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EL SACAPUNTAS

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EL SACAPUNTAS

 

Como está ocurriendo en otras democracias que se consideran más fuertes y consolidadas que la nuestra, aprovechando el dolor y la ansiedad de los tiempos de crisis, la política de saqueo ha propiciado el triunfo de la ambición sobre la estética y la moral. En nuestro caso es evidente. Los mismos ciudadanos que tuvimos la suerte de unos políticos responsables, con fuerza y moral para lograr sin traumas la transición de la dictadura a la democracia, la generosidad del inmerso esfuerzo para oponer la simplificación a la complejidad y el dialogo a la provocación evitando que este país se fuera a pique, somos los mismos que ahora nos mostramos incapaces de hacer frente a los que se empeñan en que España sea pacto de actitudes excluyentes y trasnochadas: predicadores del guerracivilismo convencidos de que hasta la llegada de sus huestes libertadoras, la nuestra era una vida indigna y resignada a dejarse robar por pura indolencia. En definitiva, un país de cabreados adormecidos.

La demagogia encuentra confortables espacios en los medios de comunicación. Los populismos disponen de escenarios y portadas de máxima audiencia. La palabra gruesa, el insulto y la descalificación, inundan amplios sectores de las instituciones, saquean el prestigio de nuestra inteligencia y anulan como por arte de magia nuestra capacidad para medir el mal que causa la intolerancia, la incapacidad para construir juntos un futuro para nuestros hijos. A los políticos de ahora no se les puede negar facilidad para acuñar un nuevo vocabulario, capacidad para manipular voluntades. Son sectarios de la cultura, paladines de la enseñanza pública, la consigna, el dialogo o la provocación. Unos más que otros pero cada vez más iguales en la fuerza metafórica de sus alusiones. Una sarta de pedantes que se adjudican el significado de nuestras conciencias, manipulan nuestro futuro, confunden la representación del pueblo con el saqueo de nuestra inteligencia y se creen destinatarios de la verdad absoluta como resultado del más empobrecedor de los sectarismos.

No hay soluciones mágicas ni caudillos de ultra izquierda, ni salvadores iluminados del socialismo trasnochado, ni salvadores de la derecha que disfrutan viviendo al margen de la realidad. Solo, eso sí, malabaristas de la manipulación.

Con los problemas que tiene España nuestras “señorías”, en un nuevo intento de revanchismo, han decidido desenterrar un recuerdo que lleva más de 40 años muerto. Con el consenso de todos los partidos, incluido la complicidad del PP, el Congreso aprobó una proposición no de ley para que se exhumen los restos de Francisco Franco y los de José Antonio Primo de Rivera del Valle de los Caídos. El PSOE que se desparrama como el trigo en un saco roto, en vez de buscar soluciones a su desintegración y restablecer su credibilidad con la tenaz decisión de vivir juntos, de unirnos en torno a una trama de derechos y valores que impidan hundirnos en la insignificancia, se empecinan en la obsesión patológica del socialismo. Cabe preguntarse por qué el PSOE, que durante muchos años en el Gobierno contó con mayoría suficiente para sacar adelante la propuesta, plantea ahora una medida tan oportunista tratando de pescar en esta tontería de la memoria histórica, mantenida y protegida por el PP en otra de sus inexplicables contradicciones. No se trata de defender al franquismo, ni a Franco que, por otra parte, no dijo que lo enterraran allí (sí en el panteón familiar del Pardo), se trata de defender la verdad. El Valle de los Caídos no debe tocarse por ser un testimonio absolutamente irrenunciable de nuestro pasado. Todos somos conscientes de la mucha sangre española de ambos bandos que encierra y el simbolismo de unidad y renuncia que representa. La mejor arma para no repetir es la verdad, y para recordar nada mejor que el monumento y esa gran cruz que lo representa como testimonio real de la Historia de España.

Pero a los españoles ya no nos sorprende nada, estamos tan acostumbrados al esperpento que se ha convertido en costumbre  y ya no sabemos como reaccionar. Una semana después de que la Generalitat desafiase de nuevo a Tribunal Constitucional ordenando la compra de urnas –con dinero de los Presupuestos del Estado- para la celebración del referéndum de independencia, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el de la Generalitat, Carles Puigdemont, volvieron a encontrarse en una pantomima “casual” en el Salón Automóvile de Barcelona. Todo un presidente de Estado no desaprovecha ocasión para mendigar una parodia de diálogo cada vez más humillante para el resto de los españoles: Por favor Carlitos, piénsatelo “la desconexión no te conviene”. La parodia de Gila podría haber sido memorable, aunque no única porque este presidente de España es un filón inagotable al que el humor no le hace justicia porque el hedor que despide la corrupción que le rodea por los cuatro costados de su geografía política no deja margen de maniobra. Pero ya ven, a pesar de los esfuerzos –ya no sabe qué ofrecerle- todo sigue donde estaba. En paralelo al “no diálogo” los políticos soberanistas –a pesar de los procesos judiciales- siguen con su programa. Seguidamente la última escena de esa farsa, el vicepresidente primero del Parlament, Lluis María Corominas, y la secretaria cuarta, Ramona Burrafet, se negaron a responder ante el TSJC en su comparecencia en la causa en la que también está imputada la presidenta del Parament, Carmen Forcadell, en una provocación constante que produce vergüenza ajena. El desafío y la mala práctica se han convertido en algo natural, al imponer el derecho a la desobediencia de las sentencias judiciales invocando “la libertad de expresión” y el “blindaje parlamentario", una excusa para ocultar que no saben que decir. En resumen una peligrosa chapuza jurídica y política.

Mientras tanto el clan de los Pujol sigue escribiendo el gran guion de su etapa en la historia reciente de Cataluña y, por supuesto, de España. El desmoronamiento del oasis oficial y nacionalista del honorable, más parecido a una mafia que a una familia, pone de manifiesto que las actividades del matrimonio Pujol Ferrusola y sus hijos había llegado a tal grado de desfachatez delictiva que sus operaciones no se limitaban a ingresos en la banca andorrana, sino a contenidos nacionales e internacionales de un grupo criminal en el que la jerarquía operativa se la adjudicaba la matriarca Marta Ferrusola autotitulada como “la madre superiora” de su delirante convento. La primera dama de la autonomía catalana, la mujer del llamado padre del catalanismo, el político que presumía de comportarse con la máxima honradez, el que adornaba su nombre con el adjetivo de Muy Honorable, utilizaba los misales como tapadera de la “pasta” para evitar que quedara constancia formal de sus manejos en el colmo del cachondeo, la guasa y el esperpento. Todo el mundo lo sospechaba, pero nadie quería saberlo, años y años apilando millones en secreto perfectamente conscientes de estar haciendo algo ilegal y deshonesto. El ingenio se desparrama de forma delirante en la chispa popular del cachondeo tuitero.

El PSOE comenzó la campaña de las primarias, entre el nerviosismo y la fractura, pero con tantos meses de precampaña ya se vislumbra la recta final. En los pocos días que todavía resta para la jornada electoral, Pedro Sánchez aprovechó el debate entre los tres candidatos para intentar cerrar aquellos flancos que le colocan en una posición vulnerable ante Susana Díaz, y apareció empeñado en agitar a la militancia con un discurso revanchista provocando una fractura que puede partir en dos al partido. Más allá de elección de un determinado ganador, lo que se decida el próximo día 21 es su estrategia de supervivencia. Pero lo cierto es que el enfrentamiento entre los candidatos que se disputan el control comenzó hace meses con la destitución de Pedro Sánchez como secretario general que no desaprovecha ocasión de manifestar su pretensión de venganza mostrándose cada día más radical. Con su plan para ganar las primarias, había puesto rumbo al estado plurinacional, a la unidad de acción con las fuerzas separatistas y el apoyo del núcleo duro de la militancia del partido. A Sánchez aun no le ha llegado el momento de pensar en los electores, su prioridad sigue siendo ganar las primarias, y su coherencia es más bien al contrario: todo vale con tal de llegar al poder. Su propuesta de reforma constitucional para definir España como un estado plurinacional -“una nación de naciones”- y su posición respecto a Cataluña y el modelo territorial de España, ha puesto muy nervioso al aparato oficial del partido a pesar de su matización posterior. El peligro que representa su ambición, su vehemencia y su falta de escrúpulos: es capaz de vender su alma con tal de llegar al poder, pone una vez más sobre el tapete el peligro que representa esta nueva “casta” de políticos en el futuro de España y de Europa.

El PSOE esta roto y en manos de candidatos con modelos antagónicos de partido, ninguno de los tres aspirantes a secretario general que protagonizaron el enfrentamiento de ayer aportó soluciones a los problemas del partido. No fue un debate de propuestas ni de programas sino un ajuste de cuentas, la dureza de los ataques que se lanzaron  Susana Díaz y Pedro Sánchez convirtió a Patxi López en el arbitro de la moderación. Si de lo que se trataba era de ilusionar al militante con un proyecto socialdemócrata,  ni uno solo podrá pensar en recomponer la unidad tras las primarias con este espectáculo  de pésimo nivel  Lo más grave fue constatar el débil proyecto de futuro gane quien gane, lo que revela hasta qué punto el socialismo exhibió con toda su crudeza las miserias que le han llevado hasta aquí. "No mientas cariño" que Susana Díaz espetó a Pedro Sánchez no solo será frase más recordada sino que resume la revalidad que ayer se percibió. No es creíble que Susana Díaz, sucesora de Cháves y Griñán, dos expresidentes andaluces que se espera sentará en el banquillo por los eres o los fraudulentos cursos de formación, pueda superar este nefasto legado sin sangría por su izquierda y a su derecha.   Pedro Sánchez ha llevado al PSOE a una vorágine autodestructiva, imbuido de mártir de la izquierda ha entrado en una dinámica suicida. En espíritu de revancha propició su hundimiento al olvidar los intereses de partido. La encuesta sobre intención de voto publicada la semana pasada  por el CIS pronostica un cuatripartito que dificulta la formación de una mayoría que  le permita gobernar. Si en algún momento Moncloa sintió la tentación de adelantar las elecciones  en caso de victoria de Sánchez, la idea ha quedad descartada. La estrategia de Rajoy es resistir hasta que se enfríen los ánimos y refugiarse en la clase media a la que ha exprimido hasta prácticamente desaparecer desprotegida y abrumada a impuestos destinados a sufragar latrocinios e ineptitud de los partidos.  Una circunstancia en la que posiblemente el presidente no haya pensado. 

 16 de mayo 2017

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