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Necesitamos a Clin Eastwood

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España se  ha convertido en un territorio comanche, al estilo del viejo oeste americano, entre tahúres,  matones, asaltos, y apuestas. Un far west salvaje con vaqueros, indios, buscadores de oro, predicadores y chicas alegres de salón, con un sistema infradotado profundamente corrupto, y una justicia ineficaz y desequilibrada.

Necesitamos el sheritt, un Clin Eastwood que ponga orden en esta jungla. Sergio Leone podría haber realizado la película  de su vida, un remedo de su famosa trilogía cinematográfica: “El bueno, el feo y el malo”, “Por un puñado de dólares”, y “La muerte tenía un precio”. Ironías de la vida, nosotros descubrimos América y, de seguir así las cosas,  ella tendrá que venir a civilizarnos a nosotros pues Europa, que se supone competente, dentro de nada va a ser incapaz de rescatarse a ella misma.

Se impone un cambio en las formas. O se modifica la  política con un sistema más justo, proporcional  y equitativo,  o el mundo nos va a cambiar a todos, si es que nos queda resuello para soportarlo.   

La izquierda populista ha resucitado las dos Españas, una de izquierdas y otra de derechas, y el odio eterno que provoca. 

 Lo que está ocurriendo en Barcelona y, en mayor o menor medida en otras comunidades españolas, es la consecuencia lógica de ese mestizaje ideológico fruto de la suma de un montón de radicalismos que, manipulados convenientemente, nacieron  con la pretensión de romper el sistema. Lo han tenido muy fácil pues los incumplimientos de programas, la traición a los principios, la corrupción y el desprecio a las necesidades e inquietudes de los propios votantes o de los españoles en general, ha sido y es un buen caldo de cultivo. La consecuencia lógica es la radicalización que está destruyendo la estabilidad del sistema político, los antisistema que están invadiendo las principales regiones y extendiendo su influencia por todo el territorio nacional, lo que demuestra que el asalto a las instituciones  es más factible de lo que parece, y que los mismos que se amotinan pueden alcanzar el poder mediante e asalto de los votos. Los partidos clásicos, que todavía tienen oportunidad de remediarlo, deberían aprender la lección  de que tienen que renovar sus estructuras, modernizar sus mensajes, adaptarse a la realidad social y, por supuesto, cambiar los comportamientos, para que la ciudadanía pueda entender con claridad lo peligroso que está resultando la vertebración política, prometer que van a defender sin cesar la calidad y los valores esenciales de nuestra democracia, mejorar su deficiente capacidad de distribución de la riqueza,  y la renovación total del sistema. Un gobierno con capacidad para descubrir nuevas posibilidades  y oportunidades de acuerdos e incluso para transformar realidades aparentemente inamovibles.    

  A mi juicio, los cambios sociológicos son los más importantes de los anteriormente citados y es realmente sorprendente que se siga operando como si no existieran. Hay un gran sector de la población que ha quedado marginado de la vida del país; la clase media que en España supone el cuarenta por ciento de la población, ha descendido a niveles de ajuste inasumibles, y unas cifras de paro que superan con mucho los cuatro millones; o los pensionistas, con su prestación congelada, con perdida notable con respecto al nivel de vida a pesar de que el gobierno alardea de lo contrario.  Con este panorama, una deuda pública letal y la seguridad de nuevos recortes para ajustarla a los índices marcados por la Unión Europea,  va a ser muy difícil soportar los despropósitos del estamento político. Se impone, por tanto, una renovación del sistema y un nuevo planteamiento de las estructuras del Estado. 

Y no hay más cera que la que arde. Estos movimientos antisistema, que se extienden como un reguero de pólvora, tienen la consecuencia en el descontento, la miseria que oprime,  la rabia, la desesperación, el trato tan injusto que está recibiendo una parte importante del electorado.   

Aprovechando la indignación que provoca en estos sectores tan desfavorecidos, surge, como un mito alternativo y pujante, movimientos como el 15-M que a estos grupos de riesgo se les antoja el paisaje retórico de unas oligarquía que han secuestrado la democracia, reclamando más derechos, exigiendo mayores satisfacciones materiales y sedientos de venganza buscan culpables a su fracaso, que encuentran en las oligarquías políticas surgidas de la transición.  

Podemos, que surgió de estos movimientos, se acogió a esta estrategia encauzando el descontento de las masas hacia la toma de poder, con Iglesias y Errejón  en un alarde de clarividencia y su proyecto bien aprendido de Venezuela: “Nuestro papel no consiste en predecir los brotes, sino más bien en encauzarlos y explicarlos (..) y en ser estimulo de la radicalización, manipulando conceptos, ideas y principios cruciales como la libertad, incluido la religiosa, la propiedad privada.... Si siguen aferrados al tactismo de la demagogia populista seguirán conquistado plazas. Lo que está ocurriendo en Barcelona  es solo un ejemplo de lo que nos espera en caso de seguir por donde vamos, y hay que recordar que con apoyo del PSOE que está siendo cómplice necesario, sumido en una profunda crisis de liderazgo y valores en la medida que sigue sin resolver si su alma es soberanista o no. Su ambigüedad sobre la unidad de España y la fractura interna le han convertido en un partido residual  al que faltan fuerzas para evitar ser absorbido por la versión catalana de Podemos.  

 En virtud de ello se comprende y abraza a delincuentes callejeros como los del barrio de Gracia, a encarcelados violentos como el concejal Bódalo o a terroristas como Alfón, aquel angelito pillado con una mochila de explosivos. Pero estos movimientos  masivos  no tendrían cuórum, efectividad, sin  estos ejemplos y otros del mismo corte,  mecha incendiaria, germen de la revuelta de una multitud que aprovecha la ocasión o la  oportunidad de expresar su descontento. Sembrando el pánico en la población, no respetando la propiedad privada, enfrentándose a la policía con las revueltas callejeras y la okupación.  

La consecuencia es la radicalización que está destruyendo la estabilidad del sistema político. Precisamente cuando la  falta de libertad se impone en  Cataluña, el pensamiento único dictado por el fanatismo  antiespañol. 

Pero eso merece una profunda reflexión. Esta violencia inusitada solo se puede comprender  en un estado de desesperación de gente que no tiene nada que perder  porque todo lo tienen perdido. Lo que está ocurriendo en Barcelona, sus calles convertidas en guerra campal con la policía, puede extenderse a otras capitales de España, como en ocasiones pasadas  en Madrid o Valencia, con los resultados que estamos viendo. Cuando la razón obceca a este extremo de violencia, de irresponsabilidad, algo se está haciendo mal. Una persona que sufre carencias que afectan a las más elementales necesidades de subsistencia, techo, comida, educación, y se encuentra atrapada en un estado de necesidad que provoca desesperación, la mente se obceca. Y se extiende gracias a la más tóxica de las combinaciones, el lavado de cerebro con una educación manipulada, el mito antifranquista de la izquierda y el separatismo, y la desidia del Estado hacia una parta importante de la población que vive en la más incomprensible miseria. 

Que expliquen cómo puede sentirse un joven que está viendo en su casa la desesperación al carecer de los más elementales recursos, o un padre de familia que no puede aportar lo mínimo necesario para  la subsistencia de sus hijos, o una madre, como hemos visto estos días a mujeres que se enfrentan a la policía en un estado de provocación que produce escalofríos. Y el círculo vicioso que supone, pues la policía no puede reaccionar proporcionalmente porque el hándicap de esto está en que quien puede impedirlo ha sido anteriormente uno de ellos, la señora Colau lo lleva en el tuétano. La rabia y la desesperación conduce al radicalismo y obliga a pensar en la necesidad de una ley de educación que cubra las carencias de un gran sector de la juventud que está siendo manipulada y mal conducida. La debilidad de las instituciones les ha hecho más fuertes. Acentuada, en este caso, por la condescendencia  municipal que manifiesta Ada Colau y el peso de la CUP, les ha dado motivos para reclamar con más fuerza y violencia algo que consideran suyo, un local del barrio de Gracia cuyo alquiler pagaba el Ayuntamiento -su primer edil entonces, XabierTrias que optó por plegarse al chantaje para evitar “males mayores” aquí todo el campo es orégano-. Una cosa conduce a la otra. A través de estos comportamientos tan miserables  Ada Colau y Puigdemont muestran sus propias  contradicciones al ser sostenidos por los radicales, su estabilidad política depende de ellos. 

Lo que está ocurriendo en España es el pan de cada día, el modo de proceder raya en lo miserable Se cede ante los terroristas, se responde igualmente a la coacción del separatismo.  Pagando y cerrando bocas porque los que reciben callan. Nunca llegaremos a enterarnos de cuanto han pagado. Cuanto ha costado ya éste despropósito, con un Presidente de la Generalitat –el actual y los anteriores- que provoca abiertamente  al Estado, incluido el Institucional y a la justicia, anunciando un referéndum y la inmediata independencia si no responden a su chantaje, sin que se dé una respuesta adecuada aplicando la ley y el estado de derecho. Una situación irreversible, de facto Cataluña es independiente de España. Además del lastre que representa su independencia efectiva, los españoles tenemos que financiar sus excesos  y disparatada locura. Se sigue derrochando en embajadas y otros organismos de promoción exterior, en campañas de mentalización cada vez más efectivas, en medios de comunicación partidistas que ayudan a esta disparatada locura que se extiende de forma irresponsable. En el enriquecimiento de sus políticos, como hemos visto con el honorable Puyol y su tropa, y ahí están vivitos y coleando sin que la justicia haya tomado ninguna medida ejemplarizante aunque sea por cubrir el expediente. Cataluña ha entrado en una deriva de deterioro general, la deuda catalana tiene una calificación de bono basura, que se debe al masivo desprecio de las instituciones que se legitiman en la ilegalidad y la rebeldía sin que los responsables legítimos de que se respeten las leyes y la Constitución hayan cumplido con su deber de evitarlo. 

 Barcelona es una ciudad sin ley. No solo es la más corrupta, la menos libre, la más insegura jurídicamente, es la más violenta. Muy difícil lo tiene el estado de derecho. Se han hecho tantas dejaciones, se ha actuado con tal irresponsabilidad, que el hecho consumado es una realidad,  y una sangría para los españoles en general pues encima de que consiguen ser  independientes tenemos que sufragar su despilfarro y  chantaje continuo. Todo gracias al desprestigio de la izquierda y a la cobardía y los complejos de la derecha. 

Lo grave de todo este asunto es que los propios catalanes son los primeros perjudicados, como estamos viendo, la demagogia y la manipulación junto con la desesperación de la clase más desfavorecida, es un explosivo de consecuencias imprevisibles. 

Es necesario que los políticos recuperen la cordura. Todos han demostrado su ineficacia y, sobre todo, su irresponsabilidad. Como mal menor se impone un pacto entre los  grandes partidos y emprender una reforma a la totalidad. La primera medida es reducir el aparato del Estado, su mastodóntica administración, y dedicar esos recursos a atender a esa población que vive en la más completa miseria o con carencias impropias de una democracia. Inmediatamente un pacto para un nuevo planteamiento del  sistema de educación en todo el territorio  nacional. Una reforma institucional que garantice la unidad de España y la igualdad de todos los españoles. Una ley electoral que permita la gobernabilidad del partido más votado, y acabar con tanta chapuza antinatura condicionante. 

Los sondeos y los expertos en demoscopia  no esperan muchas variantes en la consulta del 26-J con respecto al 20.D, incluso dejan abierta la posibilidad de que el voto vuelva a moverse hacia la izquierda y  Podemos-IU recupere 6 escaños, frente a los 4 que pierde el PSOE. El PP mejora mínimamente sus resultados y Ciudadanos se mantiene. El PSOE es el gran perjudicado, según las encuestas. La realizada por GAD 3 para ABC, publicada recientemente, muestra a un PP dominante en el conjunto del país, consigue ser el más votado en 44 de las 52 circunscripciones, pero las diferencias en escaños siguen siendo mínimas. Se supone fundamental la campaña, el voto indeciso podría aportar alguna sorpresa.  Dicho todo esto, está claro que ninguno de los cuatro partidos dominantes va a poder gobernar con mayoría absoluta, necesariamente se van a necesitar unos a otros. Esperemos que la responsabilidad y el sentido de Estado se impongan para ese gran pacto que España necesita o, al menos, eviten el lamentable espectáculo de los cuatro meses de la anterior legislatura, y dejen gobernar al más votado. 

Pero ustedes saben mejor que yo  que eso es ciencia ficción, vamos a necesitar un Sherff bien adiestrado que ponga en orden a la parroquia. A mí se me ocurre Clin Eastwood. 

Elblogdepacobanegas  2 de junio 2016 

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