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EL TERRORISMO DE CADA DIA

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EL TERRORISMO DE CADA DÍA

LOS ATENTADOS YIHADISTAS HAN CONDICIONADO LAS ELECCIONES GENERALES QUE HOY SE CELEBRAN EN EL REINO UNIDO.

A THERESA MAY LE SERÁ DIFÍCIL MANTENER LA MAYORÍA ABSOLUTA Y, POR TANTO, GOBERNAR.

Escribo a sabiendas de que me repito. Nos hemos acostumbrado, lo hemos aceptado como normal, algo cotidiano que sobrepasa los límites del dolor para convertirse en un sedante que nos mantiene adormecidos, resignados, rendidos e incapaces de reaccionar. Ha superado nuestra capacidad de sorpresa. Entre otras razones porque esta clase de terrorismo suicida es imprevisible y ha traspasado los límites nacionales para convertirse en problema global y, sobre todo, nos han tomado la delantera psicológica, algo intangible que anula los recursos bélicos, el poderío armamentístico, o cualquier otro recurso destructivo de defensa. ¿Qué ofensiva militar, por muy poderosa que sea en táctica y recursos, puede competir con un enemigo invisible, suicida, que desprecia la vida y lleva la autodestrucción incorporada a su fanatismo? Nosotros luchamos por la vida, ellos desafían a la muerte. Ahí está la diferencia.

Y se repite, una y otra vez, en cualquier ciudad, en cualquier lugar, en cualquier momento, de noche o de día, con protección o sin ella, con alerta máxima de policía y la protección del ejército, con los muertos de ayer sin identificar, los de hoy esparcidos por el suelo, y los de mañana anónimos que puedes ser tú, nuestros hijos, cualquiera de nosotros, objetivos a derribar en esta guerra no declarada pero cruenta,

Han condicionado nuestra libertad, la vida cotidiana de los pueblos y de sus gentes, dejado indefensa la política mundial y a sus mandatarios vacíos de ideas y soluciones. Así que solo hay tres alternativas: hacer frente común allí donde este la base operativa del yihadismo o sentarnos a esperar a quién le toca el próximo sorteo; y una más práctica que, al parecer, a nadie interesa poner sobre la mesa: estudiar el porqué de este radicalismo desesperado practicado por quién nada tiene que perder, aunque es posible que ya sea demasiado tarde. La pobreza y la marjinación, aderezada con una buena dosis de fanatismo, dan lugar a una nueva forma de rebeldía y extremismo. Mientras haya predicadores socialmente aceptados que justifiquen no solo la violencia sino el odio, mientras no se realicen reformas compatibles con las sociedad más desfavorecida, seguirán surgiendo asesinos como los de Inglaterra (o el martes en París) por referirnos a los últimos acontecidos: tras la matanza de Westminster y Manchester, Londres con tres crueles atentados yihadistas en solo diez semanas, con ocho muertos y 48 heridos, 18 de ellos en estado crítico. La normalidad del país ha cambiado. El panorama actual de los británicos es el de una sociedad desorientada y amenazada, lo que aumenta el desasosiego general, la desolación y el miedo son habituales estos días el Reino Unido. Se vigila a tiempo completo a 3.000 sospechosos, pero hay más de 20.000 fichados. Barreras preventivas de hormigón y metal separan aceras y calzadas, especialmente en los puentes de Waterloo, Lambeht y Westminster, después de la criminal matanza de una furgoneta arrollando peatones en el puente de Londres, presencia policial y militar de máxima alerta. Un clima de conflicto que ha contagiado la política de las elecciones generales. El Brexit, La razón de ser de los comicios de hoy, ha pasado a segundo plano. Tanto la primera ministra, Theresa May, como el líder laborista, Jeremy Corbyn, no han hecho más que empeorar la situación al introducir el terrorismo como argumento en la batalla electoral, precisamente lo que pretendían los terroristas, han envenenado el clima político, con acusaciones cruzadas por los fallos de seguridad de sistema policial. La policía falta de recursos se encuentra desbordada y ha vuelto a poner en tela de juicio su eficacia y su solvencia para evitar la innecesaria agonía de quienes, como la familia del joven español Ignacio Echevarría, apuñalado por los terroristas cuando acudió a ayudar a otras víctimas, han tenido que esperar cuatro días para recibir las peores noticias sin poder todavía ver el cuerpo. Los laboristas culpan a May por los recortes en el presupuesto del sistema policial. Los atentados no sólo interrumpieron la campaña sino que ha revolucionado la previsión de los resultados. Lo que parecía un paseo triunfal se ha convertido en un suplicio para la primera ministra, con un líder de la oposición pisándole los talones. En esta atmósfera de zozobra nadie se atreve a hacer previsiones, sino que es muy difícil que May obtenga la ventaja que mantiene, con muy poca diferencia de votos se puede pasar de la mayoría a la derrota y, por tanto, sin poder reordenar un país que necesita con urgencia un Gobierno fuerte que afronte los retos de estar aislado de la UE y sumido en la incertidumbre.

8 de junio 2017

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