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CATALUÑA: 21-D

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CATALUÑA: 21-D 

IMPREDECIBLE: RIDÍCULO ELECTORAL O DESASTRE ECONÓMICO 

 

Ha pasado mucho desde que el separatismo rompiera el orden institucional con un referéndum ilegal y una declaración de independencia en Cataluña. Es tiempo, ahora, de mensajes nítidos en defensa de los valores esenciales de la Constitución. Necesitamos una política de Estado que se proponga reconstruir Cataluña y un compromiso de los partidos constitucionalistas por la democracia, por tanto, es crucial un cambio de Gobierno y de clima en la Generalitat que permita reordenar el panorama político en cauces de normalidad institucional.  No es momento de volver a los enfrentamientos partidistas entre quienes están llamados a retos de mayor altura política.

Todo está muy confuso y contradictorio. Sería deseable que las elecciones del 21-D acabaran con los votos ocultos y la Cataluña silenciosa, pero el futuro no parece estar tan claro. Estamos, probablemente, ante las elecciones más complejas vividas en Cataluña y cualquier pronóstico resulta aventurado. Seguramente sean tambiélas más participativas de modo que la menor abstención favorecería al bloque constitucional. Los votantes serán más que nunca responsables de las consecuencias de su voto, pero también es probable que el resultado no despeje la gran incógnita, lodatos vaticinan  que difícilmente podrá recuperarse la normalidad política. Al artículo 155 le queda, por tanto,  más recorrido de que desearían los  propios nacionalistas y, por supuesto, el Gobierno de Mariano Rajoy. Será a partir del día 22 de diciembre cuando realmente se aprecie el nivel  de eficacia que han tenido las medidas aplicadas y  el grado de compromiso de PP, Ciudadanos y PSOE. De ellos va a depender el que puedan ganar sin gobernar o, incluso, que puedan perder, pues es evidente que uno o dos puntos más de participación pueden dar el vuelco, suponiendo que su grado de responsabilidad les permita, después de las elecciones, formar un frente constitucionalista responsable.  

Por primera vez en mucho tiempo el constitucionalismo está en condiciones  de doblar el pulso al separatismo catalán, sin embargo las encuestas pronostican un escenario electoral no exente de sorpresas, es el recuento del último voto del que depende el desenlace final.  Podría ser la candidatura promovida por Ada Colau y Pablo Iglesias la que actuara como árbitro de la mayoría parlamentaria, con sus escaños, tres menos que en el 2015. Entre los nacionalistas el avance de Puigdemont a costa de Oriol Junqueras es evidente y prácticamente están empatados en torno a los 20 puntos. El liderazgo de Ciudadanos tendrá consecuencias en la reordenación del voto no nacionalista en Cataluña y del voto de centro derecha a nivel nacional, el liderazgo de  Inés Arrimadas se impone en votos y escaños a costa del partido PP que está en retroceso y en camino de registrar un resultado que les dejaría en una situación muy  delicada: tres o cuatro escaños; curiosamente en el mes en el que el Gobierno ha actuado para reponer la legalidad en Cataluña. Ciudadanos y PP sumarían entre 38 y 40 escaños.  Los socialistas afrontan las elecciones como cuarto partido: 22 o 23  diputados. Juntos los tres partidos constitucionalistas sumarían entre de 60 a 63 escaños, cerca de la mayoría absoluta. Nada definitivo, cualquier posibilidad resultaría alcanzable.   

Sea cual sea el resultado de las elecciones del próximo jueves en Cataluña necesita una reflexión de concepto, y es precisamente su localización. El conflicto catalán no es un problema exclusivo de los catalanes, es un problema de España y por tanto son los españoles en su conjunto a los que corresponde afrontarlo. Tienen capacidad para decidir quién compone su Gobierno, pero si ese Gobierno traspasa los límites legales para abolir el orden constitucional  de la nación de la que forma parte, es el Estado el que tiene que ejercer la autoridad y restablecer el orden.  Por tanto las elecciones pueden o no resolver el problema, o simplemente aplazarlo.  

19 de diciembre 2017

 

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