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EL BREXIT “LA HISTORIA MÁS LARGA JAMÁS CONTADA”

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El Brexit

"La Historia más larga jamás contada"

 

 

Después de 47 años participando en la construcción del proyecto político y económico más importante de la historia reciente, el Brexit se produjo por fin el pasado 31 de enero; a las doce en punto de la noche el Reino Unido dejó de ser miembro de la Unión Europea y, a partir de ahora, sus habitantes pasarán a ser ciudadanos de un país tercero. Pero eso no significa que se vayan a disipar las incertidumbres que nos acompañan desde ese fatídico 23 de junio de 2016 en el que 17,4 millones de británicos votaron a favor de abandonar la UE. Tres años y medio de negociaciones sin acuerdo, lo que indica que todo este proceso de divorcio, ha sido y seguirá siendo muy complicado. En primer lugar por el “ajuste de cuentas”: las obligaciones y las deudas contraídas, la negativa del Reino Unido a pagar cantidad alguna sin antes reconocer la deuda. Una pescadilla que se muerde la cola. En segundo lugar porque se supone que todo el proceso ha llevado incorporado un componente de ejemplaridad para no sentar el precedente de que abandonar la Unión Europea puede ser algo tan sencillo.

Ninguna de las dos partes ha querido forzar la máquina durante la negociación, pero tampoco ceder. Los líderes continentales han suavizado su pretensión de hacer pagar un precio alto, y los representantes británicos negociar sin un mandato claro, aunque nunca han bajado el tono de su exigencia. Los problemas internos de los dos grandes partidos -los desacuerdos entre laboristas y conservadores- ante la imposibilidad de cuadrar el círculo, han dejado muchos problemas sin resolver.

También es probable que, durante le negociación, haya planeado la creencia de que la presencia del Reino Unido ha dificultado el desarrollo y la profundización del proyecto europeo, pero su marcha no garantiza el éxito de este. La Unión Europea pierde una de sus economías más dinámicas, pero esta jamás se habría integrado en el euro, dificultando a medio y largo plazo, la consolidación de la moneda única. Por tanto, aunque lamentan la marcha del Reino Unido, los partidarios del proyecto europeo no pueden dejar de ver el Brexit con cierto alivio.

Aunque todavía no sepamos cómo será la relación definitiva entre Londres y Bruselas, esto no es el fin, ni siquiera el principio del fin, sino más bien el fin del principio. Se abre ahora una etapa transitoria decisiva, en la que se negociará la relación futura entre el Reino Unido y la UE, tarea que deberá completarse, en teoría, antes de finalizar el año, salvo que Boris  Johnson solicite dos años más de prórroga, y los que hagan falta, pues Londres no parara hasta conseguir  una negociación a la carta, se quieren ir quedándose, o cumplirán su amenaza de un Brexit duro. Y dado que muy pocos expertos creen posible la negociación de un acuerdo tan complejo en plazo tan breve, el Brexit seguirá dando muchos quebraderos de cabeza.

Para afrontar el tema sin rodeos: Inglaterra no se ha sentido nunca plenamente europea, pero conviene tener en cuenta que 16,1 millones de habitantes votaron a favor de la permanencia en la Unión Europea en aquel arrebato, qué en forma de referéndum, les sirvió en bandeja el entonces primer ministro David Cameron, con las consecuencias que todos sabemos.

En su momento, los ingleses pidieron voluntariamente el ingreso en la UE, eso sí, con toda clase de condiciones. Desde entonces no han hecho otra cosa que aumentarlas. Si no han puesto palos en las ruedas, han puesto el freno de mano a las innovaciones, como el euro que no aceptaron. El euro ha facilitado el comercio interior, pero sin fiscalidad única nunca podrá haber mercado común.

Sus pretensiones de fronteras abiertas a sus exportaciones, mantener el mercado, la máxima cooperación en los programas de investigación, pero sin embargo no admiten la libre circulación de ciudadanos comunitarios. Las negociaciones se han estado haciendo sin la más remota idea del fiasco que representa el Brexit. Con un no rotundo, o un sí con peros. El viaje a ninguna parte de la exprimera ministra Theresa May revela que la mayoría de los británicos son conscientes de que la decisión está teniendo más inconvenientes que ventajas, y en vista de cómo se han desarrollado las negociaciones en estas etapas confusas y poco ambiciosas, los líderes europeos están reaccionando con frialdad y desconfianza, pero con poca firmeza para lo tercos y tozudos que se muestran los ingleses. La principal dificultad sigue siendo quién dirimirá los casos de discrepancia. Bruselas pretende que sea el Tribunal de Justicia Europeo y Jhonson no quiere ni hablar del asunto.

La cuestión es qué aun cuando la decisión está tomada y el asunto parece zanjado los equipos de negociación siguen manteniendo consultas y discusiones. El Reino Unido se enfrenta a su mayor reto colectivo desde la Segunda Guerra Mundial ya que el Brexit afectara a su futuro económico, su modelo social, su cohesión territorial y su papel en Europa y el mundo. La paradoja de fondo es que al Reino Unido le ha ido bastante bien en la UE y no está claro que su salida vaya a tener consecuencias positivas para el conjunto de una sociedad tan abierta, multicultural y cosmopolita como la británica. 

            Y QUÉ PASA CON EL PEÑÓN 

España es uno de los países más afectados por el Brexit, dado el gran número de británicos residentes, además de que el Reino Unido constituya uno de los principales destinos de las exportaciones españolas y, sobre todo, el contencioso pendiente sobre Gibraltar y la negociación sobre su soberanía. Después de los años transcurridos sin avance tras el traspaso, a pesar de las facilidades y contemplaciones realizadas por el Estado Español sin ningún resultado, la única solución es apretar la presión sobre Gibraltar.

En las negociaciones para la salida del Reino Unido de la UE, el Consejo dejo en manos del Estado español el futuro de la Colonia que solo puede ser fruto de un acuerdo bilateral entre España y el Reino Unido, con el consiguiente disgusto de los gibraltareños y el resto de los ingleses. España no debe olvidar qué en cuantas conversaciones sobre la soberanía de Gibraltar, todas las promesas al respecto por parte del Reino Unido nunca se cumplieron, y siempre fueron motivo de excusa para prolongar eternamente el problema. Está demostrado históricamente que el planteamiento debe ser más contundente. España no debió entrar en la OTAN sin haber solucionado antes el problema sobre Gibraltar y que se continúe considerando la Roca como un símbolo del antiguo imperio británico. Es incomprensible y ultrajoso que entre dos países que pertenecen a la UE y a la OTAN haya una colonia, como lo es Gibraltar, por tanto, el Estado español debe ejercer el derecho de retorno y no de autodeterminación de los gibraltareños. Estamos en una situación de privilegio y sería un error histórico no aprovechar esta oportunidad única. España ya hizo suficiente ofreciendo la cosoberanía para resolver el problema y solucionar las cuestiones de las aguas territoriales, las de los españoles que trabajan en Gibraltar o las cuestiones que pueden afectar a los gibraltareños, nunca se llegó a un acuerdo, más bien una humillación tras otra, a pesar de ser conversaciones recomendadas por Naciones Unidas (acuerdo de Lisboa entre España y Gran Bretaña del año 1984) entre ambas partes  que nunca llegaron a buen término:  el Gobierno británico protegerá a Gibraltar hasta sus últimas consecuencias, contrasta con la pasividad de los distintos gobiernos españoles que, con su pasividad, han dado lugar a esta situación. A estas alturas nadie sabe que va a pasar con los 15.000 españoles que tienen su pan en Gibraltar, a los que le deberían que haber preguntado en el referéndum del Brexit, porque pueden resultar más afectados que muchos británicos a los que posiblemente la salida de la UE no les cambiará la vida en nada. Creíamos que la salida del Reino Unido de la UE, tras el Brexit, devolvería el Peñón a lo que dice la ONU: una colonia que debe ser descolonizada. Pero que se puede esperar de un Gobierno cuyo presidente negocia de tú a tú con separatistas, poniendo en peligro la unidad de España, con tal de conservar el poder. ¿Qué puede importarle a Sánchez un Peñón al sur del territorio que preside?

elblogdepacobanegas 9 de febrero  2020

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