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¿Tiene límite la humillación que está dispuesto a soportar Sánchez

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¿TIENE LÍMITE LA HUMILLACIÓN QUE ESTÁ DISPUESTO A SOPORTAR SÁNCHEZ?

Desde que mi “amigo” Parkie entró a formar parte de mi vida, incluso antes cuando todavía no sabíamos que era él, las cosas han empeorado muchísimo, tanto desde el punto de vista físico como psicológico. Me tuve que tomar unas “vacaciones” por prescripción, como habrán podido observar los visitantes de esta página, a los que he tenido prácticamente desatendidos, pues esta enfermedad conocida como Parkinson ha pillado a todo el mundo con el pie cambiado, sin voluntad, sin recursos para la investigación, se extiende como la pólvora y no fulmina, pero te va degradando hasta convertirte en miseria: la falta de diagnóstico preciso lleva al deterioro de todas las funciones del cerebro. No hace falta, por tanto, apelar a lo trascendente para darnos cuenta de nuestra infinita pequeñez y de la inutilidad de nuestros desvelos frente al poder de la nada: perplejidad ante la muerte y el infortunio que nos rodea. Vivimos en una sociedad estresada, cada vez más individualista, que está sufriendo las consecuencias que la soledad tiene en nuestra salud física y emocional, tenemos el cerebro tantas horas en estrés que le impedimos atender al ingente número de estímulos que nos impactan, para conectar con ese flujo de la vida que nos arrastra a lo imprevisible. Todo conocimiento es fruto del sufrimiento, nada se aprende si no es a través de la pérdida y la negación. La ciencia es un espejismo de la razón. Nos hace creernos invulnerables, pero nuestra salvación reside en aceptar la tiranía inexorable de la nada, nuestro destino está en manos del azar.

 

Por otra parte, mi visión de España (y del Mundo mundial) era, y es, demasiado pesimista y me temo estaba empezando a cansar a los amigos que nos siguen, algo así como predicar en el desierto. Era preciso una reflexión meditada, si es posible al margen   de los medios de comunicación, dejando a la vida diaria que marque los tiempos, sin influencias de parte, viviendo el día a día sin la preocupación y la influencia que ejercen los telediarios, los periódicos de papel o digitales, las emisoras de radio y, sobre todo, las tertulias con sus mensajeros adiestrados y agradecidos. Por supuesto, alejado de las Cámaras parlamentarias, los partidos y, especialmente, el Gobierno (sumido en este largo letargo de frustrada inactividad) verdadero yacimiento de putrefacta demagogia. Pero aquí estoy de nuevo, sin prisa, pero sin pausa, intentando retomar la actividad hasta donde las fuerzas me permitan. No sé si será posible, pues han manipulado nuestras vidas hasta extremos de no saber si somos capaces de reconducirla confundiendo nuestra capacidad para distinguir entre realidad y ficción. Esta es otra de las razones por las que estuve ausente. Pero prometo a los simpatizantes y seguidores que lo voy a intentar de nuevo, con efecto retardado pues tendré que recuperarme de la influencia de ese limbo en el que he estado sumergido, por tanto, ya libre de ataduras y lavados de cerebro volveré a retomar la actualidad partiendo de cero. Y muy consciente de que nuestra vida es menos que un destello en el curso infinito del tiempo 

Antes de sumergirme y como punto de partida, me gustaría empezar con  un resumen de la actividad política, consecuencias y previsiones que en estos momentos sobresalen como temas consecuentes y preocupantes, aunque me temo que, por mucha actualidad que ofrezca la noticia, poco haya que añadir que no haya dicho ya. Vivimos gobernados por presuntos Chiquilicuatres, llamados “políticos” cuya única especialidad exigible y conocimiento demostrable es la mentira y la manipulación teñida de demagogia, naturalmente con ilustres excepciones que confirman la regla, en la que puede incluirse cualquiera que pueda estar en posesión de otros méritos, prácticos o teóricos que yo desconozca. 

En un mundo agitado por vientos de populismo disfrazado de libertad, el objetivo es eliminar al adversario y a la democracia que, de hecho, está contra las cuerdas a estas alturas del desparrame. La frase pronunciada por la vicepresidenta primera, Carmen Calvo: “La democracia ha de mirarse a sí misma con las gafas de la verdad”, resulta realmente sorprendente. Convertir en política de Estado la “Memoria Histórica” alumbrada por Zapatero, son ganas de retorcer la historia y abrir heridas que hace tiempo estaban cerradas. Ahora el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez proyecta la reforma del Código Penal para que la “apología del franquismo sea al fin un delito”, es decir, será delito recordar parte de nuestra historia. Es decir, pronto será delito que yo pueda contar a mis nietos como fue realmente la historia de España que yo he vivido y, como consecuencia, será delito recordar las cosas buenas que hizo, que permanecen vigentes, que forman parte de nuestra forma de vida, de nuestro pírrico bienestar social y que si desaparecen, ya nos contará el señor Sánchez y su gobierno de ocurrentes sucedáneos: “el dinero de los españoles no es de nadie ( supongo que de ellos sí.  Pongamos como ejemplo los eres de Andalucía y sus 40, o más, años de honradez). Y, sobre todo, qué quedaría de España si, puestos a censurar todo lo relacionado con Franco, tuviéramos que destruir, además de los símbolos, toda uno estructura social que conviene recordar a esta pléyade de “cantamañanas” (lo digo por lo que desafinan) que gobiernan a base de ocurrencias.

“Pronto será delito decir que Franco, por ejemplo, creó la Seguridad Social Universal con sus magníficos hospitales; el descanso laboral dominical obligatorio; las pensiones por jubilación; el seguro de desempleo; las vacaciones retribuidas; las escuelas de FP y las Universidades Laborales; el estatuto de los trabajadores y los jurados de empresa; la radio  pública, como RNE y Televisión Española; la paga extra de Navidad y la de verano “llamada del 18 de julio”; los convenios colectivos; el instituto Nacional de Industria; la red de pantanos para fomentar los regadíos y la producción de energía hidroeléctrica”.

Tenemos un Gobierno tan tridimensionado que no cabe en la mesa, con cuatro vicepresidentes más los que en la sombra ejercen a golpe de ocurrencia. Un presidente que como dedica tanto tiempo a mirarse al espejo a ver si consigue convencerse de que realmente es él, necesita un “bis” en la sombra que le repita cada mañana: tranquilo, tranquillo, respira hondo, aquí estoy yo. Un jefe de casting que viaja de incognito visitando las comparsas de los carnavales de Cádiz con la intención de formar un equipo de asesores especializados en teatro de lo absurdo y chirigotas, a fin de mejorar el protocolo escénico, los cabezazos versallescos, previsibles en los próximos encuentros en Cataluña: hay que reconocerlo,   de otra cosa no, de comparsas está bien surtido.  Porque en política las formas revisten tanta importancia como el fondo de los asuntos tratados.

Nadie Sabe a estas alturas en qué consiste exactamente el diálogo que no se cansa de predicar el presidente, pero todos hemos visto y oído como se le recibía en Barcelona con el protocolo reservado a los Jefes de Estado extranjeros y como él adoptaba el lenguaje de los separatistas, hablando de España y Cataluña cual si se tratara de dos países distintos.

El problema está en que Sánchez necesita a los separatistas catalanes para continuar en la Moncloa y el secesionismo catalán necesita a Sánchez para conseguir sus objetivos. El encuentro entre Sánchez y Torra se convirtió en un juego de imágenes. Aquello parecía una competición de mentiras basada en dos demandas fundamentales: el derecho a la autodeterminación y la amnistía de los lideres condenados o fugitivos. Sánchez lo evitó limitándose a decir que el diálogo se mantendrá en el marco de la ley. Cabría preguntarse de qué ley estamos hablando si, como estamos viendo, tiene una a la medida para cada ocasión. 

La formación de una “mesa de negociación” entre el Gobierno y el separatismo catalán, no es un angelical canto al diálogo para resolver el “conflicto político” cuya solución corresponde a los Tribunales.  Muy al contrario, es sacar del Congreso y Senado lo que debería ser objeto de discusión parlamentaria. Es inhabilitar de facto el papel de la justicia y, sobre todo, es maltratar a esa mitad del electorado del centro y la derecha que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ningunean rindiéndose al chantaje. Ellos, los catalanes, actúan como si fueran independientes y solo aceptan el trato con el Gobierno central sin siquiera disimularlo. El reverencial y repetido cabezazo ante el inhabilitado Torra es una metáfora perfecta del pacto de  vasallaje suscrito entre Sánchez y sus socios independentistas.

La famosa mesa de negociación abordará sin embargo el presunto derecho de autodeterminación y la celebración de un referéndum que ningún gobierno hasta ahora se había rebajado a discutir con los separatistas. En cuanto al mediador exigido por los sediciosos, ahora se comprende por qué dijo Torra aquello de “a ser posible internacional”. Él debía de estar ya al tanto de que sería un madrileño y se apellidaría Iglesias. Ningún presidente había mancillado de tal modo su honor y el de la nación, lamiendo las botas del enemigo en lugar de plantarle cara.  Sánchez se ha rebajado al independentismo con una maniobra tan sibilina como claudicante. En la mesa estarán sentados el Gobierno socialista, el PSC, Unidas Podemos, ERC y la Generalitat, como si el resto de partidos, especialmente los constitucionalistas, no tuvieran nada que aportar. Esta “mesa” Pretende secuestrar al parlamento como sede de la soberanía nacional. Pretende tomar decisiones en nombre de todos los españoles, pero negando la voz a más de la mitad que no vota a esas opciones políticas y obviando que la inmensa mayoría, sea de izquierdas o de derechas, no desea la independencia de Cataluña. Por tanto, resulta abusivo dar cobertura a la estrategia del independentismo haciendo creer al ciudadano que Sánchez resolverá con el manido mantra del dialogo lo que no ha podido resolver la Constitución ni el poder jurídico con sus Sentencias. Sánchez incurre en un manierismo ególatra y falsario porque todo su tacticismo con la Generalitat se basa en la idea de que España ha humillado a Cataluña. O que merece otro trato y que el resto de españoles no entiende de sentimientos. Sánchez está victimizando de modo indigno a dirigentes condenados penalmente, a presos golpistas y a prófugos. Incluso trata de hacer creer a los españoles que el constitucionalismo es represivo frente a los derechos de autodeterminación de los pueblos, y que la legalidad es subalterna del oportunismo político. Su error es mayúsculo. En política no hay nada menos fiable que el secesionismo exacerbado, pero Sánchez se ha encomendado a él por la única razón de que su supervivencia política depende de unos sediciosos. Por eso, el PSOE aspira a que todos los españoles paguen la cuenta inoculando en ellos el falso paradigma de que la unidad nacional es un concepto trasnochado propio de regímenes parafascistas. A Sánchez quizá le valga la pena el riesgo. No tiene elección desde que aceptó el chantaje de los insurrectos. SI Sánchez promueve una reforma del Código Penal. el Estado estará cediendo de modo humillante ante los secesionistas con indulto encubierto a cambio de la investidura. El problema consiste en que no será él sino el Estado el que pague el precio, por las bravas o a ritmo lento.

elblogdepacobanegas   18/2/2020   

 

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