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Esperemos que el golpe de estado no sea irreversible. Es necesario que Cataluña siga formando parte de España,  por el bien de todos los españoles . 

     Los últimos datos publicados demuestran el indiscutible acierto de la política económica del Gobierno que, de  no haber sido así, de no haber acertado, habría supuesto la quiebra y el rescate, una recesión de la que, con toda seguridad, la situación del país sería otra en estos momentos. Según el Profesor Lagares, para El Mundo: señala un crecimiento real para todo el año 2015 del 3,3 del PIB, la tasa más clara de crecimiento de la Unión Europea.

       El empleo ha comenzado a crecer con fuerza. Y la industria está comenzando a recuperar algo del peso relativo que tenía antes de la crisis. Pero es evidente que no ha sido suficiente, le ha faltado reflexión y una buena dosis de sensibilidad. Ante la incapacidad de vender sus logros económicos, el electorado le ha vuelto la espalda, incluido sus propios votantes, ni siquiera el voto útil ha servido de consuelo.  La autocomplacencia ha pasado factura, reiteradamente, y su empecinamiento no ha recuperado la cordura hasta que las orejas del lobo eran tan grandes que no ha tenido más remedio que mirar para sí mismo y ver que algo había que rectificar. La gota que ha colmado el vaso ha sido precisamente el órdago separatista y su referéndum –celebrado a pesar de la prohibición del Tribunal Constitucional-, mientras el Gobierno agachaba la cabeza.  Tres años de constantes desacatos, retos, desafíos, se han ido acumulando como bola de nieve ante las vacilaciones del Presidente del Gobierno y su pusilánime respuesta, que ha supuesto una altísima factura en rescates a Cataluña -insaciable por cierto-, y ha puesto sobre el tablero una serie de ambigüedades y atribuciones equívocas que han ido construyendo un estado sumergido del que vienen estos lodo que nos inundan ahora.  

     Se acabaron las contemplaciones, hay que actuar con contundencia. España vive un episodio institucional de los que marcan época, esperemos que no termine en tragedia. Por tanto el Gobierno debe estar a la altura de la dimensión histórica del reto. Los errores cometidos a partir de ahora pueden pasar factura impagable a corto plazo. Con apoyo y sin apoyo de los otros partidos el Gobierno debe poner en marcha cuantos mecanismos le permite el estado de derecho, absolutamente todos, ya es hora de que se responda adecuadamente al desafío planteado a la unidad de España y el respeta a la Constitución. Hay que tener en cuenta que tienen enfrente un enemigo irracional y suicida, apoyado por un grupo mafioso, una pandilla de anarquistas psicópatas, xenófobos, que conforman el  CUP y asociados, convertidos en comparsa de un payaso iluminado llamado Arturo Mas,  que se prefiere muerto antes que vencido, aunque con las espaldas bien cubiertas.  Hemos empezado mal pero vamos a procurar que termine bien aplicando la ley y la Constitución en todos sus extremos, incluido el artículo 155 que se tenía que haber aplicado mucho antes. 

           Las veleidades de Zapatero con su concepto de nación, discutido y discutible, que pone de manifiesto su simpleza e ineptitud, el desconcierto del Partido Socialista, en situación de equilibrio inestable permanente, quiere abrir el melón del modelo federalista sin ni siquiera tener un concepto claro de lo que significa: algunas autonomías tienen, incluso, más  competencias;  y la permisividad del Gobierno que ha tardado tres años en reaccionar, han dado lugar a una situación que puede ser irreversible. Esperemos que sepan estar a la altura para evitar lo que puede ser una catástrofe. La democracia no es negociable, afirma con contundencia Albert Rivera, de Ciudadanos, un político con futuro, de talla indiscutible, de los que tan necesitada está nuestra democracia, pero que le falta experiencia y equipo, y la prudencia aconseja actuar sin precipitación si quiere ser alternativa permanente, y no parcial, o fugaz, de gobierno. Si sabe esperar y actúa con inteligencia pronto  será promesa ilusionada con mayoría absoluta.  

          Recapitulando para dejar bien sentadas las bases. El Gobierno ha acertado plenamente en el planteamiento económico, pero debe reflexionar sobre otras carencias que han difuminado sus aciertos, especialmente el golpe de estado protagonizado por los separatistas catalanes, se ha permitido reiterados desacatos. Las posturas inmovilistas del Presidente, Mariano Rajoy, de su gobierno, y del partido que lo apoya, nos han llevado a esta situación de verdadero golpe de estado con su incapacidad de prever lo que podía suceder. Nos hemos quedado sin dirección y sin proyecto, no solo está abierto el debate de Cataluña, también el del País Vasco en desafío permanente.  Hay que actuar con contundencia y llegar hasta sus últimas consecuencias. En el momento mismo en que el Parlamento de Cataluña  inicie la aprobación de su proclama de independencia, el golpe habrá triunfado si antes no se cercena con la misma firmeza. El calendario juega a favor de los independentistas. Nosotros acabamos de disolver las Cortes y afrontamos una campaña electoral  con su dosis de confrontación y de disputa. Hay que poner sobre la mesa un conjunto de medidas desde la fortaleza del  estado de derecho. Había que haber previsto que esto iba a llegar. Carreras enloquecidas de cesiones que nos han llevado a este diabólico proceso, el mayor riesgo desde que arrancó la democracia. Hay que actuar con contundencia, cortar de raíz este despropósito, reforzar España y luego, con el chantaje controlado, dialogo, y no al revés, reforma de la constitución, si es preciso. Una reforma a través de una mayoría de españoles que apoye sin fisuras. Y gobierne quien gobierne hay que defender los valores institucionales y la unidad de España. 

1 de noviembre 2015 

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