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TRUMP: UN DESAFÍO QUE DESBORDA

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TRUMP, UN DESAFÍO QUE DESBORDA

El ideario político del nuevo presidente está en las antípodas de lo que representa el pueblo americano.

Estados Unidos no solo es el país más poderoso del mundo, es la democracia más perfecta, tiene mecanismos para dar adecuada respuesta a un presidente mal encajado en su sistema parlamentario. La llegada de Trump a la Casa Banca es como una venganza contra el sistema. Lo que en principio aparece como la apoteosis del triunfo, el comienzo de una nueva era, de un mundo nuevo del que todavía desconocemos los contornos precisos, en cierto modo, todo lo que Trump representa es la venganza de una parte importante de la sociedad cansada y desengañada que culpa al establishment de todos los trastornos de la globalización y que exige ahora un orden nuevo.

Las promesas de Trump de crear prosperidad a base de endeudar al país de obra pública, tiene muchas posibilidades de ser un estrepitoso fracaso. Trump tendrá que explicar ahora como pretende crear una coalición de mundo civilizado para luchar contra el terrorismo islámico acercándose más a la Rusia de Putin que a la Alianza Atlántica, comprobar si es cierto que quiere el muro de la frontera con México, anular el tratado de libre comercio, poner aranceles a diestro y siniestro con el pretexto de defender la industria norteamericana, desafiar a China o hacer lo posible por contribuir a la desintegración de la UE. La receta de crear un bienestar utópico, no ha sido buena en el pasado, tenemos algunos ejemplos, y no hay razones para creer que vaya a serlo ahora. Lo más probable es que no haya que esperar mucho para saber lo que va a ser la nueva era que se ha iniciado.

El discurso inaugural parecía dirigido exclusivamente a sus seguidores, y no al conjunto de una sociedad profundamente dividida, precisamente por su llegada a la Casa Banca. A Trump no le ha importado iniciar su mandato con una cuota mínima de popularidad comprando la cotización a la baja al dar por hecho que las cosas solo pueden mejorar. No solo se ha culminado un traspaso de poderes, lo que se ha producido es un traspaso de un mundo a otro. Él que representa las alusiones a los principios y valores de un presidente teórico y reflexivo, al discurso directo de quien se dispone a gestionar el país como una empresa, y se ha comprometido a movilizarlo desde el minuto uno. En tono paternalista, promete rescatar a las familias y a los trabajadores.

Las apelaciones reiteradas a la desatención que las clases medias y los pobres habían sufrido durante el mandato de Obama, sin nombrarlo, hizo saltar por los aires todos los convencionalismos del establishment. El magnate utiliza un tono cercano, el mismo espíritu rebelde y contestatario que le dio la victoria. Fiel a sí mismo se mantiene firme a todos sus principios y promesas, y juega con una percepción de nación destruida que él va a salvar. Habrá que darle tiempo, pero por la velocidad con que se mueve, todo margen de confianza obliga a cruzar los dedos. En su esencia de arbitrista demagógico, su vocación de arbitración de clases medias irritadas y su retórica de vendedor de soluciones, Trump ha fabricado enemigos de la gente que solo él representa, las clases medias y los desfavorecidos que reclaman un reparto más justo de la riqueza, uno de las asignaturas pendientes de la política que se practica. Todo está por demostrar y por decidir, la realidad se ha vuelto imprevisible.

El nuevo presidente, convencido de que con él comienza un nuevo Siglo Americano, arremete contra las élites corruptas anunciando que su llegada al poder cambiará el curso: a partir de ahora el presidente pensará en el pueblo para que sea él quien gobierne. El populismo que arrasa, el discurso mágico, traumatúrgico y curativo con el que acaba todo lo que, según él, traicionó América, el nuevo “movimiento” que combatirá el panorama desolador de industrias herrumbrosas, alumnos sin educación, droga, crimen y falta de trabajo. El patriotismo como fuerza unificadora de la sociedad: todos los dolores que padecen unos los experimentan otros. El discurso de un populista que solo puede destilar populismo.

El proteccionismo es otro de sus mensajes, no exento de demagogia. Afirmó que Estados Unidos, durante muchos años, subvencionó otros ejércitos nacionales, defendió otras fronteras y no protegió las suyas propias. América primero es su lema más repetido, instó a reconstruir el país con manos americanas, con fuerza laboral propia y a consumir productos americanos, se compromete a devolver los empleos, la seguridad en las fronteras y los sueños. También pretende acabar con el radicalismo islámico no solo de América, de la faz de la tierra.

Sin embargo, se anuncia ardua la tarea, la política anunciada no solo levanta dudas en medio mundo, también entre sus propios funcionarios. Cerca de un millar de altos cargos de EEUU, han firmado un documento de protesta contra el veto migratorio, que establece una prohibición temporal de entrada en el país de refugiados y de cualquier ciudadano de siete países de mayoría musulmana: Irak, Irán, Siria, Libia, Somalia y Yemen. Los fiscales generales de los 16 estados de EE.UU. condenan las medidas del presidente contra los musulmanes, el veto temporal contra los refugiados. Las medidas también han generado críticas unánimes de los líderes europeos, y las protestas en los aeropuertos y espacios públicos se repiten mostrando una profunda fractura mientras un juez federal suspende las deportaciones incluidas el decreto por inconstitucional es una batalla legal que ya empieza a tener consecuencias, no solo erosiona los principios en los que EEUU ha cimentado su influencia en el mundo, sino que fractura a la sociedad norteamericana. Nada de esto afecta al presidente, que no renuncia al tono agresivo de su campaña electoral. “Nuestro país necesita fronteras fuertes”, pero su firmeza podría no ser suficiente, varios jueces del país –Nueva York, Virginia, Seattle y Boston- se han sumado a la orden de bloqueo y los expertos señalan que esto es solo el comienzo. La orden judicial ha sido criticada por los líderes del partido demócrata, organizaciones de derechos civiles y empresarios, pero también ha creado malestar entre los republicanos.

Nunca el primer mes de mandato de un presidente de EEUU había suscitad tanta polémica. Desde que tomó posesión no ha habido un solo día en que sus decisiones no hayan levantado grandes titulares. Donald Trump ha sumado, destrozando las relaciones diplomáticas con sus vecinos mexicanos, haciendo dudar a los europeos de su lealtad a los valores comunes. Pero lo peor de todo es su insistencia en acentuar la división social en su país.

22-2-2017

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