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MAL PRESAGIO

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  LA IZQUIERDA EN BRAZOS DEL POPULISMO MÁS RADICAL; EL SEPARATISMO SE ROMPE; LA DERECHA FRAGMENTADA; EL GOBIERNO SIN RUMBO…

No hay día en que la Moncloa deje de sorprender por su surrealismo, su incoherencia política, su frecuente cambio de guion y su insolvencia. La Moncloa baila al son de un preso sedicioso condenado a 13 años de cárcel y otros tantos de inhabilitación. A pesar de sus ínfulas de Virrey (por primera vez en España tenemos un Gobierno que intenta laminar la institución monárquica) Sánchez es en realidad el presidente más débil de nuestra democracia. Vive en el alambre, sobreviviendo día al día. Para eso tiene la televisión estatal -amén de otras más serviles- donde puede pintar el cuadro más amable y plácido de España y hasta darse el gustazo de justificar sus contradicciones. Empezando por su cambio de opinión sobre Pablo Iglesias.

Las mentiras de Sánchez ya son lo de menos. Lo peor es el arrodillamiento a las -ordenes de unos delincuentes -Torras y Junqueras lo son-, que tienen atado al presidente del Gobierno y se han propuesto revocar la unidad nacional, el principio de soberanía, la legalidad del Parlamento y la destrucción de la autoridad de nuestros tribunales, que en definitiva es la autoridad de la ley. 

La viabilidad de la legislatura de Pedro Sánchez se juega en gran medida en Cataluña. El presidente necesita sacar adelante unos presupuestos Generales del Estado que, tras la victoria electoral, termine de dar carta de naturaleza a su mandato tras más de año y medio ya en la Moncloa como presidente interino, sin ningún punto que sumar a su favor. 

Recién inhabilitado Torra por el Supremo, Sánchez anuncia que la próxima semana visitará en Barcelona al dirigente xenófobo, al que hace un mes colgaba el teléfono. Por ello, y pese a que los resultados concretos no se esperan a corto plazo, el Gobierno da carta de naturaleza a Quim Torra pese a su situación gregaria respecto a Carles Puigdemont y su escaso futuro político a cuenta de su inhabilitación. Por tanto y salvo que medie alguna eventualidad, Torra es para el Gobierno su interlocutor como presidente de la Generalitat. La nave avanza, empujada por el pacto secreto Sánchez – Junqueras y camuflada por un aparato de propaganda del PSOE que aspira a liquidar el principio de verdad objetiva: Junqueras sostiene a Sánchez en la Moncloa y a cambio el sanchismo se compromete a sacarlo de la cárcel. Y facilitarle la llave de la Generalitat. 

Así que habrá que reconocer, después de la sentencia del Tribunal Supremo, que lo que Quim Torra está haciendo es rebelarse contra el más alto tribunal de justicia. No sé si rebelarse contra lo que dicta el Supremo es un delito de rebelión, sedición o una falta menor; como la que te ponen las autoridades de tráfico por superar el límite de velocidad. Un Gobierno digno de este nombre empieza por hacer cumplir la ley y las sentencias, y este no piensa hacer ni lo uno ni lo otro. Muchos españoles creen que el franquismo nos vacunó contra el autoritarismo, pero se equivocan. Las dictaduras de izquierdas no se rinden, se perpetúan perpetuando la miseria, para que los súbditos dediquen todos sus esfuerzos a sobrevivir y no tengan tiempo de pensar, que para eso ya están ellos. 

“Nuevo Escenario”, nombre oficial que ahora recibe el procés, con una gala inaugural prevista para el próximo 6 de febrero y protagonizada por Pedro Sánchez y Quim Torra. Reunirse con un delincuente, figura entre las facultades del presidente del Gobierno, que hace solo unos días y con motivo de la visita de Juan Guaido a Madrid dejo claro quien se encarga en España de legitimar y deslegitimar a quien convenga, inhabilitado o no. Torra vale a Sánchez, pero el presidente del Ejecutivo tiene donde elegir: hay mesa de negociación y hay banquillo. Todas estas consideraciones las maneja el Gobierno que, no obstante, seguirá confiriendo legitimidad institucional a Torra como interlocutor hasta que el Tribunal Supremo se pronuncie definitivamente sobre la inhabilitación para cargo público que ya dictó el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. 

El Parlamento de Cataluña volvió a celebrar un pleno delirante y surrealista, en el que ERC aceptó la decisión del Tribunal Supremo de retirar el acta de diputado a Joaquín Torra, y en el que se evidenció de modo tan explícito la fractura interna en el independentismo que la legislatura quedó herida de muerte. Y fíjense el lío que han armado: Torra no puede ser diputado, pero puede ser president. Lo que no impide que Pedro Sánchez se reúna con él en febrero para concertar la mesa que, con ERC, encarrile el problema catalán. Antes del pleno, el propio Torra había amenazado con convocar elecciones si ERC le forzaba a abandonar su escaño, y eso fue exactamente lo que hizo el partido que dirige Oriol Junqueras desde prisión. No hay ningún otro Gobierno en el mundo en el que un político condenado siga en el ejercicio de sus funciones que le han sido retiradas por la Junta Electoral al tiempo que amenaza con repetir el golpe de Estado que le ha llevado a donde está. Sánchez empieza a confundir su persona con el país al que representa como presidente de su Gobierno, padece una insuficiencia propia de su voluminoso ego, cree que podrá amansar a los separatistas que hace tres años dieron un golpe sedicioso, cuyas consecuencias no se han sabido controlar. Además, los separatistas anuncian que llevaran a la mesa de negociación las exigencias de la independencia. Hace falta mucha desvergüenza para llegar a esta ignominia y, además, otorgarles privilegios. Más la obscenidad de enmendar el Código Penal para que Junqueras y compañía puedan salir de la cárcel, con un indulto encubierto. La tensión entre los dos grupos mayoritarios en el ámbito independentista, es máxima.

La fractura en el gobierno catalán es total. JpC y ERC arremetieron contra la Constitución en un bochornoso pleno, con la división de un ejecutivo que ya cuenta los días para las celebraciones autonómicas. De este modo, un pleno inicialmente orientado a aprobar los presupuestos del Parlament quedó reducido a una virulenta escenificación de la ruptura entre Esquerra y el partido de Torra y Carles Pugdemont. Por mucho que ERC mantenga que Torra debe seguir siendo el legítimo presidente de la Generalitat, lo cierto es que el separatismo se ha roto, y que el miedo escénico de Roger Torrent, presidente del Parlament, y las fracturas políticas y personales que penden entre Junqueras y Puigdemont han condenado a Torra a la irrelevancia más absoluta. 

 ¿Qué va a pasar? Pues puede pasar de todo o nada. Que el lío siga creciendo hasta convertirse en caos o que unas nuevas elecciones catalanas pongan a cada uno en su sitio, o sea, digan quien ha ganado o quién ha perdido en la pelea arrabalera que tiene lugar en la escena española desde que se puso en duda la transición y las nuevas fuerzas políticas arremetieron contra la Constitución del 78 con todo lo que representa. Necesariamente, a partir de ahora ambos partidos mantendrán estrategias opuestas: JpC como testaferro reivindicativo del separatismo más radical y partidario de la vía unilateral para declarar la independencia, y como el nuevo socio preferente del PSC y de Podemos en busca de un tripartito a la catalana que les permita pervertir la Constitución para celebrar una consulta legal que Pedro Sánchez ya ha garantizado públicamente, una vez que los dos partidos mayoritarios del independentismo dan por rota la alianza del último lustro. Pero ni Torra, ni Junqueras, ni Puigdemont, ni Pedro Sánchez tienen ya control sobre nada de lo que pueda ocurrir en Cataluña. Se les ha ido de las manos. 

Lo lamentable no es que su propio partido y ERC le den cobertura como jefe del Ejecutivo, sino que Pedro Sánchez y sus ministros sigan adulándolo para que esté presente en la mesa de negociación que la Moncloa ha acordado en secreto y a oscuras, mintiendo a la opinión publica. Sánchez pretende dar cariz de normalidad democrática a lo que no es sino una anomalía basada en una rebeldía sistemática a las leyes y en una desobediencia delictiva a los Tribunales. En este instante se encuentra a sí mismo en la cima y se siente en estado de gracia, inmune, invulnerable, A la oposición le va a costar encontrar la manera de hacerle daño; quizá no haya otra que la de ir confrontando la realidad con sus actos. O, que la derecha caiga en la cuenta de que en la aritmética electoral hay que reducir sumandos: importa más la iniciativa que  el  éxito. 

En cualquier caso, el sistema catalán no está de enhorabuena pese a que nadie en el Parlament se haya atrevido a desobedecer a la Junta Electoral Central y al Tribunal Supremo. Torra debe dejar de ser presidente autonómico de modo inmediato porque permitir que siga ocupando su despacho en la Generalitat sin tener legitimidad para ello es una burla a la legalidad. Torra no es un interlocutor válido, Sánchez debe destituirlo con la Constitución si se niega a dejar la Presidencia. Pero es evidente que no le conviene.

elblogdepacobanegas 2 de febrero 2020

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