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SOBREPASADOS TODOS LOS LIMITES

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SOBREPASADOS TODOS LOS LÍMITES  

 

El  desafío independentista catalán ha llegado a límites intolerables. El Gobierno no reacciona a pesar del insistente reclamo a todos los niveles de la sociedad.  La llamada a la sensatez procede de la política, la empresa, las artes y las letras, sin florituras literarias: en Román paladino.  

El Gobierno está desorientado, colapsado. O sordo de remate. Me he quedado afónico de tanto gritar. Y como yo miles, millones de ciudadanos preocupados por el tsunami populista que, procedente de Cataluña, amenaza con arrasar el territorio nacional. Se comenta que el Presidente Rajoy está como ausente, un poco ido, desde que un día le dio un aire escuchando La Sexta, solo habla con monosílabos. No consigue librarse de las alucinaciones que le producen los “tres mosquiteros” y “butanita”: Puigdemont, Junqueras, Forcadell y su versión colocada: Colau. Hasta el Samur –siempre  tan eficaz- se ha visto impotente en el intento de reanimación. Ni el Rey Felipe, que con tanta  maestría acudió a practicar tan eficaces primeros auxilios, ha logrado el milagro. Nadie consigue sacarle  del “coma pánico contagioso” que parece haber paralizado al resto del Gabinete.  

Dicen también que Ribera le ha practicado ventilación asistida, el boca a boca, incluso, le ha llevado una ensaimada de Mallorca, pero ni aun así, al parecer le ha producido empanada mental. Tengo entendido que la única solución que se vislumbra está en  Pedro Sánchez, el encefalograma plano de Rajoy reacciona positivamente cuando mencionan la posibilidad de su visita. Pero la verdad, nadie encuentra el momento. Sánchez está tan metido en el papel de su pelí-western: “Por un puñado de votos” que cuando alguien menciona algo relacionado con  Cataluña amartilla el revolver con gesto decidido: !desenfunda vaquero !, y se teme que un  exceso de protagonismo nos deje huérfanos. 

Hasta el Rey, con solemnidad de Jefe del Estado, ha tenido que poner un poco de cordura y sensatez en el tumulto, indicando al Gobierno y oposición que deben ponerse a trabajar. A los golpistas también ha intentado ponerlos en su sitio y es posible que, en principio, lo haya conseguido, pero mira por donde, el poder lo tiene quien lo tiene y La Sexta, que esta por encima de bien y del mal, así como el que no quiere, le dio a Puigdeont rango de Jefe de Estado. Faltaría más. Se lo tomo al pie de la letra y ese mismo día, a solo 24 horas de la comparecencia del Rey Felipe VI,  a la misa hora, con el mismo tono y tempo de oratoria (retransmitido en directo, y diferido, por todas las televisiones  de país, incluida la pública)  compareció para advertirle  a su colega que “Así no”. Y algo más insolente:   es posible que el rango lo tengas tú pero el poder -la  sartén por el mango- lo tengo yo, y no me obligues a demostrártelo. A este grado de provocación  hemos llegado. ¿Y cómo ha respondido el Gobierno? Su vicepresidenta –que ha  debido perder el glamour en el tumulto- en una comparecencia de aspecto doméstico, repetida,  le pide a Puigdemont que recapacite, que no sea malo, que se deje de bromas. O la ocurrencia del portavoz: si  eres bueno seremos generosos. O las súplicas –en grado subliminal- de los ministros pidiendo árnica: vergúenza ajena produce.   

Lo positivo de esta cuestión ha sido la aparición en escena de una pléyade de políticos eméritos de talla, profesionales destacados, intelectuales de reconocido prestigio, figuras populares   que, preocupados por esta deriva insensata, han decido dar su opinión,  concienciar a la población de lo imprescindible que resulta saber elegir. Miembros históricos de anteriores ejecutivos que, con plausible claridad, han decidido arrimar el hombro en el intento de conseguir que Gobierno despierte de su incomprensible letargo y la oposición arrime el hombro con responsabilidad de Estado,  ofreciendo  sensatas respuestas para hacer frente a la deriva desenfrenada y peligrosa de la política actual y sus consecuencias. Abiertamente, con contundencia, sin florituras ni adornos literarios: en Román paladino.  

Rajoy saca pecho como Don Quijote ante los molinos de viento. Tomaré las decisiones que corresponda cuando lo considere oportuno. Soy el presidente. Natural, es a lo que nos tiene acostumbrados.   Recientemente empeñó su honor y su palabra, y la de todos los miembros de su Gobierno, en que no habría referéndum en Cataluña, ni urnas ni papeletas. Pues a la vista está, el ridículo convertido en esperpento ha dado la vuelta al mundo, solo los protagonistas del golpe le han superado en insensatez. Dime como es mamá y te diré quién es  papa

Cataluña se ha convertido en un polvorín con apariencia de espectáculo circense, una caricatura delirante a la que no se le ha sabido dar respuesta: la economía paralizada. Importantes  empresas abandonan el territorio. Grandes entidades bancarias como La Caixa o el Sabadell cambian sus sedes a otras comunidades.   Las multinacionales del turismo evitan pasar por Cataluña.  El paraguas de la Unión Europea dejará se proteger a los bancos que queden en el territorio. Habrá devaluación de la moneda y peligro evidente de “corralito”. Cataluña retrocederá a límites difícilmente recuperables y España, posiblemente, con ella.  

Y más de lo mismo. El próximo lunes repetirán en el Parlament la desvergüenza  del pasado 6 y 7 de septiembre, con el  Constitucional en contra, saltándose todas las normas, en desafío permanente. Rajoy  sabe   que los enemigos de España tienen los papeles bien repartidos, dispuestos a consumar su delito de secesión y rebelión, pero no sabe qué hace cómo ni con quien, solo esperar, el tiempo lo arregla –o desarregla- todo.   El Gobierno lanza el aviso de Policía, Guardia Civil, el Ejército, incluso, Mossos d´esquadra y luego se sale el tiro por la culata. Ante la impotencia del Gobierno para tomar una sola medida, Puigdemont practica su particular habilidad delictiva sin que nadie aplique el Código Penal. Ya no se sabe qué decir, salvo que la indignidad de nuestros políticos está sobrepasando todos los límites. 

6 de octubre 2017 

 

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