cargado con vigas de acero. En el impacto se llevó por delante varios puestos de artesanía y terminó empotrado contra la pared del fondo arrollando todo lo que encontraba a su paso. Sobre Berlín pesa una alerta terrorista durante la semana de adviento y las fechas navideñas. Tres atentados en el mes de julio forzaron al gobierno a impulsar una nueva política de seguridad, pero las autoridades habían recomendado a los berlineses hacer vida normal. Anoche, sin embargo, la recomendación a la población era permanecer en sus casas y seguir las instrucciones que fuesen comunicando a través de los medios y redes sociales.

La confirmación de que el atropello masivo fue un atentado ha aumentado la presión sobre la canciller Angela Merkel sobre todo después del desconcertante proceder de la policía alemana dando por hecho que el refugiado paquistaní detenido en principio era el autor de la masacre para después ponerle en libertad. La policía reconoce que persiguió a un individuo, pero se le escabulló y acabó atrapando a la persona equivocada. Lo que parece incontrovertible es que el conductor polaco del camión fue asesinado a tiros y su vehículo introducido deliberadamente en la zona peatonal para causar el mayor número posible de muertos. El atentado fue revindicado por Daesh a través de uno de sus canales de propaganda.

Angela Merkel convocó un gabinete de crisis apenas se conoció la noticia y la cifra de víctimas. Los hospitales cercanos adoptaron el protocolo de catástrofe y a ellos fueron trasladando los heridos. Inmediatamente el tráfico fue cerrado en un área de dos kilómetros a la redonda. Horas antes, en Turquía se había producido el asesinato del embajador ruso en Ankara, un crimen de consecuencias imprevisibles por la reacción que pueda desatar Moscú contra el terrorismo islamista, principal sospechoso de este asesinato.

La de ayer fue otra jornada negra en el calendario terrorista, y los grupos islamistas buscarán aumentar la intensidad y el número de sus atentados, a medida que vean reducida la expansión territorial en Siria e Irak. Por eso vuelve a ser urgente una posición común europea mucho más ambiciosa dentro y fuera del suelo común. Es imprescindible la derrota militar de Daesh y de las facciones de Al Qaida, sin olvidar el frente de Sahara. Mientras el islamismo tenga dominio territorial y recursos económicos, seguirá nutriendo su red de importación e importación de terroristas.

Nos tenemos que acostumbrar a vivir con esta zozobra, toda Europa vive en estado de alerta que, como estamos viendo, no necesitan gran preparación, solo robar un camión. Vienen a por nosotros, todos por ser un terrorismo global, y para rato pues la impotencia está calando de forma subliminar en la mente de todos. En este caso, las consecuencias de otra masacre para Alemania y Europa sería otro atentado porque la vida para muchos alemanes, franceses o europeos en general, no es normal y los gobernantes temen que cualquier día otro atentado islamista tenga mayores consecuencias. La sociedad se autocontrola, pero no es una sociedad serena, los políticos saben que está en juego más que su propio futuro.

21 diciembre 2016

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