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España en quiebra

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España está instalada en una dinámica de violencia de extrema izquierda y del independentismo que hacen que una sociedad democrática se degrade hasta convertirse en una jungla. La agresión en Barcelona a dos seguidoras de la selección española de futbol sintetiza la crisis moral de Cataluña, a plena luz del día, contra dos mujeres indefensas, ante la pasividad de los viandantes y con el posterior silencio cómplice de todos, incluido los medios de comunicación catalanes.

¿Qué ha sido del código de honor del que presumía la sociedad española? ¿Cómo es posible que viandantes y curiosos asistan al espectáculo sin el más mínimo ademan de intervenir? Aunque lo más repugnante sea el silencio de la Selección Española y de su seleccionador, Del Bosque: vergüenza ajena producen su tardanza en responder.  

Hemos pasado de un extremo a otro. Antes en el país vasco te asesinaban por defender la bandera nacional, ahora en Barcelona te pegan una paliza de muerte. Y  todo esto es consecuencia de que los gobiernos nacionales, presos del síndrome del antifranquismo, se han revelado incapaces de defender la Constitución y el estado de derecho. Esta generación de políticos no tiene desperdicio. Defender la ley y los símbolos del estado solo genera problemas, represalias y sinsabores. La ley ha sido derrotada por la política. La impunidad del matonismo de izquierda, con la complicidad  de las instituciones, domina ya en toda España, y  la supremacía del separatismo se extiende como un reguero de pólvora sin que nadie los deslegitime. Hemos llegado a un estado de anarquía que produce escalofríos. 

Cuando un antisistema alcanza el nirvana del sistema, Ada Colau, por ejemplo, y llega a representar a los suyos en los foros contra los que lleva luchando siempre, ve aflorar como brote de primavera la contradicción de su vida, que no es otra cosa que llegar al palacio que quería destruir. La antisistema absurda que gobierna –es un decir- el ayuntamiento de Barcelona se ha topado con sus propios métodos, que son los incendiarios, dándose la circunstancia de que debe impedirlos merced a su responsabilidad que conlleva la autoridad, y solo balbucea. El asalto al poder es más fácil de lo que parece. Los mismos que se amotinan en Barcelona para reconquistar un territorio robado a sus legítimos dueños,  queman contenedores y cajeros bancarios, coches, escaparates, y lo hacen con la contundencia de quien cree que  lo justo es asaltar la propiedad privada, vivir del cuento, destrozar mobiliario y sembrar el pánico en el vecindario. Sin que la policía pueda actuar de forma contundente para impedirlo. 

Los okupas dominan Barcelona, esa misma izquierda antisistema es la que se está acercando al poder  de forma nada sigilosa. Primero okupan locales, luego palacios. Lo ocurrido con sus colegas de Gracia es el resumen perfecto de lo que le espera a España caso de seguir donde estamos. Pueden alcanzar el poder mediante el sistema de los votos. 

Como hacer frente a este nuevo desafío orquestado por los colegas de la podemita Ada Colau, lideresa del movimiento antidesahucios, agitadora profesional, se soluciona cediendo o pagando, el problema persiste o se agrava, como estamos viendo. Con la complicidad de PSC en Cataluña, y el PSOE en el resto  de España, si mantiene el pacto letal subscrito con la formación morada en comunidades y ayuntamientos, conformándose con las migajas  del banquete de poder que ha servido a los de iglesias,  el partido continuará en una profunda crisis de liderazgo. La ambigüedad, la falta de criterio sólido sobre la unidad de España y la fractura interna le han convertido en un partido residual.  

Cuando irrumpe la violencia o la barbarie, todo acuerdo o dialogo es una victoria de los bárbaros. No existe término medio, hay que aplicar la ley. Y no cabe llamarse a engaño. Si se elige una alcaldesa que es activista okupa no te puedes sorprender de que la ciudad refleje su modelo social. Una alcaldesa que piensa que hay que desobedecer las leyes que a ella le parecen injustas, lo menos que se puede esperar es la anarquía.  Ese es el dilema de hoy, no solo en Barcelona, sino en todas las ciudades españolas por la variopinta coalición que engloba Podemos. Porque mientras  la autoridad no se imponga tendremos lo que hemos visto en Gracia, o los intentos de asalto al parlamento catalán o al español. Anarquía, furia desatada, enfrentamiento entre las Fuerzas de Seguridad y los anarquistas. Que ha dado lugar a otro enfrentamiento sordo, pero cada vez más tenso entre fuerzas de seguridad y quien las mandan, que, de entrada, intentan eliminar sus unidades de choque dejándoles a merced de los asaltantes.  

El Estado es el único autorizado para utilizar la fuerza. Sin embargo, en España se intenta legitimar que los antisistema también estén autorizados para utilizarla.  Votar conlleva responsabilidades y tanto la sociedad catalana como  la nacional tienen que aceptar sus consecuencias. Pero los líderes políticos  también tienen algo que decir en esta causa. Su silencio cómplice ha propiciado la ingratitud a una sociedad que ha dejado de creer en ellos y hasta de votarles. El uso irresponsable de los recursos públicos y la condena del frívolo abandono de la tradición humanística de nuestras aulas en universidades y colegios, la forma en que se ha desguazado nuestro  sistema educativo  y la renuncia a defender lo que podría haber sido la gran tarea de recuperación cultural, son otros aspectos que deberíamos reivindicar en esa discusión persistente sobre el modelo de país y la idea de España.  Una sociedad en la que se viola la libertad de expresión, se niega  el derecho de sus ciudadanos a expresar sus idead, se avasalla la propiedad privada, incluso el derecho  a ver un campeonato de futbol por razones políticas bastardas, es una sociedad moribunda. 

elbogdepacobanegas  12 de junio 2016 

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