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26-J sumido en la confusión

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      Puestos a barajar hipótesis, la imaginación puede conducir por los más diversos derroteros, hasta el extremo de llegar a sorprendernos a nosotros mismos, y el sueño se haga realidad aunque esta resulte demasiado amarga para ser aceptada. Me estoy refiriendo a las próximas  elecciones generales, 26-J, que independientemente del resultado, el que salga de las urnas,  será la voluntad soberana de los ciudadanos. También las consecuencias

      Hoy voy a jugar con ventaja, haré  un recorrido por los diferentes partidos a través de los medios de comunicación: periódicos de papel y digitales, telediarios y tertulias, lo mismo con emisoras de radio. Lo primero que cabe apuntar es  la juventud de nuestra democracia,  solo cuarenta años, la norteamericana lleva dos siglos asentada, aceptada y consolidada. Las diferencias entre los dos países son muchas, empezando porque la de aquel país es una república federal mientras la nuestra es una monarquía constitucional todavía cuestionada; todo parece provisional. Los políticos españoles avanzan retrocediendo, la generosidad y altura de miras que ofrecieron durante la transición española, contrasta con la irresponsabilidad de los  protagonistas de esta segunda: han demostrado sobradamente su mezquindad. La nación Norteamericana, bandera y símbolos, su patriotismo llena de emoción y sana envidia, en contraste con la mezquindad que nos ha llevado a la caricatura que sufrimos,  la vergüenza que inunda a unos en contraste con la desvergüenza de otros incapaces de mirarse al espejo y reflexionar al verse reflejados como payasos de este circo en que han convertido España. Lo mismo podríamos decir de Alemania, Francia, Inglaterra... cuyas democracias se muestran incuestionables; enarbolan su bandera con orgullo, actúa como lazo solidario en momentos difíciles y nos hacen reflexionar sobre sus valores. La diferencia está en que, en estos países,  la Constitución prevalece sobre los partidos, el electorado venera y respeta mucho más a la constitución que a los políticos. La  democracia nunca está en peligro. El fascismo surge en época de crisis y exige planteamientos valientes, más en un país como el nuestro donde una periodista  se permite quemar un ejemplar de la constitución en directo, se insulta al Rey o se quema la bandera de España con impunidad confundiendo libertad con libertinaje. Un juez se permite anular la prohibición de llevar banderas independentistas (la estelada) al Estadio Vicente Calderón, en Madrid, con motivo de la final de la Copa del Rey, cuando en Barcelona requisan la bandera de España a los aficionados que con el mismo criterio la llevan al Nou Camp, y las tiran a un contenedor, o las queman. Nos rasgamos las vestiduras porque Carles Puigdemont y Ada Colau amenazan con no asistir al partido, cuando son dos personajes  irresponsables estrafalarios   en constante desafío al Estado. Hay mucha gente harta de esta actitud arrogante que pasa por encima de sus sentimientos o de sus convicciones. 

    La confusión es tal que no sé por dónde empezar. A menudo las urnas no expresan lo que las encuestas pronostican. Hoy la tendencia del PSOE es descendente frente a la euforia de Podemos e IU, instalada en dos partidos que, por separado, habrían perdido muchos escaños. Sin embargo, en una carrera de fondo conviene no desfondarse en los primeros metros. Unidos Podemos, nueva denominación con la que acuden a esta nueva convocatoria, 26-J, no es un partido político con unidad de criterio ni programa, sino una burda colección de intereses basada en rentabilizar votos y escaños para desmembrar al PSOE. Sería interesante comprobar cuál sería el sentido del voto si antes de pedirlo explicaran abiertamente si lo que quieren para España es lo que está ocurriendo en Venezuela, en Grecia o en Irán. Desde que Podemos saltó a los platós de televisión tan pronto lo vemos más allá de la izquierda y de la derecha como en la socialdemocracia. Sin quererlo, es muy probable que el 26-J consiga victimizar al PSOE y, de paso, habilitar el bipartidismo tradicional. 

    En realidad se trata de haber sabido leer cual es el ánimo o preocupación del país en este momento y adaptarlo a la campaña para que los ciudadanos nos sintamos identificados con ese partido. Creo que no hay muchos que discutan que la izquierda española está mucho más dividida que la derecha. No solo hay más partidos en ella, sino que la división se extiende dentro de ellos.  

    El PSOE ha iniciado la precampaña tratando de maquillar el auténtico debate abierto: la sucesión de Pedro Sánchez, porque gran parte de sus dirigentes dan por hecho el “sorpasso”,  de modo que Pablo Iglesias será el segundo líder más votado. Sin embargo, empieza a abrirse paso la tesis de que Iglesias está confiado en exceso y que en la campaña  Sánchez recuperará crédito. Y más le vale pues para muchos de los dirigentes del PSOE Pedro Sánchez es un producto amortizado para el que ya tienen relevo. La predicción de algunos analistas y los indicios que pronostican los sondeos no solo limita el resultado a los obtenidos el 20-D sino que podría quedar por debajo. Todo está tan confuso que cualquier resultado podría sorprender. La celebración del 15-M, el primer hito que Unidos Podemos quería capitalizar en el camino hacia las urnas, han resultado un fiasco, y hay temor a la abstención o a que el voto útil,  la reflexión sobre lo que está ocurriendo,  el temor a lo que puede venir, la situación de Venezuela, termine condicionando el resultado y demostrando que la mayoría de los votantes no solo saben leer, escuchar y, sobre todo, reflexionar, también dar un puñetazo en la mesa  con sentido de autoridad.    

    Porque aquí, pasar, lo que se dice pasar, no  pasa nada. Cambian los nombres y las personas, incluso las leyes no se respetan (para algunos). Lo cambiamos todo para que todo siga igual o, a peor que es lo más seguro. Los nombres, los calificativos, las ocurrencias en las que los nuevos dirigentes muestran su sectarismo. “Paritario, intergeneracional, progresista, solvente, dialogante, trabajador y decente”, todo eso dice Maritxell Batet del gobierno que, en fase larvaria, presento Pedro Sánchez en Barcelona.  Autodenominado “gobierno del cambio”, una suerte de gabinete en la sombra con el que aspira a gobernar tras las elecciones el 26-J. Se trata del segundo ejecutivo que presenta en menos de un año. En junio de 2015 hizo una operación de imagen similar. Entre la veintena de nombres que componen este equipo -una combinación de viejas glorias de anteriores gabinetes del PSOE, nuevos valores y ningún independiente- se encuentre Nuria Parlon, alcaldesa de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona), defensora de una consulta sobre la independencia de Cataluña, que va a provocar más de un dolor de cabeza al líder socialista. En este hipotético gabinete socialista en La Moncloa, a Parlon se le reserva el área de Políticas Sociales, mientras que otra catalana, Maritxel Batex, teórica  vicepresidenta y ella sí en sintonía con el PSOE y Pedro Sánchez por lo que respecta a la cuestión territorial se le encomienda el área de “federalismo”. En clave federal que pretende llevar a la Constitución las aspiraciones catalanas, su singularidad, el reconocimiento de sus derechos históricos, para luego dar pie a referéndum subsiguiente en cada uno de los territorios y especialmente en Cataluña. También con mucho que aportar en este campo está el diputad socialista por Granada Gregorio Cámara, teórico de la reforma constitucional. También incorpora a un activista senegalés,  Luc  André Diouf. En fin un “juego de tronos” basado en ocurrencias, improvisaciones y conveniencias políticas cuya evidencia pone de manifiesto cuatro meses negociando y discutiendo sin ser capaces de formar gobierno. 

    Regirse por los números previos al 20-D y sumar los votos de Podemos e IU  para hacer un nuevo cálculo de escaños  es irreal y absurdo. Nadie maneja un criterio univoco sobre el porcentaje de abstenciones del 26-J. 

    La derecha, sin embargo, ha resistido el ataque en tromba que ha sufrido durante los últimos años y meses; cuestionado su programa y liderazgo sigue apareciendo como favorito en las encuestas.  Entre la anterior –el 20-D. y la próxima -26-J-. estamos viendo un gran cambio. En la anterior, el ánimo del electorado era de indignación, de rabia, de venganza por la corrupción, las mentiras y fraudes de los dos grandes partidos han hecho creer que éramos ricos, y los únicos que se enriquecían eran ellos.  Lo que explica el enorme batacazo que sufrieron: el PP perdió la mayoría absoluta y tres y medio millones de votos, el PSOE obteniendo el peor resultado de su historia en democracia. Mientras  los emergentes daban la sorpresa. Podemos quedaba a solo 300.000 votos del PSOE y Ciudadanos obtenía 40 escaños, un gran éxito para dos partidos sin arraigo nacional que se presentaban por primera vez a unas elecciones generales.  

    Pero aún así, los partidos emergentes, pese a no tener ya el brillo y prestigio conseguido, conservan su base electoral. Por eso, actuar sin precipitarse, resucitar a la “vieja guardia” en busca de solvencia y dejar a Iglesias llevar  la iniciativa hasta la fase definitiva de la campaña puede ser un acierto. 

     Es posible que el electorado se lo piense ahora dos veces a pesar de que los expertos en demoscopia pronostican pocos cambios en el voto, pero puede que “mucho cambio de escaños”. Incluso con el mismo número de votos el reparto de diputados puede ser distinto en algunas provincias. Lo que resolverá en esta ocasión el puzle final será la movilización, las encuestas apuntan a un hastío de los votantes  y destaca que en estas elecciones no hay incertidumbre sobre el ganador, sino en la formación de gobierno. La lectura de los expertos es que no va a influir tanto lo que digan en la campaña sino lo que han hecho estos meses “va a ser un voto muy racional”. 

     A juzgar por el panorama que presenta, el que peor lo tiene es el PSOE, que necesita imperiosamente dotarse de nuevo de una identidad reconocible y no confusa, que es lo que parece ahora. Pacta con Podemos para gobernar con la Colau en Barcelona; se incorpora al Ayuntamiento de Madrid, con Carmena y compañía, permitiendo la paralización del  “proyecto Chamartin” –operación norte de Madrid- que conlleva  cientos de miles de puestos de trabajo. En Valencia proponen listas conjuntas al Senado con Podemos-Compromis; el PSC se abstiene, incompresiblemente, muestra su indiferencia en que un terrorista confeso como Otegui comparezca en el Parlamento de Cataluña. En algunos ayuntamientos permite con su voto  la gobernabilidad de los independistas. Ha prestado su apoyo a Podemos para que gobiernen en la mayoría de las grandes capitales españolas, en evidente desastrosa gestión... Y podríamos seguir. 

    A la vista de este repaso a los medios de comunicación de un día, podrá deducirse falta de imaginación, pero no de argumentos. El electorado lo tiene difícil, requiere juegos malabares y arte de la prestidigitación  para seleccionar un voto congruente y responsable: la incertidumbre aparece cegada en la oscuridad del descampado. Si el milagro de la inteligencia no se produce, España va a saber lo que es un gobierno de izquierdas de verdad. 

    El totalitarismo es lo que domina hoy en España, el país se deteriora, se degrada poco a poco, mientras los que podrían impedirlo miran para otro lado por miedo o por falta de coraje. Desgraciadamente el miedo o la cobardía no necesitan condiciones especiales para que afloren. En una sociedad acobardada mostrar sentido común es algo que solo está al alcance de un puñado de héroes. 

Elblogdepacobanegas 21 de mayo 2016 

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