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“España Cañí”

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Cataluña a la deriva y el país hacia las terceras elecciones, si un poco de cordura no se impone en los líderes políticos, en contraste con el coraje y altura  democrática que los españoles han ofrecido a mundo.  

La ronda de contactos entre el Rey y los líderes políticos terminó ayer sin  ninguna solución inminente para la formación de Gobierno. Tras aceptar el encargo del Rey, sin fecha de investidura, Rajoy traslada la presión en quienes habían confiado en que no la rechazaría.

Le va a servir para ganar tiempo y marcar territorio frente a Ciudadanos que le puede dar fuerza suficiente para gobernar. El PP sabe que si consigue los votos de Cs, unidos a sus 137 escaños, ya dispondrá de una cifra de apoyos suficientemente amplia -170- para que el PSOE pueda cuestionarse su no y cambiar por una abstención.  Un escenario de terceras elecciones, que todos dicen no querer,  o una alternativa endemoniada por la izquierda que encabezaría Sánchez sumando tirios y troyanos.  Pedro Sánchez ha dejado claro que no descarta su investidura una vez que Rajoy fracase. Hay inquietantes indicios de que España puede estar en el umbral de un batacazo político y económico, lo que no parece importar demasiado a ninguno de los contendientes en los trapicheos de estor meses, con una dosis de egoísmo y mezquindad, falta de patriotismo que se ha apoderado de estos políticos de indudable bajo perfil. El más bajo jamás conseguido en la historia de la democracia española. Y no hay otra forma de interpretarlo, los electores han hablado con suficiente contundencia, quieren que gobierne el PP y los demás partidos a la oposición. Pero no parece que lo haya entendido, lejos de facilitar un gobierno que afronte los grandes retos que piden urgencia, le han cerrado cualquier vía de negociación al negarle de antemano todos los acuerdos, y a continuación le reprochan su incapacidad para recabarlos. El inmovilismo no hace sino incrementar el descrédito ante una ciudadanía sumida en el hartazgo. Como podemos observar entre desplantes, aspavientos, urgencias de listillos y picaresca de trastienda, quienes encarnan las instituciones de la soberanía nacional solo están dispuestos a elegir entre la ética de la visibilidad y la ética de la duración. 

El PSOE se muestra firme en no  negociar nada con el PP porque su rechazo a la investidura de Mariano Rajoy es firme y no piensa cambiarlo por una abstención. Pedro Sánchez está decidido a enfrentarse a las críticas de su partido, aun a riesgo de provocar un cisma interno de imprevisibles consecuencias, para proponerse como alternativa cuando la situación de parálisis se haya tensado tanto que el líder socialista aparezca como único remedio para eludir nuevas elecciones. El PSOE cae en picado. Los españoles han dejado de votarle porque quieren a su país y les repugna que en lugar de cerrar filas para proteger a España lleva dos lustros dando cuartada a los separatistas. 

Hasta hoy y desde el 20 de diciembre no existe un mínimo de responsabilidad institucional entre los perdedores. Más de medio año de interinidad en el que no se han movido las posiciones en el Congreso, ni han sido capaces de cerrar la crisis más larga de nuestra democracia. Ahora ampliada con el estallido de una nueva carga de profundidad que es el nuevo paso a la sedición de una clase política golpista catalana alimentada y mimada desde Madrid. Financiada y protegida en su impunidad pesa a su cada vez  contumacia en el delito. Vamos de mal en peor y a nadie parece importarle la talla moral y política que ofrece esta casta y que demuestra su mezquindad. Estos son los que alardean de haber traído la democracia a nuestros edificios institucionales. Pretenden adoctrinarnos a sabiendas del mucho terreno que ha perdido España en lo que se refiere a su potencia cívica, a su nervio cultural, a sus convicciones diversas, se trata, únicamente, de mantenerse en el cargo: su patente mediocridad ideológica, miedo cerval a volver a esa penumbra aciaga de la que vienen. 

El Partido Popular ha tenido suerte, los electores han visto que, dentro de lo malo, todavía hay una gran diferencia entre Rajoy y los aprendices a prestidigitador, y han optado por el mal menor de forma clara y contundente, pero esto no es un cheque en blanco, así que el señor Rajoy debe tomar buena nota y no defraudar de nuevo a sus votantes. Ayer, el PP volvió a tropezar en la misma piedra, no escarmientan: EL Estado vigila para que ni un euro de los españoles vaya al proceso independentista. No hay necesidad de insultar a la gente con mentiras tan obscenas. La Generalidad gasta ingentes cantidades de dinero para destruir España. El Gobierno seguirá actuando con firmeza y proporcionalidad para garantizar el cumplimiento de la ley en Cataluña. Mal comienzo: ¿qué proporcionalidad frente al golpe de Estado en marcha? ¿Qué firmeza en defensa de la ley cuando no se cumple ninguna y todas sus violaciones han sido impunes hasta hoy? La sedición de la clase golpista catalana alimentada y financiada desde Madrid, protegida en su impunidad, pese a la cada vez mayor contumacia en el delito. Si el señor Rajoy se empeña en faltar el respeto de esta forma a sus votantes, es que es más tonto de lo que en principio se creía.  

Desde el 26 de junio se ha producido un agravante sustancial. Los separatistas catalanes han pasado de las palabras a los hechos y esta semana han iniciado una sublevación hacia la ilegalidad, a fin de romper España. Una suerte de golpe de Estado civil que debería  haber llevado a los tres partidos constitucionalistas a aparcar sus diferencias de partido y unirse en un Gobierno de unidad nacional. 

Un gobierno insensato de Sánchez no haría más que desestabilizar la delicada posición de España en todos los órdenes. El PSOE es el no, y lo es posiblemente, porque su secretario general acaricia la esperanza de una alternativa de izquierdas  que cada vez se articula y acaricia con mayor vehemencia, aunque resulte una desgracia para su partido y para España. El líder de los socialistas se mostró convencido de que no se convocaran nuevas elecciones y que la legislatura echará a andar, supongo que pensando en él como Presidente.  Más les valdría a todos ponerse de acuerdo, pues la posibilidad de unas nuevas elecciones pondrían a los ciudadanos en la tesitura de elegir, ya han demostrado su hartazgo, y están dispuestos a seguir tomando decisiones. España necesita un poder fuerte para hacer frente al durísimo envite separatista, entre otras medidas de consenso que necesita el país de forma urgente. Pero al día de hoy, el país depende del capricho de un líder del PSOE  que roza el infantilismo, y de un líder de Ciudadanos que necesita un “hervor”. Se trata de hacerse notar. Su potente mediocridad ideológica, su verborrea para consumo de ignorantes y el miedo a volver a esa penuria aciaga de la que salieron. 

Todo está sustentado en mentiras y tácticas, apenas pasaron unas horas  desde que Pedro Sánchez se comprometió a no entorpecer las negociaciones de Rajoy, cuando ya lo estaba haciendo. La decisión del candidato del PP de aceptar el encargo del Rey sin aclarar que se someterá a la investidura se convirtió en el arma arrojadiza para iniciar una nueva campaña de desgaste del ganador de las elecciones. La Constitución prevé que un candidato ha de someterse aun no habiendo fecha, pero nada hay inconstitucional en algo que aún no ha ocurrido. Al socialismo de Sánchez lo delatan sus prisas por que Rajoy fracase para intentar un Gobierno imposible con Podemos y los independistas. Su obsesión por gobernar a toda costa y el estigma de ser el único aspirante a presidente en democracia que no lo ha conseguido le empujan a protagonizar una pataleta irresponsable, en lugar de actuar como lo hizo Felipe Gonzáles en 1996, cuándo optó por no bloquear la investidura de Aznar con un criterio de estado del que el actual PSOE  carece. 

Pablo Iglesias cree que la amenaza de unas terceras elecciones hará que Ciudadanos pase de la abstención al sí, y sería la excusa perfecta para que el PSOE ceda y se abstenga permitiendo un Gobierno de Rajoy. La otra posibilidad es una coalición de izquierdas en el Ejecutivo, pero Podemos no va a tomar la iniciativa. Cree que ese paso lo debe dar el PSOE, aunque reconoce que le va a ser muy complicado hacerlo porque  le será muy difícil negociar con ERC y con el PDC (antigua Convergencia) después de su postura con lo que está ocurriendo en Cataluña respecto a la desconexión. 

El calendario incierto que nos espera no garantiza nada por mucho que el Rey haya encargado a Rajoy que inicie trámites. Y no parece que tenga muchas posibilidades. Sánchez y su corte, lejos de buscar soluciones,  esperan el momento de  devolverle el mal trago que pasó Sánchez cuando en olor de multitud periodística se tiró a una piscina sin agua. 

La única solución para el desbloqueo que propone Pablo Iglesias es prolongar la situación sin la presión de una fecha de elecciones, la posible reforma  del artículo 99 de la constitución con un amplio consenso, o buscar una investidura de trámite para que empiecen a contar los plazos. Pero solo hay una solución fiable, que de los cuatro candidatos tres reconozcan que han perdido, pero eso sería tanto como reconocer su mayoría de edad, la pérdida de la inocencia que permitiría actuar con cordura, y síntoma de que han recuperado el sentido común, el juicio, y han caído en la cuenta de que España y los españoles necesitamos políticos con altura de miras.  Al PSOE y Cs les falta generosidad y sentido de Estado.  

La posición de Albert Rivera es menos comprensible porque en el momento en que Rajoy desaparezca de la escena Ciudadanos perderá su principal razón de ser. Vive de un electorado de centro derecha disconforme con la forma de gobernar de Mariano Rajoy, un electorado de  que se reagrupará  en torno al PP en cuanto tenga un líder nuevo sin lastre en su trayectoria. Lo mejor sería devolver la política a los españoles, porque dada la alternativa de Sánchez y Rivera, el gobierno de Rajoy estaría maniatado, asaetado por todos en una legislatura  de vida débil y efímera. 

Sin embargo, acostumbrado a resistir Rajoy parece dispuesto a volver a jugar con los tiempos. Sabe que las terceras elecciones le benefician y que en cambio a Cs y PSOE los puede dejar en situación comprometida, Pero una investidura sin mínimas garantías de respaldo puede convertir el Congreso en un mercadillo. En mi opinión, Rajoy debería presentarse a la investidura, aunque fracasara, podría beneficiarle y retrataría al PSOE y Ciudadanos como responsables de una parálisis que España no se merece. 

Si como he leído esta mañana, el dúo dinámico del momento, Sánchez y Rivera, dejaran de mirarse al ombligo, quizá podrían darse cuenta de la impunidad que permite vivir a quienes se están beneficiando del sistema para dinamitarlo. 

Todo es posible hoy en España, aunque tampoco le salen los números a un gobierno de izquierda, porque están peleados entre sí y los nacionalistas. Tras lo ocurrido en el Parlamento catalán, contaminarán a quien se acerque a esta banda de farsantes que no buscan la independencia, sino vivir del independentismo.

elblogdepacobanegas 1  de agosto 2016

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