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Borrón y cuenta nueva

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La ocasión la pintan calva. Mariano Rajoy y el Partido Popular deben aprovechar esta nueva  oportunidad que les brindan los electores. 

Los españoles han decidido dar a Mariano Rajoy una nueva oportunidad, supongo que la experiencia le habrá servido de lección y tomado buena nota.

No lo parecía anoche, en su comparecencia tras el escrutinio del 26-J, incapaz de pronunciar un discurso coherente y, mucho menos, ilusionante, encantado de haberse conocido. Mal principio para el presidente de España, que debe saber controlar sus emociones. Ya es la segunda vez: su vehemencia fue letal en su primera investidura, con aquello del “traspaso modélico” de Zapatero. Y Lo que los españoles no le perdonarían nunca es que, después de haber demostrado sentido común, alejándose de extremismos y aventurismos, no estuviera a la altura corrigiendo sus errores. Mariano Rajoy ha recogido el fruto de las expectativas del miedo, que no gobernara el populismo de Podemos, con el escalofrío del Brexit todavía en la espina dorsal de los electores europeos y, desde luego, españoles. Que ha servido también para que el PSOE se haya librado del sorpasso,  del que, al parecer, Pedro Sánchez no ha aprendido nada, sigue sacando pecho. 

Los datos más relevantes de las elecciones de ayer no pueden ser más evidentes: ha ganado el Partido Popular y han perdido las encuestas. Ni siquiera las de pie de urna se han aproximado. Los españoles han votado esta vez con la cabeza, apoyando lo conocido, pese a sus defectos, en vez de escuchar los cantos de sirena de los malabaristas ideológicos. 

 España asistió al segundo asalto del combate  que enfrenta a los defensores de esta aburrida democracia parlamentaria nuestra con los exaltados del golpismo populista .Con una abstención que  volvió a rondar el 30 por ciento: más de diez millones de electores -siete puntos por debajo del 20-D-, una proporción histórica, los ciudadanos no encontraron razones de altura para acercarse a votar.  

 Las conclusiones inmediatas del  resultado de las elecciones son claras: el sorpasso” ha sido un gran sorpresazo. España ha parado en seco al populismo y ha triunfado la moderación, el equilibrio, la mesura, todos esos valores  que son la antítesis de Podemos.  El único vencedor ha sido PP, y Rajoy al que tantos han dado por muerto en los últimos meses. Todavía está lejos de una mayoría suficiente para gobernar, pero es el único líder que sale reforzado de estas elecciones.  Ciudadanos y el PSOE tendrán que elegir la fórmula adecuada para facilitar un Gobierno popular: voto expreso, a favor o abstención. Ni Pedro Sánchez ni Albert Rivera están en condiciones de objetar de nuevo el veredicto de las urnas. Urge por ello que asistamos a un alarde colectivo de generosidad histórica. 

Los ciudadanos han sido muy explícitos, especialmente con Rivera, le toca ahora honrar la confianza depositada que, en condiciones de máxima polarización, han creído en su limpieza y capacidad de tender puentes.. Esta es su oportunidad. Va tener que hilar muy fino, sabiendo que con menos fuerza es más decisivo que ayer. El PP  ha logrado atraer el llamado voto útil, por el cual cientos de miles de españoles han optado por introducir en las urnas las papeletas del partido de Génova. El PP ha recuperado muchos votos “prestados” a Ciudadanos y ha sumado otro nuevo, gracias a lo cual ayer pasó de los 115 a 137 –con casi el 33 por ciento de los votos y 625.000 apoyos más que el 20-D-, mientras el partido de Rivera retrocedía de 40 a 32. Entre ambos se puede formar una mayoría parlamentaria de 169 diputados, seis más que el asado año, cerca de la mayoría y superior a la que formaría el PSOE con Podemos. Albert Rivera ha salido perjudicado por una mala orientación en el veto al presidente, que ha espantado a sus votantes naturales de centro derecha. Esperemos que tome nota de ello. 

 La izquierda ha fracasado claramente en su intento de formar un bloque mayoritario en el Congreso y en su lucha interna ha salido ganando el PSOE, que ha evitado verse superado por Unidos Podemos que, a su vez, fracasa respecto a las expectativas de adelantamiento creadas por la fusión de las dos marcas, aunque dicta de ser un fenómeno efímero e inocuo. La extrema izquierda de Pablo Iglesias ha sumado  los mismos escaños que obtuvieron por separado Podemos e IU, 71. Y ha perdido más de un millón de votos respecto a los resultados por separado de hace seis meses- 

De todas las estrategias puestas en marcha, solo la de los populares ha tenido éxito. El PSOE rompe su suela electoral, abocado a una crisis refundacional que exige revisar su papel en la España actual. De 90 escaños pierde 5, un resultado dramático para el PSOE, los peores resultados de su historia. Ganar a Unidos Podemos solo es un consuelo endógeno, pero de cara a las necesidades del país aporta poco. Pedro Sánchez apenas logra salvar los muebles. Por su parte Iglesias sufre una gran derrota que no se esperaba, cegado por una arrogancia frente al PSOE para la que no tenía credenciales. Ni ha asaltado el cielo ni ha ganado a los socialistas que pueden darse con un canto en los dientes porque hasta hace unas horas andaban preparando su sepelio temerosos de que Podemos les adelantase. Mientras Ciudadanos ha pagado dos errores de bulto: el pacto con el PSOE en la anterior efímera legislatura, y la obcecación de su líder contra Rajoy. Rivera no ha sabido decir para qué quería estar en la política española, más allá de repetir eslóganes regeneracionistas que ya sonaban de segunda mano. Sus votantes querían saber que iba a hacer y no fue transparente.  

El claro vencedor ha sido Mariano Rajoy, que ha ganado por tercera vez y con diez puntos sobre el segundo (52 escaños de diferencia), aunque debe interpretar con cautela los resultados porque carece de mayoría suficiente para acudir con garantía a la investidura. Esta vez Rajoy debe asumir el reto de buscar apoyos o abstenciones desde el primer momento. Enfrente ya no tendrá el mismo PSOE ni el mismo ciudadanos, sino  dos formaciones a las que ha derrotado con más margen en las urnas. Aun así, solo con 137 escaños no puede ser investido presidente. Y este dato tan simple le fuerza a una dinámica negociadora que ahora sí es necesaria, y hasta urgente. Tomando el discurso de los contrincantes de Rajoy al pie de la letra, no es el candidato popular el que debe plantear su dimisión, sino aquellos cuyas estrategias para derrotarlo han fracasado. En principio, el balance es  una apuesta por la estabilidad del sistema. Refuerza el bipartidismo  y constituye un severo fracaso a las expectativas de Podemos. Es pronto todavía para profundizar en las causas del fracaso de la formación morada, pero es posible que la arrogancia de Pablo Iglesias, mostrando un rechazo enfermizo a la autocrítica e incapaz de  dar explicaciones de su financiación de su partido por el chavismo, hayan sido algunas de las causas. 

Por territorios, la victoria del PP es también muy significativa: recupera votos y gana claramente en la Comunidad valenciana, Galicia, Andalucía, Madrid, Extremadura y Castilla-La Mancha, Mejora en Cataluña y Canarias, aguanta en País Vasco y, León y Murcia. Frena las mareas y los movimientos nacionalistas de izquierdas, y se consolida como la opción de la estabilidad y la confianza en tiempo de crisis. El desafío separatista catalán seguirá topando con un estado firme. La única buena noticia para Sánchez son los pésimos resultados obtenidos en Andalucía, superado por el PP, debilita las pretensiones de Susana Díaz de dar el salto a Madrid. A Sánchez le esperan unas semanas muy complicadas porque tiene que convocar el Congreso de su partido en el que tiene pocas posibilidades de seguir dirigiendo la organización.  

Por otra parte, este gran éxito del PP conlleva una gran responsabilidad, pues por un momento dio la sensación de que España abrazaba irremediablemente el populismo, y eso no se puede repetir. Ahora es cuando vamos a ver si estos políticos que tienen acreditada su bajo perfil saben estar a la altura y piensan más en su país que en su poltrona. 

Comienza una nueva etapa política  que vuelve a poner en manos del PP y de Rajoy la responsabilidad de formar gobierno a través de pactos y transacciones con otros partidos. La corrupción le ha salido muy cara al PP y no debe olvidarlo. Muchas cosas tendrán que ser nuevas en la agenda diaria del PP. Sin mayoría absoluta el nuevo parlamento será hostil a Rajoy y sus proyectos de ley no dependerán solo de Ciudadanos. El futuro inmediato será complicado, pero no más que la legislatura que le espera si es investido nuevamente presidente del Gobierno

elblogdepacobanegas 27 de junio 2016 

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