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La sordera institucional

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España no se merece este galimatías,  pero es lo que hay. 

El último domingo del próximo mes de junio, día 26,  los españoles vamos a una nueva consulta electoral tras la disolución de las Cortes. La partitocracia disputa el poder a base de burocracia,  no es extraño que el electorado esté sumido en el desencanto y el aburrimiento.

El bien común ha desaparecido del lenguaje, como estamos viendo, solo decisiones irracionales sustentadas en el interés particular de los propios gobernantes. El mundo al revés, mera cuestión de procedimiento, los valores morales se han ausentado  del panorama político y la carga consecuente abruma a la sociedad global que somos los que pagamos los platos rotos. Por una cosa o por otra, siempre estamos en proceso de recuperación, este país hace aguas por los cuatro costados de su frágil geografía política porque, como vemos en la escena parlamentaria de cada día, nuestros gobernantes están más en su interés particular, en sus decisiones irracionales que en el sentido de la justicia, la razón o el bien común, la fraternidad o la paz. Estamos sometidos al yugo implacable de su destino. Por si no fuera palpable la contumaz evidencia, los medios de comunicación  abruman hasta dejarnos sobrecogidos sobre la categoría –ética y estética- de nuestros gobernantes y, lo que es más desolador, los inconfesables trapicheos de una pléyade de “astros” -con más o menos méritos-, iconos populares  por causas diversas: según algunos medios de comunicación, están dando ejemplo de comportamientos  irregulares, antiestéticos, en los llamados paraísos fiscales y otros manejos burdos –al parecer rentables-, coincidentes con el panorama de desorden institucional –malos tiempos-,  y cierta indigencia moral que ha invadido a este país, donde al parecer se tolera todo, y así seguiría siendo de no haberse derrumbado los palos del sombrajo.  

La última sesión de esta legislatura dio muestra palpable de lo que nos espera la próxima. Las Cortes ofrecieron un espectáculo digno  del mejor reality show. El PSOE, Ciudadanos, incluso el PP entraron en el juego y participaron activamente en la tragicomedia de Pablo Iglesias  y sus mariachis, que escenificaron  el guion de las víctimas del Alvia (en Angrois) de forma tan burda como inoportuna, con la utilización del Parlamento como corral de comedia con gritos y alborotos en las gradas. Vergüenza ajena. Y el Presidente, señor López, incapaz de imponer un poco de orden y de cordura. Final de legislatura con olor a espectáculo y a feria. Ellos son así: donde vamos montamos el circo: lo que necesita España; un partido que tiene relaciones con terroristas y ensalza a Otegi en el Parlamento Europeo. Y pásmense ustedes, amables lectores: con el apoyo de todos los grupos de la Cámara, Pablo Iglesias ha obtenido autorización del Congreso para seguir presentando el programa de televisión “Fort Apache”, en el canal iraní Hispan TV. Aquí vale todo: yo te doy, tú me das, ambos damos al otro y nos damos entre sí. Los trapos sucios entre nosotros,  los desacuerdos para la política, que pagan los ciudadanos. Estos son los que pretenden vendernos el cuento de la regeneración, apenas han tomado el poder en algunos ayuntamientos importantes y ya tienen inundada la plantilla  funcionarial con hermanos, cuñados, amiguetes y paniaguados sin oficio ni beneficio que nunca habían dado un palo al agua. Inmediatamente se han vuelto exquisitos, viajan en business, hoteles de 400 euros noche, y se inventan lo de oyente para justificar viajes y devaneos. Nunca sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió.   

Y agárrense que vienen curvas. La ministra de justicia que propone Pablo Iglesia si logran llegar al poder, Victoria Rosell, el  Tribunal Supremo admite a trámite una querella  por presunta prevaricación, cohecho y retraso intencionado de expediente,  en procesos que afectan indirectamente a su pareja, el periodista canario Carlos Sosa. La caricatura que de ella hace el ex fiscal general del Estado, Eligio Hernández, en algunos programas de televisión, aterroriza: tras una argumentación minuciosa dice que su ex señoría es de armas tomar.  A pesar de su imputación irá en las listas de Podemos a las próximas elecciones, el código ético del partido morado es camaleónico. 

Esta es la nueva política que proponen, unos y otros. Y estos  los gobernantes que pretenden convencernos  de que atienden la razón y el bien común. Pedro Sánchez empezó con el cambio, pasó al progresismo, más tarde a no sé qué circo mediático al que se han prestado algunos  medios de comunicación, campaña de puro marketing que ha durado cuatro meses y ha costado un retroceso institucional y económico  que todavía no se ha querido cuantificar. La nueva izquierda que promueve el PSOE de Pedro Sánchez, que inició Zapatero y acabó con todos los avances de reconciliación nacional desde la transición, nos traen al recuerdo la necesidad de saber la verdad sobre el 11- M, o la no aplicación de los recursos lícitos para poner fin al golpe de Estado permanente en Cataluña, que incluye al PP que, a pesar de su discurso integrador, han demostrado que nunca tuvo intención de aplicarlo. Ahora se han incrementado las visitas a Madrid (Puigdemont y Junqueras), que algunos medios de comunicación interesados califica de acercamiento amable, cuando de lo que se trata es de ponerle disfraz al saqueo permanente, ya se anuncian 3.600 millones de no sé qué historia, que se sepa, calculen las que se ignoran. Los sueldos de los mandatarios catalanes duplican o triplican los nacionales, incluido el del Presidente del Gobierno. Derrochan en embajadas, en medios de comunicación partidistas, en mantener esta parodia de “Nación”..., a costa de miles de familias que, en España, viven en la más insoportable miseria, haciendo juegos malabares para llegar a fin de mes,  o pasándolas canutas para conseguir pagar la educación de sus hijos de acuerdo con sus principio y valores, incluso, recurriendo a los tribunales en el intento de evitar que sean manipulados  como producto de laboratorio, juventud fácilmente moldeable de  una educación aducida a entretenimientos viles, sin  inquietudes, incitada a las moralidades más sórdidas. Una desgracia más que asola este país y pone en evidencia los valores de una sociedad que lo permite mirando para otro lado. Es imprescindible y urgente que todos los partidos, en consenso unánime, acuerden una estructura educativa que contemple diferentes trayectorias para garantizar unos valores mínimos de educación vigente en todos los territorios del Estado. No parece probable, el PP acaba de traspasar esta competencia a las CCAA. Incomprensible. 

Por desgracia, estamos gobernados a golpe de ocurrencia, hoy llamado progresismo en una paradoja siniestra. Desde que nos tocó Zapatero, este muchachito tan listo que se dedicó a arreglar España en lugar de dedicase a  sus zapatos, y su ayudante, Sánchez, que solo le había dado tiempo a remendar punteras y ya quiere hacernos unos botines. Y no es que los anteriores fueran unos lumbreras, al menos creían en España, respetaron su Constitución y, puestos al balance, con más aciertos que errores –otro vendrá que bueno me harán-. Y el actual –hoy en funciones-, Mariano Rajoy, que en sus cuatro años de mayoría absoluta, maravillado de haberse conocido, noqueado de tan enloquecido alucine, le cabe el éxito indiscutible de la recuperación económica, el caos de paro y ruina que se encontró como herencia: el único acierto de  su legislatura. Que no es poco, dado el panorama que se vislumbra. 

Los españoles deberíamos recobrar nuestra responsabilidad en lo que está ocurriendo.  Acordar un ERE para jubilar -sin sueldo- a toda “la casta” política afín de que comprueben los equilibrios que, la llamada clase media, tiene que hacer para conseguir la supervivencia, ya nos digamos los de abajo, perdida ya su identidad. Y, en un golpe de genialidad, sustituir a todos los mandatarios por los Almodóvar de turno, los Imanol Arias y los Bertín Osborne (cabezas de turco, posiblemente), incluido Vargas LLosa que últimamente es más famoso por su suscripción al Hola que por su eclipsado Premio Nobel. Y una vez constituido el cuadro artístico  ponerlos al frente de la gobernabilidad del país a ver si, a través de las habilidades financieras que se les atribuyen, convierten a España en un “paraíso terrenal” para que, aunque sea por una vez, los españoles podamos olvidarnos de la política y tomarnos unas vacaciones, pagadas por el Estado, en Benidorm que tampoco conviene abusar. Las playas caribeñas las reservamos para los que mandan. Todavía hay clases, lo decía Pablo Iglesias al referirse a la Rosell, empecinada en que le abran la zona VIP de los aeropuertos para no codearse, supongo, con los desheredados que ellos pretenden salvar en su teórica propaganda populista.          

 Ahora intentan volver a engañarnos con nuevas elecciones, cuyos resultados se prevén parecidos, y una nueva legislatura de imposible regeneración. El escenario es el mismo, la representación, no, algo que no detestan las encuestas, ni la mayoría de nuestros políticos. El ánimo del electorado ya no es de rabia o cabreo, sino el de cansancio y precaución. Esta es la sensación que se refleja, el descontento de los electores, el hartazgo y la rutina que representan. Si unos y otros siguen empecinados en su discurso para qué ir a votar, mejor que nos inviten a unas cañas a ver si, tras el  alboroque, conseguimos que reaccionen.  

Elblogdepacobanegas 5 de mayo 2016

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