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MI "AMIGO" MR.PARKIE

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MI “AMIGO” MR. PARKIE

No ha sido voluntaria mi ausencia -como testigo, observador, o posible sufridor-, en este convulso panorama que, de la noche a la mañana, ha sumido el mapa político español en un galimatías de imprevisibles consecuencias, tras el golpe efectista de Pedro Sánchez aupado al Gobierno por los independistas. Me he visto obligado, de alguna manera imposibilitado para compartir con los visitantes de esta página impresiones  y comentarios, como hasta ahora ha venido siendo  habitual.

La irrupción en mi vida de un patético personaje, que alguien ha bautizado como Mr. Parkie y que, al parecer, debería haberme sido familiar ya que desde hace algún tiempo  ha venido influyendo en la posibilidad de un repentino y devastador cambio de salud, me ha sorprendido con una artimaña traidora. En un principio con disfraz de camuflaje y sintomatología benigna, seguida de índices alternativos, preocupantes en principio, definitivos después.

  La máquina perfecta del cuerpo humano, sometida a no sé que maniobra perversa, se ha ido debilitando, entorpeciendo, degenerando con sutil táctica, los cinco, seis o más, sentidos  que  permiten la percepción de determinadas sensaciones vitales, el cerebro que controla el movimiento y deforma las neuronas que nos hacen sentir vivos y participantes. Cuando todos los valores superiores de recuperación se niegan, solo queda el dolor y la esperanza. La vida humana empieza en la concepción y termina con la muerte que se va extinguiendo por la edad o la enfermedad en un supremo esfuerzo por evitar el sufrimiento, más cuando no existe la posibilidad de una valoración esperanzadora, optimista. Su nombre enfermedad de Parkinson, una gran desconocida, de la que poco,  o casi nada, se sabe, de diagnóstico  impreciso, no tiene preferencia de edad, y se caracteriza por su diversidad: no hay dos enfermos iguales.

Como en cualquier posible enfermedad, estamos ante otro episodio de la equivocada relación entre medios y fines, pendiente de avance e investigación,  y no hay vidas más o menos dignas de ser vividas, ni hay ninguna vida carente de sentido, debería ser prioritario en los presupuestos generales del Estado. Si hay un derecho a la vida, no parece que sea dejar la solución en manos de médicos sin especialidad concreta, familiares y amigos. Lo que necesita la vida que se acaba no es solo amor, compañía y cuidados paliativos, que también. El fin de las profesiones sanitarias es la curación, hasta donde sea posible, y para ello es absolutamente necesaria la investigación.

elblogdepacobanegas 8 de junio 2018

 

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