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Esta es la España que tenemos

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 La unidad de España representa la garantía de la democracia, la igualdad de todos los españoles y el Estado de derecho. Si se vulneran estos principios fundamentales estaríamos ante una democracia fallida. Si la actual etapa de inestabilidad política se acentúa después de las elecciones –de confirmarse la convocatoria-, si no se actúa con sentido de Estado y se afrontan la  instituciones, si no se toman decisiones audaces ante el desafío separatista, si no continúan las políticas económicas adecuadas, estaríamos ante una España fracasada abriendo un nuevo foco de desestabilización propicio a esta corriente radical, populista y separatista, que esperan la oportunidad de culminar su obra.

Por tanto, la cuestión clave es la incertidumbre política y la inmadurez de sus dirigentes. El político actual español, en su mayoría, disfruta de mermado crédito en el electorado, de ahí su desinterés y la consecuencia. 

 España es un país que no se respeta,  por eso, un periodista hábil, entrevista amablemente a Otegi, un terrorista que forma parte de la banda que durante décadas sembró el terror y fue nuestro mayor cáncer. Y no solo eso, le facilita una plataforma a su campaña para candidato a lendakari poniendo en evidencia el derrumbe  moral del estado y satisfacción de su fan, Pablo Iglesias, que no tiene reparos a la hora de ensalzarlo como “hombre de paz” –no reparan en elogios-, en el colmo de desafío y humillación constante a las víctimas del terrorismo. Esto es lo que nos trajo la política de Zapatero, la totalidad de las energías disponibles se volcaron en la política pero sin abandonar los objetivos estratégicos. Al final se invertirán los términos, ellos tendrán el poder y nosotros los oprimidos. Al tiempo. 

Siempre, y con afán de superación, destaca la última ocurrencia de la alcaldesa Colau, impedir que Barcelona celebre el Día de la Constitución, vigente desde hace 38 años, después  de volcarse en celebrar la Republica desaparecida desde   hace 77 años, no como reivindicación de una forma de gobierno sino la impugnación de la legitimidad del actual régimen.  España es un país donde en su segunda ciudad más importante, se prohíbe instalar una pantalla en la calle para ver los partidos de la selección española de futbol. Un desafío intolerable, una provocación de rancio españolismo de esta izquierda extremista en su afán de prohibir. 

Y más de lo mismo. La campaña contra los toros como símbolo de España no ha contagiado a las charlotadas, como hemos visto en las Cortes. Sus señorías disfrutaron como niños con la Goyesca Cervantina como el más castizo modo de celebrar el 400 aniversario del Príncipe de los Ingenios, en una catarsis alucinante a lo “España Cañí”, que de ninguna manera pudo superar Iglesias, que ya es decir, para delirio de López (Pachi)  y Sánchez, que no escatimaron mojigaterías de complacencia, energías que bien podía haber reservado para celebrar un homenaje a Cervantes “En un lugar de...(Cataluña)” donde se prohíbe hablar castellano. O guardar energías para conservar el Quijote de la Plaza de España madrileña cuyo monumento pretende quitar Carmena, en su delirio de despropósitos. Para la izquierda lo que determina la calificación de un acto no es lo que se hace, sino quien lo hace. Y así llegamos a situaciones incomprensibles: Arnaldo Otegi, un terrorista converso, es presentado en las instituciones europeas, en Bruselas, como “hombre imprescindible para la paz”, con el aval de Podemos e Izquierda Unida.  La locura colectiva se extiende como un reguero de pólvora, cada cual puede sacar sus propias conclusiones.  

España es un país donde en algunos de sus territorios se está prohibiendo el hecho de la propia idea de España. Es igualmente preocupante que la extrema izquierda haya monopolizado el patriotismo con ocurrencias que causan escalofríos por irresponsables, como la propuesta por la diputada Canaria de Podemos, María Pita, propone que el ejército abandone el archipiélago con no sé que argumento alucinante de “zona de paz”, quedando desprotegida y al albur de cualquier ocurrencia marroquí que nunca abandonó la reivindicación del archipiélago. Esta es la “plaga” que ha invadido el parlamente y pretende dirigir el país. 

Con estos comportamientos no resulta nada extraño que España tenga  un pedazo de su territorio en poder de los ingleses, un territorio que a pesar de  haber sido calificado por la ONU colonia en 1964, y formando ambos países parte de la Comunidad Europea, lejos de su reivindicación constante, sin tregua, se haya  pasado a la cesión progresivamente  humillante, a la vulneración de sus aguas territoriales,  arañando cada vez más espacio a su territorio, recuperando y ofreciéndoles facilidades hasta que, algún día puedan cumplir su sueño: extender la colonia, que vive de España, al campo de Gibraltar. No solo queda humillada nuestra dignidad como territorio invadido, somos cómplices, colaboradores necesarios al desarrollo de una colonia de corrupción, un territorio pirata que produce vergüenza ajena, en la práctica un lugar donde acude el dinero evadido del fisco, de la droga y otros inconfesables manejos. Permanecemos impasibles, renunciamos de hecho a la recuperación siendo cómplices de sus maniobras.  El referéndum del 23 de junio, que puede sacar al Reino Unido de la UE, resultaría muy perjudicial para la colonia que podría perder muchos de sus privilegios, y oportunidad para España de estrechar el cerco haciendo imposible su supervivencia reiniciando su reivindicación. Todo lo contrario. El alcalde de Cádiz, el podemita José María González “Kichi”, en complicidad con el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, ha puesto en marcha una campaña de colaboración y acercamiento cómplice para evitar el cierre de la Verja que España podría ejercer entre otras medidas,  una nueva ofensiva en el intento de recuperar lo que, para vergüenza nuestra, sigue siendo territorio británico.  

La corrupción parece ser exclusiva del Partido Popular, todos los días nos levantamos con una nueva dimisión y, que casualidad, las cámaras esperando a la noticia, en lugar de que los informadores estén allí porque se ha producido el suceso; una legión de policías para detener a un alcalde que no se encarcela, ni un juez que le diga de qué se le acusa. Se procesa a casi la totalidad del PP de Valencia, acusados de financiar al partido con mil euros –casi un chiste de Gila-, pero cada día se habla menos de los ERE donde dirigentes del PSOE, en Andalucía, han dinamitado miles de millones, aparecido verdaderos botines en buhardillas, orzas y otros habitáculos. 

Han sido cuatro meses perdidos para la confianza del sistema. Los partidos políticos, que andan a la deriva. La caída de manos limpias, que han resultado sucias en la masa de su propio pillaje, con Ausbanc y su prócer, Luis Pineda, de presunta tapadera, ha creado una situación de asfixia que, a pesar de la sucesión de escándalos: los papeles de Panamá, Mario Conde y sus “Bois”, el archivo inagotable de La Sesta, y otras retahílas que se anuncian, ha creado una atmósfera inflamable que ha dejado a la población  en situación depresiva, casi resignada.  

 La oportunidad de la gran coalición se aplaza hasta después de las elecciones en junio, pero la actitud de Sánchez y Rajoy no presagia nada bueno. La propuesta de Rivera de un presidente de consenso hay que situarla en el terreno de la ocurrencia, una salida a la italiana tan improcedente como demagógica.  Si se confirma la convocatoria de nuevas elecciones, que es lo más probable, cualquier cosa puede ocurrir en este panorama político donde el único escenario posible es la frustración, la incapacidad para desarrollar el oficio para el que se han postulado, la posibilidad de hacer política con el único mérito de pertenecer a un partido político; resulta paradójico que no sientan la necesidad de disfrazar su fracaso con un poco de generosidad. Genio y fisura.   

Los españoles tendremos que reflexionar muy seriamente sobre que se está haciendo mal en nuestra democracia, si nos merecemos los políticos que tenemos, y qué se puede hacer para remediarlo. España se ha convertido en un “cortijo” donde cada partido monta su feria, o su ferial, con fuegos artificiales a “la valenciana”,  a “la catalana”, o cualquier otra ocurrencia, con Sánchez o Rajoy, Iglesias o Ribera, que tanto monta, “corte y lacayos”:  cuantos millones podríamos ahorrar, o  cuantos problemas de desigualdad social podríamos atender si ante esta parafernalia de “comunidades”, “países” y “virreyes”,  tomáramos la decisión de disolver a modo de “cremá”, cuadrar la contabilidad, y reiniciar administrando con equilibrado sentido de equidad y equivalencia. España, como en cualquier hogar de su geografía, tiene que ajustar la economía a sus posibilidades: primero pagar la vivienda y el sustento,  la educación de los hijos y vestir, cumplir con nuestras obligaciones fiscales y atender, en lo posible, al ocio o la diversión. Como no nos podemos permitir cocinero, chófer, mayordomo, entre otras exquisiteces de marca, ajustamos el cinturón en tantos puntos como sea necesario, a veces, dificultando la respiración. Que nos cuenten sus señorías en virtud de qué inconfesables privilegios tienen sus derechos prioridad sobre los nuestros. Este es el gran problema que hemos creado y tenemos que resolver. 

Elblogdepacobanegas 27  de abril 2016                  

Comentarios   

0 #1 guias y trucos 18-05-2017 03:39
 El videojuego no resulta tan bien como hablan, a pesar de todo
me ha cautivado

Mira lo siguiente y visita mi websiteXD guias y trucos: http://domyownpestcontrol.net/__media__/js/netsoltrademark.php?d=trucoteca.com
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