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EL DEBATE DE LAS PENSIONES

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EL DEBATE DE LAS PENSIONES

 

A 24 horas de la manifestación de pensionistas más grande de las convocadas hasta ahora, el presidente del Gobierno sigue mareando la perdiz al negarse a reconocer que tiene un problema que no admite más demora. 9 millones de pensionistas, el colectivo más denostado por la crisis, saca sus protestas a la calle al comprobar que su pensión, una vez más, crecerá un 0’25%, muy por debajo de lo que se prevé que se encarezca la vida, 1,6% este año. Rajoy, con su ceguera política de conveniencia,   está construyendo una burda farsa de tintes preelectorales con los pensionistas como rehenes.

Según el CIS, un 29 % de este colectivo fue fuente principal de los votantes del PP, muy distante del PSOE con el 13%, y hay que reconocer que nueve millones de jubilados son muchos votos. Al Gobierno le ha sobrado piel y le ha faltado sensibilidad, reconocen sus propios directivos, y en el PP se abordó hace unos días este asunto desde la convicción de que al Ejecutivo le hace falta hacer más “pedagogía” al recordar que la realidad del sistema garantiza el compromiso de seguir subiéndolas. Revalorizar las pensiones con el IPC costaría este año unos 2.000 millones que se consolidarían para sucesivas subidas, es cierto, pero para eso está el Pacto de Toledo que el consenso inspiró en 1995. Se pueden compensar los presupuestos, por ejemplo, corrigiendo el ingente gasto de una multitud de administraciones paralelas en la geografía española, que está demostrado que no sirven para nada, una reforma que el PP prometió y después dejó en barbecho, y no cuadrar las cuentas a costa de los de siempre. Con todo, lo peor es la brutal demagogia que contamina todo en entorno a este tema. El debate de cómo garantizar el futuro de las pensiones siempre es complejo, alambicadamente técnico, y viciado por una demagogia política insufrible por parte de quienes exigen una utilización irresponsable del gasto público para hipotecar a las futuras generaciones. Cuando la realidad es que las pensiones deberían estar al margen de cualquier debate incluyendo en los presupuestos las consideradas no contributivas y financiarse con impuestos como cualquier otro gasto corriente del Estado.

 Las pensiones son el resultado de las cotizaciones de toda una vida de trabajo, garantizadas por sí mismas, por su propia aportación y no sujetas a una lotería al albur de que otros más tarde puedan cotizar por ellos. Eso sería trasladar a las pensiones el sistema piramidal tan fracasado en el presente y de tan infausto resultado en el pasado.

Ni los pensionistas pueden servir de arma arrojadiza para tratar de captar votantes ni las cuentas de la Seguridad Social convertirse en una especie de bazar en  el que unos y otros cruzan promesas, sin importar las consecuencias reales de tales decisiones. El Ejecutivo tampoco es ajeno a este juego de ofertas tras la limosna fiscal anunciada por hacienda a quienes ronden los ochenta años. El cheque fiscal para los pensionistas de menores ingresos, el anuncio de una mejora a las mínimas y de viudedad, y las ayudas en el IRPF, que en la práctica quedan difuminadas tras su trucaje, debería darles vergüenza, con un incremento de dos euros al mes, venir con este discurso. Y nadie habla de las pensiones medias ignoradas por arriba y por abajo.  El sistema no se defiende con juegos de magia borras, sino con realismo social  y consenso. Jugar con el bienestar de los jubilados con promesas  manipuladas constituye una grave irresponsabilidad. Las pensiones son una materia tan delicada e importante para el conjunto del país que debería quedar al margen de maniobras con el único fin de ganar votos, de la habitual pugna electoralista que protagonizan las diferentes fuerzas. Hay  que alejar las pensiones de la batalla política.

Es lógico que en España haya una alarma generalizada por el presente y futuro de las pensiones. Y es necesario una ubicación definitiva en los presupuestos, como los funcionarios o las fuerzas de seguridad,  no es justo que se utilice como arbitrario y oportunista para caldear la bronca política preelectoral o para promover una movilización ciudadana sectarizada.

Ya es hora de que los partidos acuerden en el Pacto de Toledo reformas para fortalecer el sistema y permitir que los jubilados recuperen su poder adquisitivo.

elblogdepacobanegas 16 de marzo 2018

 

 

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