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Hechos son amores y no buenas razones

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La sociedad española se enfrenta a uno de los momentos más difíciles de la historia moderna. La degeneración de la clase política alcanza sus cotas más altas. El PSOE vive en estos momentos el mayor peligro de desplazamiento por el llamado “sorpasso” y la frivolidad de  sus dirigentes.

 Si Pedro Sánchez pacta con independistas en numerosos pueblos, si entrega a extremistas las alcaldías de las principales capitales, si en Barcelona comparte gobierno con la podemita Ada colau, si mira para otro lado o vota a favor  cuando los populistas proponen ocurrencias que dañan al sentido común, si por norma se sitúa en contra de todo lo que propone la derecha  sin pensar en el bien de España,  si no escatima guiños a Pablo Iglesias a pesar de que todos sabemos que quiere fagocitarlo, si se empecina en no dialogar con el partido más votado aunque sea por cortesía parlamentaria, si su comportamiento muestra una actitud desmedida por ser presidente aunque suponga la destrucción del partido, si el tiempo convierte en charlotada  sus asombrosos trucos de magia, si sus reclamos florales congregan a una prensa que días más tarde se ve obligada a anunciar su fracaso. Si va en contra de la identidad de sus siglas.  Si numerosos miembros destacados de su partido lo caricaturizan, tachan de “fantoche”o dan a entender que el gobierno que pretende sería una desgracia para España; si ha conseguido partir en dos al PSOE, si su liderazgo es tan frágil que el Comité Federal lo tiene que “atar corto”. Si a pesar de la evidencia sigue imitando a Felipito Tacatún –Yo sigo, empecinado-, a nadie puede extrañar que se haya convertido en un producto pasado de marca, falta de publicidad de consumo: parecido a la famosa  y deslumbrante campaña de CINAR: todo el mundo conocía su existencia, pero nadie sabía lo que era o para qué servía. Su aparición fue tan espectacular como estrepitoso su fracaso 

Quedamos expuestos al resultado de la batalla interna del PSOE. Es lógico, por tanto, que un gran sector de sus antiguos votantes le hayan vuelto la espalda y continúe a la baja, a punto de ser engullido por Podemos que ya lo ha hecho con IU y dispuesto a devorar al PSOE que, según las encuestas, ya le supera en votos y escaños, trata de usurparle el espacio y tiene la osadía de presentarse como “nueva socialdemocracia”, con lo que el Sorpasso a la italiana será en todos los aspectos posibles. Y Pedro Sánchez en el “limbo”, obsesionado con ser “reina por un día” a pesar de que los expertos en demoscopia le sitúan en tercera posición en la intención del voto, dispuesto a servir de trampolín a Pablo Iglesias –más listo y maquiavélico que él-, que le dejará tirado después de usarlo, quedando instalado un partido leninista furibundo tradicionalmente decidido a exterminar a los socialdemócratas. Siguiendo con la hipótesis real. Es fácil predecir que Sánchez se va a batir en retirada –muerto pero no vencido- con el objetivo de seguir de pie llevando lo que le quede de partido a los brazos de Iglesias, a riesgo de ser triturado definitivamente a cambio de salvar su orgullo y un momento de gloria.  

Dejando las predicciones y volviendo a la realidad del momento. A una semana de las elecciones del 26-J todos los sondeos predicen un escenario parecido al 20-D, y lo que se deduce de los discursos de los líderes de los cuatro partidos con posibilidades hace pensar que ninguno de ellos esté dispuesto a cambiar de postura. La única variación se traduce en que la coalición Unidos Podemos  se consolida en segunda posición (83-85 escaños -21%)) ante un PSOE a la baja, como hemos comentado,  y un Ciudadanos estancado en votos y escaños (38-40- 11%) que no suma. Con lo que Pedro Sánchez se encuentra en la misma encrucijada que la vez anterior pero con menos fuerza (80-83 -20%), solo el recurso de su ambición y la llave para inclinar la balanza a derecha, o izquierda: sabemos que la cabra tira al monte, y además lo proclama con lo que Sánchez y sus acólitos llaman gobierno del cambio.  

La paradoja es que el Partido Popular puede tener más votos pero no más escaños,  con una subida de 1,6, obtendría entre 122-124 escaños -31%-, frente a los 123 del 20 de diciembre (con un 28,7 de los votos). Por tanto, solo puede obtener la mayoría suficiente con la suma o abstención del PSOE, cosa poco probable. La opción de pactar con Ciudadanos ya la gastaron para nada. La otra sería PSOE con Podemos y los independistas circunstancia que vuelve a retrotraernos a la situación anterior. Esta última opción además de su suicidio político sumiría a España en una etapa de inestabilidad social y económica por las políticas de confrontación y sectarismo que provocaría un gobierno de este sesgo. Solo el voto indeciso puede producir algún pequeño cambio en las cifras y queda una semana de campaña. 

Por tanto, caso de que vayamos a unas terceras elecciones, que nos convertirían en la comidilla del mundo, nada descartables, el nuevo gobierno va a depender en gran medida de la decisión que tome el Partido Socialista a pesar de su previsible peor resultado de su historia. Las opciones no pueden ser más claras: democracia parlamentaria o asamblearia; mercado o antimercado; UE o fuera de Europa; sistema o antisistema. Es un verdadero peligro para España que una decisión de tal envergadura deba tomarla un partido dividido, confuso y mal dirigido. Solo cabe esperar que se restablezca la cordura y los socialistas den un paso al frente y quieran seguir siendo, junto al PP, garantía de la estabilidad constitucional de España. 

elblogdepacobanegas  20 de junio 2016 

 

 

 

 

 

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