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LOS ANTISISTEMA

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España tendrá Gobierno, a pesar de las maniobras torticeras de los que no saben perder

El colectivo antisistema (aunque se trata de la Coordinadora del 25-S), apoyado por Unidos Podemos, se ha propuesto boicotear la investidura de Mariano Rajoy con un llamamiento a rodear el Parlamento mientras se producen las votaciones.En su manifiesto habla de un Congreso vacío de democracia, de golpe de mafia de investidura ilegítima, llaman a atacar al Jefe del Estado y pide a los ciudadanos que llenen las plazas de lucha. Todo muy edificante y pacífico.

La convocatoria “rodea el Congreso” para la jornada del sábado por la tarde, coincidiendo con la previsible investidura de Mariano Rajoy como presidente de Gobierno, tiene detrás a los colectivos antisistema más radicales de Madrid.

Rodear el Congreso no es una convocatoria política al uso basada en una protesta legítima y justificada. Es solo el instrumento del que se quiere valer Podemos para erigirse en líder de una oposición virulenta contra el PP desde la manipulación de los ciudadanos y desde la más profunda de las contradicciones.

Toda la zona estará blindada. Solo de las unidades de intervención Policial o antidisturbios, habrá 600 agentes. Además de la Primera Unidad de Madrid, se echará mano a la Unidad Central de intervención y del refuerzo de las de Sevilla y Granada. A ellos hay que sumar la UPR, la Unidad de Subsuelo, la brigada de Información y la Policía Municipal, entre otros medios aéreos. Se habla de una previsión de 10.000 manifestantes, aunque esta cifra es meramente indicativa.

No tiene sentido que promotores y cómplices de la iniciativa, como Iglesias y Garzón, apelen a rodearse a sí mismos, ya que como miembros legítimos del Parlamento gozan de las mismas prebendas representativas que censuran para los demás, pero que aceptan para sí mismos. Es ridículo justificar protestas y ataques a la Cámara al tiempo que ocupan sus escaños cobrando el sueldo público correspondiente como miembros de una soberanía nacional que aborrecen. Se trata de respetar la ley, la Constitución, y la igualdad de todos los españoles.

Con el típico desdén hacia la democracia la extrema izquierda advierte a Rajoy que le espera una asonada al ser reelegido. Iglesias azuzará a sus brigadistas dentro y fuera del Congreso contra el gobierno en minoría (aunque se lo pensará antes de boicotear los pactos con el PSOE) Pero dudo que rompan los acuerdos donde gobiernan juntos, porque dejarían de pisar moqueta). Deberían tener en cuenta que la gente está harta de que los políticos le pasen los problemas que no pueden resolver ellos

En el fondo, subyace el intento de deslegitimar lo que las urnas, la mayoría ciudadana, el marco jurídico-constitucional y el sentido común dictan. ¿Por qué cuando gobierna la izquierda su ejercicio del poder es legítimo, y por qué la oposición o las protestas ciudadanas contra ella son ejercicios de fascismo? ¿Qué les autoriza a ellos a apoyas “escraches” y actos violentos de acoso a personas e instituciones que para cualquier español son comportamientos fuera de la ley? Los argumentos sectarios de extrema izquierda caen por su propio peso.

Ni gozan de superioridad moral alguna ni numéricamente tienen opciones reales de gobernar hoy. Aunque se les está concediendo, imprudentemente, cada vez más medios y argumentos para que lo consigan y esto tendrá consecuencias imprevisibles, no solo para los que lo están consintiendo, también para todo el país.

A Rajoy le espera un calvario que representa la mayor opción posible para los socialistas, necesitados de ganar tiempo con el que reconstruir su fractura interna y evitar el serio varapalo en un regreso a las urnas. Rajoy debería tomar nota y reaccionar con energía, pues aunque ahora ha resistido como la opción menos mala, dado el percal que nos arropa, sus cuatro años de mayoría absoluta caracterizados por su insípido, incoloro comportamiento –solo superado por zapatero-, esta segunda oportunidad le puede proporcionar ocasión de rectificar, haciendo de la necesidad virtud.

El recurso a la agitación callejera, origen de su identidad política, cataliza la frustración ante el fracaso del asalto al poder por la puerta de atrás que estaba a punto de abrirles Pedro Sánchez. La ley, se supone, es para todos y por tato quien la hace la paga, o debería. Si Pablo Iglesias desafía las normas establecidas para todos debe atenerse a las consecuencias, si los separatistas hacen de su capa un sayo la respuesta debe ser contundente. Supongo. Los políticos catalanes desafían al Estado, al Tribunal Constitucional y al Parlamento, con un descaro que ruboriza, y ya sabemos que la respuesta es un esbozo mojigato.

El desprecio de Unidos Podemos y de la amalgama de partidos y grupúsculos populistas a la democracia es evidente. Solo se encuentra cómodos en el conflicto, en la agitación violenta y en la sobreactuación.

Podemos va a ser cómplice de una actuación antidemocrática, como es poner en jaque una sesión de investidura para generar inestabilidad y provocar a los dieciséis millones de españoles cuyos partidos, por fin, van a avalar, 320 días después de un boqueo inadmisible, la conformación de un Gobierno. A Podemos le delata su fracaso y errores. Y lo retratan su obsesión por las purgas, su rencor político, su indecente revanchismo fatuo y, por supuesto, su más absoluta irresponsabilidad institucional. Las consecuencias que de ello resulten seguro que no será culpa suya, sino del sistema.

Podemos y asociados imponen su credo: el totalitarismo. Solo son admisibles sus ideas. Las contrarias deben ser refutadas en la calle, coaccionando la libertad de pensamiento ajena. Con su negativa a respetar el triunfo del más votado, cercando la sede de la soberanía nacional, confirman que están contra la democracia que a ellos les ha permitido estar donde están. Más que reformar la Constitución, habría que pensar si no sería más práctico retirar a esta intoxicante clase política, con riesgo de pandemia, que aparece prescrita su fecha de caducidad.

27 de octubre 2016

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