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DE TRILEROS, RUFIANES Y TAHÚRES

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DE TRILEROS, RUFIANES y TAHÚRES

 

Al artículo 155 de la Constitución le queda una larga trayectoria en Cataluña. El Código  Penal también sirve para hacer política. No como advertencia retórica, sino como base del más elemental sentido de la convivencia.

A Puigdemont, hasta ahora, le ha sido rentable el uso permanente del victimismo ramplón, el heroísmo patriótico, la amenaza cobarde disfrazada de  martirio, su autoproclamada predisposición al sacrificio  con mentalidad de videojuego. De presidente aclamado por declarar la independencia a prófugo tras huir en la trasera de un choche como un villano henchido de cobardía. En lugar de actuar como hacen los auténticos líderes dando la cara se queda en Bélgica suplicando impunidad. Vergonzosamente derrotado por los jueces del Supremo, trata de sacar pecho manteniendo el pulso, frente al Gobierno y el Estado de Derecho, por un lado, y frente a ERC, por otro. Está dispuesto a volver a España, siempre que lo haga como presidente de la Generalitat, una vez que el Parlament  le haya elegido mediante el método de voto telemático y defendido su caricatura mediante video conferencia. Es decir, volver a las andadas. Dos opciones que el Reglament no recoge y que Cs, PSC y el PP anuncian que si se recurre a esta interpretación acabará en los tribunales. Los jueces ya han empezado, esperemos que los políticos se dejen de milongas y cumplan con su deber.

Todos los escenarios son posibles. Pero, aunque sea por mero instinto de supervivencia, los separatistas acabarán logrando algún acuerdo. No es lógico pensar que disponiendo de una mayoría de escaños, por ajustada que sea, vayan arriesgar su patrimonio político facilitando otras opciones. Por tanto, en este río revuelto, alguien surgirá con criterio negociador práctico para evitar nuevos disparates o nuevas elecciones.

El golpe desvergonzado del  “procés” sigue tan vivo como al principio. El expresident de la Generalitat, prófugo de la justicia española en Bélgica, continúa marcando la agenda, sigue defendiendo que el único presidente es él y, por tanto, no quiere oír hablar de nombres alternativos. Amenaza con un llamamiento a los tres partidos independentistas (JpC, ERC y la CUP, que suman 70 escaños) para que no acudan al pleno de constitución del Parlament el próximo 17 de enero y bloquear el inicio de la legislatura ya que para tomar cualquier decisión se necesita, al menos, 68 diputados presentes en el hemiciclo. Esta dispuesto, incluso, a que se celebren nuevas elecciones autonómicas a finales de mayo o inicios de junio, si no le salen las cuentas. Sin embargo, el entorno de Puigdemont empieza a valorar la posibilidad de tener que trabajar con un plan no previsto inicialmente, que consistiría en aceptar la formación de un Gobierno independentista en Barcelona, meramente técnico y bajo la presidencia de Jordi Sánchez, expresidente de la ANC, actualmente en prisión preventiva, que lideraría el propio Puigdemont, otra apuesta suicida no menos penosa de abdicar su dignidad.

Ezquerra Republicana de Cataluña se debate entre la apariencia y el falso deseo de que Carles Puigdemont sea investido presidente de la Generalitat, y la evidencia de que no puede hacerlo efectivo en ningún caso. Primero porque es ilusorio pensar que pueda ser designado presidente de la Generalitat telemáticamente desde su escondite de fugado de lujo en Bruselas; y segundo, porque sería encarcelado de inmediato si pisara territorio español. Suponiendo que el secesionismo magnánimo dispuesto a negocias no encuentre la fórmula para que el único Gobierno legítimo no caiga en la ingenuidad del truco de la estampita.

La política y el oportunismo asocian intereses comunes cuando gobiernan, pero no siempre están exentas de revancha. ERC actúa tácticamente para renovar un Gobierno de mayoría separatista, pero sin Puigedomt al frente porque vive en una ficción enfermiza y porque mantener viva la mentira de una Cataluña virtual separada de España se ha convertido en un objetivo absurdo e irracional. La declaración de independencia supuso el mayor ridículo de todos los tiempos del nacionalismo catalán. La aplicación del artículo 155 ha sido sin ningún género de duda la medida más contundente y eficaz que el Gobierno ha tomado para constatar el fracaso de la declaración unilateral. El artículo 155 de la Constitución y el Código Penal están dando buena fe de  ello. algunos de los líderes encarcelados están dando marcha atrás y han renunciado a la vía unilateral para la independencia. Por eso, no es descartable que ERC aspire a que Puigdemont se cueza en su propia salsa para que finalmente se vea obligado a dar su brazo a torcer y permita un Gobierno liderado por Ezquerra con los Comunes de Pablo Iglesias como cooperadores necesarios de una nueva agenda secesionista. Y desde luego, cobra una nefasta relevancia el rol mercenario que está adoptando la marca catalana de podemos a cambio de entrar en la mesa del Parlamento y optar a presidirlo pese a haber sido la quinta fuerza más votada.

La estrategia consiste en esperar a que el adversario se equivoque. Más allá de que ERC fuerce a los diputados electos huidos de la justicia junto a Puigdemont a renunciar a sus escaños para no comprometer a la mayoría independentista, nadie podrá negar que es surrealista alimentar la especie antidemocrática e ilegal de una investidura a distancia para ensalzar a un presunto delincuente que se ha jactado demasiadas veces de vulnerar flagrantemente la ley. Por tanto, no hay más cera que la que arde. Poner a los responsables frente a las consecuencias de sus actos, y pedirles todas y cada una de las responsabilidades. Los que se fugan, los que se quedan, los embargados, los inhabilitados pendientes. Los que les entra el “canguis” y le quitan importancia o lo niegan para evitar las penas. ¡Menudos conspiradores! España es un Estado sólido y como tal debe responder a los que siempre vivieron del farol y del amago. A los acusados de un delito tan grave como la sedición hay que someterlos al imperio de la ley. No cabe templar gaitas proponiendo ocurrencias como la de Iceta con el indulto para los detenidos por la organización del referéndum con el fin de restaurar heridas que, como siempre, meten al PSOE en problema.

Las consecuencias están ahí. Una España reafirmada en sí misma como efecto del golpe separatista y una Cataluña desmoralizada dispuesta, por fin, a hablar. La otra cuestión es que el “procés” ha destruido la convivencia entre  catalanes, ha sembrado la semilla del odio en varias generaciones, ha monopolizado en la práctica la actividad política. Todo esto y más miseria nos ha traído este año de parálisis parlamentaria sin otro resultado que el hartazgo ante el protagonismo permanente de quienes no hacen otra cosa que crear conflicto.

12 DE ENERO 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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