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EL POPULISMO

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IGLESIAS, COLAU, CARMENA, Y COMPAÑÍA

El populismo es una epidemia de oportunismo y demagogia que amenaza el sistema inmunológico de las sociedades democráticas. Si el populismo fuese un término insignificante –una palabra de moda-, su actualidad solo resultaría de interés para la sociología del lenguaje. O, como mucho, un recurso lingüístico para oportunistas, cuyos ejemplos podemos ver de forma reiterada, pero ha llegado a más, el populismo es aprovecharse de poder en lugar de ejercer la autoridad. Las ciudades de Madrid y Barcelona, entre otras de las más importantes de España, están en manos de unos equipos sin aptitudes para dirigir una gran ciudad. A base de populismo se han apoderado de la situación para poder sobresalir con la cochambre, es la forma que trata de esquivar la responsabilidad personal buscando culpables imaginarios. Su discurso explota el desencanto con la cínica promesa de falsas esperanzas.

Manuela Carmena y el grupo Ahora Madrid han demostrado que llegaron al Ayuntamiento de la capital de España por un accidente electoral y se han topado con la realidad de una ciudad que supera con creces su capacidad de gestión. En idénticas condiciones Ada Colau en Barcelona que gobierna a base de ocurrencia, si a eso se le puede llamar gobernar. Gracias al apoyo vergonzante del PSOE, sus formas de gestionar son una sucesión de espasmos ideológicos y sectarismo. Una forma de hacer política que pretende devolver el poder a las masas populares frente a las élites. Pura demagogia, apelación emotiva al ciudadano con soluciones simples o imposibles a problemas complejos. Este es el populismo que la desigualdad social puso en marcha y que ahora se extiende como la pólvora, con la mirada perdida de PP y del PSOE. La ceguera institucional está haciendo el resto, y la miserable talla política de los dirigentes a nivel de incapacidad hace lo demás.

Gobernar en una ciudad como Madrid, Barcelona, Valencia.... es un ejercicio de responsabilidad ciudadana, de servicio público, de planificación, de estrategias a medio o corto plazo; diagnosticar los problemas con base técnica y buscar soluciones con expertos. Estas grandes ciudades se han convertido en las cobayas de unos aprendices escasos de talento –faltos de experiencia-, cuyas consecuencias las estamos pagando los ciudadanos que vivimos en ellas. El populismo triunfa porque en un ambiente de pesimismo social la mentira resulta mucho más seductora que ciertas verdades antipáticas. Y así es como Podemos ha alcanzado un éxito incontestable, en tres años ha pasado de un experimento de laboratorio, a una fuerza con potente demagogia parlamentaria que además gobierna en las principales ciudades del país gracias a un PSOE perdido en sus propias contradicciones.

Solo existe una explicación posible para esta sinrazón indignante. Muchas cosas han fallado cuando varios millones de personas de nivel cultural más que aceptable se consideran portadoras de un privilegio colectivo incompatible con cualquier proyecto igualitario. Con una insólita capacidad para protagonizar el debate público ayudado por el duopolio televisivo, se han apoderado de la hegemonía de las redes sociales que, directa o indirectamente alimentan el auge de movimientos xenófobos impulsados por el miedo y por la rabia, hábilmente manipulados. Para este negocio se ha inventado una gran mentira de la que no participan una gran parte de los españoles que viven al margen de esta burbuja falaz en la que coexisten políticos de cartón, periodistas de medio pelo y los podemitas ascendidos a categoría política. Un movimiento social nacido a rebufo de la crisis económica y de la corrupción ha terminado instalado en los sillones del poder. Desde las instituciones de autogobierno forzar el proceso constituyente para el que Pablo Iglesias no encontró masa crítica ha sido la panacea. Iglesias ya no puede contar con el PSOE y ha desplazado la ofensiva hacia el frente catalán y los independentistas. Los secesionistas, que a pesar de sus bravuconadas están perdiendo terreno, necesitan reforzarse con el conglomerado que encabeza la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, cuyos votantes están a favor del derecho de autodeterminación, o de okupación, oficio que les viene de cuna, y lo bordan, como realmente ha ocurrido en Cataluña, que está okupada. Mientras Rajoy contempla con más pasividad que cuando el PP gobernaba con mayoría absoluta, de hecho se ha convertido en el mayor aliado del los secesionistas.  El gran error posiblemente está en haberles reconocido privilegios incompatibles con  el Estado de Derecho, comenzando por el apelativo de histórico, cuando historia tiene tanto o mas cualquier otro rincón de España. Y la tolerancia a la aniquilación de cuanto suena a Español, empezando por la lengua y terminando por los símbolos nacionales. La política ya no se hace en el Parlamento, el Congreso a pasado a ser simplemente un plató desde el que los nuevos partidos ofrecen sus estudiadas extravagancias a los noticiarios. 

La irrupción del populismo ha contaminado de tal manera la política que se ha convertido en una epidemia de oportunismo y demagogia capaz de invadir al mundo occidental. El movimiento populista ha hecho explosión en Estados Unidos, en Gran Bretaña, Italia, y amenaza con desequilibrar Alemania y Francia. España estuvo al borde, allá por junio, de entregarse al “Flautista de Hamelin”. Tuvimos suerte, o acaso suficiente madurez, para que la melodía no sonara contagiosa. Se le vio el plumero a su receta trucada. Sin embargo, ya estamos advertidos. A partir de ahora todos sabemos cómo funciona el fenómeno y la forma de afrontarlo.

17 de enero 2017 Las fotografías pertenecen a sus autores

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