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JODER, QUÉ TROPA

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ESPAÑA CONDENADA A LA IRRESPONSABILIDAD DE SUS POLÍTICOS 

La posible investidura de Rajoy ya no está condicionada por las necesidades y urgencias del país, sino por las conveniencias de partido. Así es la política y este es el panorama en el que estamos sumidos. España yo no es que sea diferente, todo lo contrario, cada vez se parece más a los países bananeros, ahora somos iguales o peores. Todo evoluciona, y nosotros a marchas forzadas hacia el desastre y la desolación.

Y nada más lejos de aparecer como catastrofista, los datos mandan y se imponen, y nosotros que cuando nos ponemos obtusos alcanzamos el oro del esperpento, hemos llegado a la cima de la crispación visceral, al odio  sin razonamiento, al enfrentamiento de trinchera de triste recuerdo del que muchos sufrimos las consecuencias, estimulado por la ceguera ignorante, oportunista, que impide ver el bosque y los peligros que pueden surgir en la oscuridad del descampado. ¿Alguien sería capaz de ofrecer un argumento que apoye la creencia de que los partidos y sus políticos tienen como prioridad el conjunto de los españoles o la grandeza de su nación, y no sus conveniencias personales, sus ansias de revancha, su ceguera institucional, su miserable  talla política?. España se ha convertido en el gran circo de los “Miliquitos”. Bueno, ya quisiéramos. Se impone desmontar la carpa, cerrar por derribo, iniciar un nuevo proceso con otros protagonistas, quizás los antiguos con experiencia que a pesar de que en su época nos parecieran malos, el tiempo está demostrando que cualquier tiempo pasado fue mejor: Otro vendrá que buena me hará. Qué sabio es el refranero español. 

Se aproxima el apocalipsis, una nueva generación de atilas que amenaza con destruir el mundo, auspiciado por los populismos de incansable agitación ideológica radical, de mente distorsionada, que incitan al odio  totalitario incorregible  y violento. Para qué sirven los ejemplos. Los peligros de las consultas irresponsables, cuyas consecuencias nos envuelven y amenazan con no sé cuántas plagas: el ejemplo más cercano lo tenemos en el  Brexit británico, entregado a la versión dura que preconizan sus representantes más eurófobos, que ha convertido en caricatura a un país puntero de la Unión Europea, hoy en  regreso a la prehistoria. El Reino Unido es un gran país, pero hace mal en seguir soñando con el aislamiento, porque ya no puede financiarlo sin dolor para sus ciudadanos; el populismo tiene estas contradicciones que tanto afectan a la socialdemocracia. El terrorismo Yihadista que avanza en clara expansión incontrolada sobre el que hay que tomar decisiones drásticas. El irresponsable enfrentamiento entre naciones hermanas con consecuencias inhumanas que soportan millones de refugiados –rechazados como pelotas de pin pon- a los que ya no les queda ni el recurso de la solidaridad. El descenso del nivel de vida y la pobreza en gran parte de la población, mientras vemos desfilar por los juzgados a verdaderos batallones de políticos -pillados con las manos en la masa-, intentando, con un descaro que insulta la inteligencia, justificar sus devaneos, falta de pudor y desaprensión, el derroche en suntuosos gastos, el compadreo y la desvergüenza impropios de una nación civilizada. La caricatura en que se ha convertido la Unión Europea, en la que cada vez “pintamos” menos, una organización fantasma que exige reinventarse, refugio de fracasos y jubileos, intercambio de favores al amigo o conocido,  amigo del amigo o miembro de partido hermano, admitido o criticado  con el mismo descaro que se censura, escudándose en una escrupulosidad que se nos antoja insólita, a otros en el mismo caso  del bando contrario.  

Y podríamos seguir mostrando el desolador panorama que ofrece el país y del que nadie se hace responsable. Tras el escándalo  protagonizado por el Partido Socialista, otra vez vuelta a las andadas, a lo suyo. ¿Y lo mío, y lo de mi vecino de enfrente, y lo de los millones de parados que necesitan un empleo, y lo de los millones de familias que no llegan a final de mes o no pueden afrontar los gastos en la formación de sus hijos, y lo del padre de familia que lo despojan de su vivienda porque no da más de sí y cuando mira al televisor, si es que lo tiene, soporta la vergüenza de la injusticia: ver con impotencia como esta recua de desaprensivos derrocha a manos llenas en lujos y caprichos,  desvía  maleteros de billetes con destino a paraísos fiscales, con la impunidad que les ampara financiar importantes despachos de abogados que enredan la madeja del compadreo y ayudan a blanquear unos recursos que podrían alivien la desgracia de una buena parte de la población; y ... y...? O se afronta abiertamente el problema de la desigualdad o vamos a tener serias dificultades sociales. 

De la noche a la mañana las prisas por formar Gobierno pasan por esperar a que el PSOE  se tome un orfidal y cuando haya calmado su excitación acepte la investidura con una simple abstención, completa o parcial, sin más avales. Estoy seguro de que Rajoy asiente y lo dice con la boca pequeña, el cuerpo le pide tripitir” pero no estaría bien visto, le podría salir el tiro por la culata. La convicción la tiene, una repetición le podría proporcionar una mayoría más cómoda. La política es el juego de parecerlo, no de serlo; se supone, por tanto, lo que bastaba hace un mes no puede resultar ahora insuficiente para un político responsable. En cualquier caso Rajoy no tiene más que esperar, y es evidente que está dispuesto a hacerlo a pesar de la urgencia que ha venido reclamando. La destitución de Sánchez ha conducido al PSOE a una alternativa letal entre abstención y elecciones, en la que saldrá malparado en cualquier decisión que tome. En sus cortas luces, el líder caído ha dejado a sus sucesores maniatados. 

 En la reunión mantenida por Mariano Rajoy con Javier Fernández, presidente de la Gestora socialista, ambos coincidieron en la necesidad de buscar una solución al bloqueo, pero el político asturiano pide tiempo. Tiene a todo el PSOE sublevado y necesita calmar los ánimos. Rajoy no quiso entrar en valorar qué ocurriría si tras la investidura el PSOE bloquea los  Presupuesto: España seguiría paralizada. El problema seguiría siendo el mismo. Si el presidente de la Gestora socialista advierte abiertamente que no facilitarán la gobernabilidad el nuevo Ejecutivo nacería muerto, maniatado para emprender soluciones,  y más pronto que tarde se vería obligado a disolver y convocar nuevas elecciones. De nada sirve una investidura en noviembre si el 15 de enero el Gobierno está  bloqueado´. Por tanto, díganme qué diferencia hay entre una cosa y la otra que no sea perder un año  mareando la perdiz sin poder afrontar las decisiones que son urgentes. El problema no tiene solución, el PSOE  no está en condiciones de facilitar normalidad para emprender los problemas urgentes e imprescindibles porque sus luchas internas son a muerte y los razonamientos imposibles. El odio que destilan impide cualquier razonamiento lógico, los peligros de desintegración y la visceralidad de sus cuitas produce el anacronismo y su contrariedad, no quieren terceras elecciones por el riesgo de una bajada votos casi a nivel testimonial, y por otra parte proclaman el NO a riesgo de saltarse a disciplina de voto, en el caso de que nueva Gestora opte por una decisión responsable. Con estos compañeros de viaje, en situación tan esperpéntica, sería pan para hoy y hambre para mañana. Los socialistas siguen con su particular desgarro a cuenta de lo sucedido en el Comité Federal, por lo que la situación del PSOE es delicadísima: si se abstienen pueden provocar una división interna, y si no lo hacen y van a nuevas elecciones tienen que afrontar el problema de que no disponen de candidato. Lo que lleva a cierta esquizofrenia. Es evidente que un partido que se mueve a bandazos está imposibilitado para tomar decisiones de Estado. La guerra fratricida  del sábado de triste recuerdo en Ferraz perdería su sentido si no era para evitar nuevas elecciones (o impedir  el gobierno del cambio con populistas e independistas, que ahora nadie menciona para templar “gaitas”) 

El error más grave del PSOE radica en querer parecerse a Podemos, que el electorado tradicional ha castigado en las urnas de forma notable, elección tras elección, mientras que el PP ha permanecido subiendo en votos y escaños de forma sensible. El votante se ha inclinado por la opción menos mala ante la deriva sin rumbo del Partido Socialista, la radicalización de su militancia, y la alocada torpeza de Pedro Sánchez por ser investido presidente contra viento y marea, sin que en ningún momento le hayamos oído una propuesta de solución a los problema sociales, o como acabar con el paro, por ejemplo. Odio a Rajoy, y servir de fantoche a Pablo Iglesias, es todo lo que ha sabido mostrar como credenciales. O sus puestas en escena que podríamos utilizar como chiste si la situación no fuera tan dramática. 

Seguir formando parte esencial de la arquitectura institucional de España o alinearse al lado de los que quieren demolerla, ha sido el gran reto del sector más responsable del PSOE para definir en qué territorio quieren situarse. Pedro Sánchez cayó de pleno en el error de utilizar este peligroso camino como único argumento para llegar a la Moncloa, y lo habría conseguido de no ser por la enérgica intervención de los barones fieles a la antigua vocación de partido de Estado. La tarea del próximo liderazgo –suponiendo que el PSOE logre sobrevivir-, es la de devolver al partido su posición de fuerza estructural y ensancharla dentro de un programa reformista moderado. Fernández encarna, aunque sea de modo transitorio, a ese otro PSOE de la moderación, alejado de la tentación independentista, que podría devolverle la credibilidad y las credenciales de partido fiable, de las que tan alejado esta desde que se ha convertido en la muleta humillante de Podemos; que por otro lado es un partido que no ofrece otra cosa que inseguridad y frustración, tanto o más roto que el PSOE, con claras desavenencias entre sus dos líderes de  cabecera: Iglesias y Errejón, un ala radical y otra contemporizadora. El pulso entre ellos no acabará hasta que uno de los dos caiga, teniendo el segundo todas las de perder, aunque con más razones. Este es el partido que pretende liderar la gobernabilidad de España con planteamientos de extrema izquierda radical y procedimientos ensayados en Venezuela a la que han asesorado y exprimido. La pasividad de las instituciones españolas ha alimentado al monstruo que ahora nos amenaza. No solo  ha fagocitado al  PSOE, al que considera un partido acabado, lo utiliza como trampolín para ir ocupando, con evidente torpeza del exsecretario general y sus “mariachis”, las principales instituciones territoriales de España, que la nueva ejecutiva no se atreve a corregir –a pesar de haberse deshecho de Sánchez-,  por los peligros de confrontación en los diferentes territorios del Partido Socialista, a pesar del ofrecimiento del PP para darle estabilidad incluso en los casos en los que tienen mayoría.  

Solo hace falta voluntad, sentido común y cierta inteligencia, que naturalmente no existe, es obvio, para un pacto entre las fuerzas políticas institucionales y  enviar al desván de los inútiles a las fuerzas populistas que condicionan la política  de las grandes ciudades españolas. Sentido de Estado para emprender la estabilidad de España, con un Gobierno fuerte y consensuado que, con equilibrio de pactos, emprenda los grandes retos que amenazan con destruir este país. 

elblogdepacobanegas 11 de octubre 2016 

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