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METAMORFOSIS

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METAMORFOSIS

 

EL CONTROVERTIDO DONALD TRUMP

 

Todo parece contradictorio y banal en este personaje de opereta. Su comportamiento roza el ridículo y la provocación. Sumergido en interminables polémicas, amenazado por la justicia y atravesando un momento difícil en el Congreso, en una estudiada apología de sí mismo con el objetivo de obtener reconocimiento, aceptación y aplauso, Donald Trump aprovechó su participación en el Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) para pronunciar su discurso del sueño americano que se distinguió por un tono consensual, sin ningún paso en falso, basado en la moderación, que resultó tranquilizador hasta para sus opositores. Invitó al mundo a invertir en Estados Unidos: “América primero” no equivale a decir “América sola”. “Yo creo en América y como presidente la pondré siempre por delante”. “Los líderes de los demás países deberían también poner a sus países primero y amar a sus países como yo amo al mío”. Al tiempo que se enorgullecía de haber hecho  tantas cosas en tan poco tiempo como ningún otro presidente hasta ahora.

Las encuestas señalan los niveles más bajos de popularidad,  sin embargo, en su primer año de mandato, Donald Trump no ha defraudado al núcleo duro de sus votantes, que siguen manteniendo su apoyo a una figura populista y extravagante, pero no carente de ideas sobre la huella que debe dejar su paso por la Casa Blanca. Puede que tengan razón los que creen que Trump es un indocumentado machita, impresentable hombre de negocios que se ha metido en la política como un elefante en una cacharrería, pero nadie le puede negar que ha sabido leer la frustración de su pueblo mejor que  todos los expertos.

Las legislativas del próximo 6 de noviembre renovaran por completo la Cámara de Representantes y parte del Senado. El resultado será la primera gran prueba de fuego para Trump y el punto de arranque para su reelección. Aunque el presidente afronta este segundo año de mandato con menos dificultades, debido a la mejora económica, la repatriación de fondos de las grandes compañías norteamericanas y la aprobación de su reforma fiscal, el debate mostrará a un presidente al que medio país se resiste a considerar propio.  Si sus seguidores se reafirman en sus convicciones y la gran clase media frustrada se quede en casa, puede que resulte definitivo en el resultado de las próximas elecciones para seguir ocupando la Casa Blanca.  Para conseguirlo, opta por jalear a una mayoría imaginaria de blancos oprimida por las élites, al tiempo que favorece  la confrontación con sus críticos porque es en el choque y la confrontación donde se reivindica ante los suyos.

Uno de los problemas más acuciantes está provocado por la negativa del presidente a ceder en su proyecto sobre los inmigrantes, manteniendo su discurso de un sistema de admisión basado en el mérito y la capacidad para contribuir a la recuperación: “un sistema de admisiones por méritos y contribución al país”. Como consecuencia la oposición demócrata se niega a aprobar las cuentas federales. Ante la falta de acuerdo en el Congreso sobre el presupuesto el presidente medita un plan de última hora para levantar el bloqueo hasta febrero. Trump no es solo el político atacado y ridiculizado por la oposición demócrata. Las sabrosas revelaciones sobre su vida privada, las continuas sospechas sobre sus conexiones rusas y la demencial organización de su equipo, al menos en este primer año, han sido paralelas a los permanentes sobresaltos por las ocurrencias en las redes sociales, nada distintas de aquellas con las que jalonó su campaña electoral y no verlo así solo contribuye a desdibujar la realidad de este original personaje. La supuesta incapacidad mental de que con tanta crueldad le acusan los liberales puede que también le ayude a seguir en la Casa Blanca ya que el foco persigue a Donald Tramp. La arrogancia de los demócratas –y de sus poderes fácticos- se topó con la cruda realidad de un exitoso empresario reconvertido en paladín de las clases medias y bajas blancas.

Quienes esperan que sea fulminado por la oposición parlamentaria o que los ciudadanos estadounidenses le saquen de la presidencia a empujones no ven que, tras el ruido diario que provoca desde el Twitter -convertido en escenario ideal para su show permanente-, Trump va colocando piezas clave de su agenda política y le está permitiendo llevar este concepto hasta sus últimas consecuencias. Poco amigo de esperar sentado a que el rival lleve la iniciativa, el presidente con alma de jugador ha pasado a la ofensiva; día y noche jalea a una mayoría imaginaria y a su público incondicional con una lluvia de mensajes, ocurrencias y propuestas: multitud de colaboradores, la ayuda de especialistas y un director en redes sociales.  Con 46 millones de seguidores en su cuenta de Twitter, el presidente número 45 está logrando dos aspiraciones compartidas por muchos de los ocupantes de la Casa Blanca: protagonismo presidencial y una conexión directa con la opinión pública al margen de los medios de comunicación. A pesar de que los expertos  en twitter descalifican su lenguaje políticamente incorrecto: una ventana abierta a la inoportunidad y a la improvisación, insultos, mentiras, dominio del inglés primario y un tono que no se corresponde con la dignidad de la institución que ocupa. A lo que hay que sumar el desembarco del “Fire and Fury”, de Michael Wolff, (convertido en best seller que levanta las intrigas de palacio en la Casa Blanca) donde la conclusión a que se llega es que el presidente de Estados Unidos más que un político es un showman obsesionado consigo mismo y con atraer la atención de la opinión pública hacia su personaje: impulsivo, presuntuoso, autoritario, insultante, imbuido en  una sobredosis de banalidad televisiva y el espectáculo permanente de la organización Trump, muy en la línea de campaña permanente y un continuo pulso electoral que desde hace tiempo se practica en EE.UU.,  sobre  todo, a las puertas de un año electoral (elecciones al Congreso de EE.UU.) en las que los republicanos se juegan su mayoría y se valora como un plebiscito a la presidencia de Trump.  

Y otra evidencia.  Trump preside un Gobierno cercano a las grandes empresas que financian las campañas  electorales. Desde esa perspectiva el Ejecutivo y los jefes de legislativo estudian cómo abordar el nuevo impulso, la cocina del partido sigue siendo una olla a presión. La principal incógnita en las elecciones es cuál será la campaña de Trump. El presidente tendrá en su mano la baza económica, con la bolsa disparada, el crecimiento del PIB por encima de lo esperado y con un desempleo a niveles mínimos. Desde luego que esto no es mérito suyo, pero la valoración más o menos cimentada sobre el resultado que la bolsa americana ofrece es una realidad que coincide con la evidencia de que los beneficios van a seguir creciendo; con un 30 % de subida y nuevos máximos, un día y otro también, los miedos que suscitó su elección han caído en saco roto. Lo que influye en los mercados no es las horas que el presidente tuitero pasa delante de la televisión sino los beneficios empresariales y su influencia a largo plazo en los mercados.

A trancas y barrancas, denostado y zancadilleado,   ha conseguido su gran baza legislativa al aprobar una reforma fiscal tan histórica como arriesgada, ha movido las aguas estancadas del problema palestino con el traslado de la sede de su país a Jerusalén y ha puesto a Corea del Norte en una mesa de diálogo con Corea del Sur. En previsión de potenciales conflictos, ha disparado el gasto militar a sus mayores cotas con un presupuesto  de 6.000 millones para combatir a Corea del Norte y apuntalar la defensa frente a sus amenazas, y 60.000 para Irak, Siria, Afganistán y otros puntos de conflicto, con la incorporación a su flota de trece buques de guerra y 114 nuevos aviones de combate F-18 y F-35, en su empeño por marcar distancia al pacifismo y la pérdida de peso de EE.UU. Por primera vez la previsión de gasto alcanza los 700.000 millones de dólares en los presupuestos. También ha sacudido la cicatería presupuestaria de los socios europeos de la OTAN y, en general, ha sido coherente con su propósito de sacar a su país de políticas comerciales y diplomáticas ancladas en liderazgo excesivamente costoso.

Y se supone que intentará otro caramelo a quienes le votaron en 2016: una gran inversión en infraestructuras y el fortalecimiento del mensaje populista contra la inmigración irregular y a favor del trabajo para  los estadounidenses: la prioridad absoluta del presidente empresario es “empleo, empleo, empleo”. El plan de infraestructuras planteado por la Casa Blanca, con una inversión de un billón de dólares para impulsar los transportes y los servicios del país (puentes, autovías, colegios, hospitales y mejorar la red de ferrocarril) se presenta como la gran baza republicana para remontar un ejercicio que han salvado a trompicones. Con la vista puesta en este año decisivo para revalidar o perder el amplio poder que acumulan, el mayor en décadas.

Nada de esto resulta neutral. La forma populista y descontrolada de Trump de gestionar los problemas internos de EE. UU. ahonda en la división política. La iniciativa empecinada de construir el muro en la frontera con México –costoso e inútil proyecto- valedor de su radical discurso antiinmigración, fomentar el empleo solo para americanos,  o despojar a los “dreamers” más nacionalistas de su electorado sin la contrapartida de políticas integradoras, contrastan con su fracaso para revocar el seguro sanitario de Obama en una brecha de confianza con la cúpula del Partido Republicano.

Las dificultades de Trump para conciliar acuerdos parlamentarios se ha plasmado en el cierre financiero  de la Administración federal por falta de sintonía con los demócratas sobre los presupuestos. No expulsar a los jóvenes inmigrantes es la última propuesta de la Casa Blanca para deshacer el encasillado pacto de inmigración; 1,8 millones de “dreamers” a cambio de 25.000 millones para construir el muro con México, ha sido recibido con más pena que gloria.  Sin embargo, la debilidad de Partido Demócrata, mermado por el legado del tándem Obama-Clinton, seguirá siendo otra baza de Trump que parece indemne a sí mismo.

29 de enero de 2018

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