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Europa preocupada tras el Brexit

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La Unión Europea no es un proyecto irreversible

La sacudida política y económica que ha producido el resultado del referéndum del Brexit (17,4 millones de británicos han apostado por la salida) fuerza a la Unión Europea a cambios en su organización y estructura de forma urgente si quiere evitar la deriva de desprestigio y la sensación de inutilidad que, al margen del resultado, sentimos los europeos.

Reformarse o morir es la disyuntiva. Más servicio al ciudadano que de forma permanente ha sido el gran perjudicado: adiós a la Europa de los ricos y los privilegios al empresariado; el fracaso de una Unión Europea insolidaria que se ha construido de espaldas a los pueblos que la integran.  El clima ambiental y empresarial está con la permanencia, pero el nacionalismo es un combustible que prende rápido y bien. El abismo que hoy se asoma a la sociedad británica, que ha apostado por abandonar la UE, refleja la deriva autodestructiva de las sociedades democráticas occidentales. El clima ambiental y empresarial que está en peligro por el avance del populismo. 

Cameron ha puesto a los británicos frente a lo irreversible. Le gusta jugar fuerte aunque ello lleve implícito su futuro político, como ha confirmado su dimisión. La división de su propio partido, los crecientes recelos provocados entre sus aliados internacionales y el odio inoculado en la sociedad británica durante la campaña han hecho mella en el perfil de un gobernante que ha demostrado su incapacidad y, especialmente, su irresponsabilidad (los referéndum los carga el diablo).  Esta decisión supone una gran tragedia para el Rino Unido, pero de una u otra manera, más o menos empobrecido,  sobrevivirá a esta decisión que a la larga va a resultar dramática.

La pregunta está en que va hacer Europa para sobrevivir a este peligro de ruptura que se puede extender como la pólvora, el peligro del populismo les va poner muy difícil el reto, y van a necesitar mucha altura política para solucionar, convencer e ilusionar.

España no está exenta de riesgos. Ni siquiera los analistas políticos ni los economistas son capaces de predecir las consecuencias, sin embargo hay índices suficientes para ser pesimistas. Gran Bretaña es, desde hace decenios, el principal socio de la economía española en el mundo. Los turistas británicos son los más numerosos y los que más aportan al sector, más o menos un 20% de los visitantes. También es el Reino Unido  el primer cliente de España en la exportación de servicios, y en el comercio de mercancías, en el 2015 fue nuestro cuarto cliente y sexto proveedor. La depreciación de la libra tendrá también efectos negativos sobre la inversión española directa en Gran Bretaña.  Y una mala noticia para las empresas españolas allí radicadas y para la economía, la depreciación de los activos exteriores, y nuestra posición en la inversión internacional que ya es uno de nuestros puntos débiles. No es el Brexit el mejor escenario para España, un país endeudado y necesitado de los mercaos financieros internacionales en el proceso de desendeudamiento.  Vamos a necesitar mucha estabilidad política, la economía española crece cuando hay tranquilidad, nuestra deuda pública no está preparada para demasiados sobresaltos. 

Los británicos  todavía no se han dado cuenta del daño que han hecho en toda Europa con este espaldarazo al populismo barato y su política de odio y resentimiento.

elbogdepacobanegas 25 de junio 2016

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