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Callejón sin salida

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La irresponsabilidad política produce una parálisis institucional y económica inasumible para nuestro país. Europa observa asombrada la incapacidad de los políticos españoles para formar una coalición de gobierno. 

La gran preocupación es que la inestabilidad política genera nueva inestabilidad económica en España, el fantasma más temido en Europa.

En el país se han cumplido 300 días en blanco. La incertidumbre política que vive España desde que el 27 de octubre se disolvieron las últimas Cortes de mayoría absoluta podría resumirse en fracaso continuo del PSOE, inmerso en una parálisis institucional sin precedentes y sin visos de una urgente solución para los múltiples frentes abiertos. 

 Esta semana pasada, mientras el Partido Popular y Ciudadanos acercaban posturas para intentar salir del atolladero, Pedro Sánchez se negaba  a atender la llamada de Mariano Rajoy. La investidura ya tiene fecha, el 30 de agosto, si el PSOE  mantiene su “no”, unas terceras elecciones podrían ser una realidad el 25 de diciembre: día de Navidad. España llevaría un año  sin poder aprobar una sola reforma para afianzar su recuperación económica. La repetición de elecciones solo tiene un precedente en la Unión Europea, el de Grecia en el 2012. Fuera de la UE el referente es Turquía, que llamó a las urnas en cinco meses ante la imposibilidad de formar gobierno. Lo que no tiene precedentes es que se celebren unas terceras elecciones. Tampoco tiene precedentes en una democracia la miseria moral que atesoran los políticos españoles. 

 

En otras palabras, transcurrir diez meses sin aprobar una sola ley, sin afrontar una sola reforma, o sin poner al día la normativa europea que afecta de manera directa a todos los españoles es un error que nuestras instituciones y nuestras inversiones empiezan a pagar caro. El bloqueo ya no es ni siquiera una amenaza futurible con la que justificar un tactismo  capaz de hastiar al electorado hasta límites insospechados. Nadie está en condiciones de aventurar la respuesta de los ciudadanos. Las conjeturas sobre la abstención son meras especulaciones. No es posible predecir quien saldrá peor parado, aunque sí se augura una mejora para el PP, como mal menor. España necesita salir con urgencia del marasmo y que el PSOE rectifique con un mínimo de generosidad para asumir su derrota en las urnas y dar por concluida esta parálisis. 

España se ha mantenido hasta ahora gracias a que los Presupuestos Generales del Estado de 2016  se aprobaron el 20 de octubre, lo que permitió que la economía mantuviera un buen ritmo de crecimiento, a la cabeza de Europa, mientras el paro no ha dejado de bajar. La parálisis política se ha transformado en un parón reformista que ha encendido todas las alarmas. El Gobierno lleva casi un año en funciones, a medio gas,  con las manos hatadas para tomar decisiones, impulsar reforma o proyectos de ley.  

No conviene poner paños calientes a crisis institucional que padecemos. España sufre una pérdida de credibilidad en Europa, la imagen de país políticamente estable se ha deteriorado, pende de nosotros la amenaza de una multa de más de 6.200 millones de euros si no se consiguen aprobar los Presupuestos Generales en octubre, y la pérdida de inversiones en un entorno de crecimiento realista puede adquirir en breve tintes alarmantes. 

La única respuesta útil es favorecer la investidura del candidato del partido claramente ganador de las elecciones generales 26-J e impedir la celebración de nuevos comicios en plena Navidad. Sería un error de proporciones brutales que  abocara a los españoles a promover un voto de castigo imprevisibles y una abstención sin precedentes. No está en juego solo el presente y el futuro de España, que ha perdido un año de modo irresponsable envuelta en un absurdo embrollo de vetos personales y de temor a la lógica de una gran coalición PP-PSOE, que habría sido la solución más razonable desde el 20-D.  

La negociación entre PP y Ciudadanos vertebra la agenda política, pero ninguno de los dos partidos oculta que el objetivo es sumar al PSOE. Desde el equipo de negociación naranja aseguran que es el único camino,  emprender un plan de emergencia social  con el que intentar convencer al PSOE. Rivera quiere pactar con el PP medidas económicas y políticas a cambio del apoyo de sus 32 diputados. Pero es pretensioso  decir a los demás como tienen que barrer su casa. También en el respeto se basa la democracia. 

La entrada de nuevos partidos en el Parlamento y la radicación de los nacionalistas obligan a un mínimo de entendimiento entre los dos grandes partidos para no llevar al país a un callejón sin salida. Un buen caldo de cultivo para la ambición secesionista que aprovechan el mal momento que atraviesa la nación para lanzar su órdago. Está en juego el crédito de nuestro país y de nuestra política porque lo que está ocurriendo es sencillamente una falta de respeto al electorado y un desprecio a la voluntad de acuerdo  emanada de las urnas. El brexit de Gran Bretaña, las incertidumbres económicas europeas y mundiales, la amenaza del terrorismo yihadista, la injusticia social, entre otras reformas de urgencia, exigen un gobierno fuerte y estable con plena capacidad para afrontar los desafíos.  

 Hoy, el principal responsable de este bloqueo sigue siendo e socialista Pedro Sánchez. En febrero intentó formar una mayoría de “cambio” con Ciudadanos y Podemos. No lo logró y además fue castigado en las urnas con el resultad más pobre obtenido por el PSOE en toda su historia, 85 escaños. Su obsesión por vetar un gobierno del PP debe tocar a su fin. España no merece seguir paralizada un solo día más. Las terceras elecciones nunca pueden ser una opción. Todos juegan  a resistir con la esperanza de ganar, sin reparar en el gasto que pagamos todos a escote. En su mutuo furor aniquilatorio, Sánchez y Rajoy parecen dispuestos a rodar juntos a un abismo que a casi nadie importaría si no mediase a circunstancia de que con su ambición podrían arrastrar al país entero. 

Nadie sabe lo que va a pasar, ni los comentaristas políticos son capaces de ponerse de acuerdo. Las versiones difieren tanto como las opiniones: unos creen que los socialistas, algunos al menos, se abstendrán en el último momento y hará investidura de Mariano Rajoy.  Otros creen que ese país ha entrado en una especie de bucle del desánimo  que hace posible cualquier deterioro: no hay que descartar que al final España se encuentre con un Frente Popular que integre a socialistas, comunistas,  lo peor del separatismo y los antisistema. También hay quien opina que ni Rajoy será investido ni Sánchez habrá entendido el mensaje de sus cinco millones de votantes ni Rivera nos regenerará ya: esta época pasará a la historia como la de la corrupción desatada. Otros no descartan ni la vuelta de Tejero. Tampoco si Pedro Sánchez intentará algo; da la impresión que más bien quiere resolver sus pugnas internas y llegar a otras elecciones. También que Rajoy no será investido y Sánchez podrá exhibir el trofeo que busca. O que la abstención vendrá  en una segunda sesión después de las elecciones vascas, porque el PSOE  no explorará un gobierno alternativo.  Las opiniones más generalizadas coinciden en que o los socialistas permiten que Rajoy  gobierne, o Santa Claus le traerá la mayoría absoluta cuando volvamos a votar. La impresión final que se deduce es que  los políticos han demostrado que la poltrona les preocupa infinitamente más que el país. Por tanto, las urnas solo tendrían sentido si fuesen acompañadas de una renovación total de todos los candidatos. 

 Y algo más que tendría que provocar una reflexión profunda, saber quién tiene la responsabilidad y autoridad para obligar a que el país funcione. La Cortes otorgaron al Tribunal Constitucional el poder de suspender de sus funciones a aquellos cargos que incumplan, defender los desafíos del secesionismo y poner orden en tanto desatino. Quizás, los padres de la Constitución se olvidaron de la principal: prever la autoridad que controle a los controladores. Pensar que algo o alguien puedan estar en posesión de la verdad absoluta es una ingenuidad, un error de consecuencias imprevisibles, como estamos viendo. 

elblogdepacobanegas 25 de agosto 2016

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