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España necesita urgentemente un nuevo Gobierno

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Es prioritario despejar la investidura y acabar con la incertidumbre política cuanto antes. Los acuerdos alcanzados entre PP y Cs, para la constitución de la Mesa de la Cámara, garantizan la convivencia en base a unos valores compartidos. Ana Pastor, como Presidenta del Congreso, cumple todos los requisitos y tiene buena experiencia

El reparto de la Mesa del Congreso es un juego de equilibrio, de fuerza, que queda más o menos lejano del interés  de la opinión pública. Sin embargo para los partidos políticos supone una estrategia de posiciones, un ejercicio de ajuste fino que proporciona indicadores fiables sobre los rasgos de la legislatura.  

Los acuerdos alcanzados por Rajoy y Ribera en la mesa del parlamento han sido esenciales para romper el bloqueo surgido tras el 26-J. El Partido Popular ha logrado que Ana Pastor sea la Presidenta del Congreso de los Diputados en la duodécima legislatura después del acuerdo alcanzado con Ciudadanos a cambio de que el partido de Ribera cuente con la Vicepresidencia de la Cámara y otro puesto de la mesa, pese a que no  tenía derecho a ninguno de los dos cargos. Con ese reparto PP y Ciudadanos se garantizan  la mayoría en el órgano rector del Congreso. El PSOE se descolgó de ese pacto desde el inicio y presentó su propio candidato Patxi López. Mientras que Podemos propuso a Xavier Doménech. 

Fue Rajoy el que cerró el pacto  por teléfono con Rivera, con una llamada de teléfono. El nombre de la candidata a presidir el Congreso era difícilmente rechazable. Ana Pastor es una propuesta incontestable por su rigor y honestidad. Ya fue vicepresidenta segunda del Congreso cuando José Bono era presidente y conoce bien los resortes de la institución ante una legislatura que puede ser especialmente difícil. Se destaca de ella que tiene “mano de hierro” para guiar los debates y guante de seda para dialogar, buena gestora e inmaculada trayectoria de Gobierno. 

En el Senado habrá continuidad y será Pío García Escudero quien vuelva a presidir la cámara Alta, con el apoyo de la mayoría absoluta del PP. La dirección de los grupos se mantendrán, con Rafael Hernando y José María Barreiro como portavoces. El control del Senado es especialmente importante cuando puede formarse una mayoría distinta en el Congreso, ya que tiene capacidad para bloquear una reforma de la Constitución, pero también para poner en marcha el artículo 155 de la Carta Magna, el de la suspensión de una autonomía. 

A partir de la constitución hoy del Congreso, y el Senado donde el PP goza de mayoría absoluta, se reabre la incógnita de la investidura, a la que Rajoy duda si acudir en la primera semana de agosto si no tiene garantizada la abstención del PSOE. El acercamiento entre PP y Cs podría servir para que este partido transformase su prevista abstención en la investidura en un voto favorable. El acuerdo  del PP y Cs podrí fructificar si no se produce la alianza alternativa de última hora entre Podemos, el PSOE y los independistas, no descartable dada la ambición sin límites de Pedro Sánchez. El sector crítico del PSOE sostiene que Sánchez lleva al partido al abismo porque al no aceptar que gobierne con los independistas abocará a España a unas terceras elecciones el 27 de noviembre. 

Pero en realidad todo depende del agrio debate interno en el PSOE sobre la sucesión de Sánchez y su denodado afán por mantenerse a flote a toda costa. Por eso no es descartable que quiera actuar a la desesperada abocando a Rajoy a una investidura fallida para después  presentarse él como única opción posible para evitar una nueva cita con las urnas. Pedro Sánchez, con su alocada e infantil locura se ha convertido en el enemigo público número 1 del Partido Socialista, da por hecho que Mariano Rajoy va a ir a esa primera investidura los días 2 y 3 de agosto –la segundo  votación si es necesaria, sería el 5-, que pondrá en marcha el reloj. Mucha estrategia, pero no se aclaran entre ellos. El segundo partido de España, que ha gobernado 23 años, y sigue siendo imprescindible, anda perdido y sin brújula, sigue sin poder despejar su futuro ni el de los españoles.   

En este intento de desbloquear el 26-J. Lo que se dirime no es la ejecución de un programa político con concesiones a quien preste votos afirmativos o abstenciones, sino un pulso desgarrado entre ganadores y perdedores. Los primeros para gobernar aunque sea con la exigua minoría de 137 escaños en una legislatura repleta de zancadillas. Y lo segundo, para tratar de sobrevivir a las purgas internas cuando el sector corrector de los fracasos electorales ponga en marcha su cruda maquinaria. 

Consiga o no salvar la cara Sánchez el PSOE tiene la obligación moral de ceder. Primero porque Rajoy tiene 52 escaños más que los socialistas, y segundo porque cualquier intento de formar gobierno bajo el chantaje de Podemos y los secesionistas sería demoledor para España, y para el PSOE aunque Sánchez se niegue a verlo. Por tato ante el proceso de investidura pueden hacer una de estas tres cosas, permitir que gobierne el PP como ha sido el mandato de las urnas, intentar gobernar ellos con podemos o forzar nuevas elecciones lo que representaría una irresponsabilidad y  el suicidio del PSOE, Sánchez incluido. Al socialismo no le queda otra determinación sensata que hallar el modo más decoroso  de seguir el consejo de Felipe González, Borrel, Bara, Leguina y otros miembros destacados de partido y lograr contrapartidas que compensen el desgaste de una decisión antipática de facilitar un gobierno del PP. Sería una oportunidad de oro para emprender las grandes reformas que necesita España y los españoles. El Gobierno sabe que tendrá que ceder y se muestra dispuesto a ello. El problema es que Sánchez no solo busque una salida para el partido sino para sí mismo. Es la eterna sugestión del poder que, derrota tras derrota, nunca le ha abandonado. Su ambición esta por encima del bien y del mal. 

Ciudadanos debería rectificar y plantearse respaldar sin matices la investidura de Rajoy para encajonar al PSOE y situarle ante la tesitura de mover ficha definitiva lo antes posible. El PSOE debe aceptar su sitio en una oposición exigente y dialogante en los asuntos de Estado, al tiempo que reconstruye su propio proyecto como alternativa de Gobierno. En lugar de debatir en qué puntos hay que modificar la reforma laboral, como asegurar las pensiones, cambiar el sistema educativo, reformas estructurales que eviten duplicidad y alivien el gasto,  un gobierno fuerte que haga frente a la amenaza terrorista del yihadismo, la desigualdad social que le va a propiciar más de un dolor de cabeza, lograr que la Unión Europea se humanice, las respuestas de los Rivera y Sánchez se limitan a criticar al PP  por decisiones pasadas, obviando el mandato del electorado que de forma contundente ha decidido que sean los populares los que sigan en el mando. 

 España necesita pactos, no retórica. El electorado está artos de políticos que solo piensan en los sillones. Rajoy cree que la puesta en marcha  del Congreso provocará el arrastre que le de la oportunidad de ser elegido por la sencilla razón de que a alternativa son unas nuevas elecciones. La pregunta está en si podrá gobernar con una minoría de 137 escaños, Rajoy lo cree por tres razones, primero, porque ve a la oposición fragmentada, incapaz de formar gobierno. Segundo, porque Ciudadanos parece estar dispuesto a apoyar la puesta en práctica de las reformas que el país necesita. Y tercero, porque se espera una durísima negociación con Bruselas que no admite más demoras y hay que ponerse a trabajar. España necesita un Gobierno, y a la mayor celeridad posible.  

elblogdepacobanegas 20 de julio 2016  

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