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UNA NUEVA EXPERIENCIA TEATRAL

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UNA NUEVA EXPERIENCIA TEATRAL

Uno de esos días me encontré en el Café Gijón con un viejo conocido, Fernando Martínez Beltrán, autor teatral que había conseguido cierto reconocimiento en concursos teatrales –entre otros el “Lola Membrives” que patrocinaba Conrado Blanco-, tenía experiencia -algunas obras suyas se habían estrenado en provincias-, incluso, para la radio se había realizado la adaptación de alguna de ellas, además, ejercía el periodismo en Murcia, mi tierra de nacimiento, él es alicantino. En anterior ocasión habíamos hablado de la posibilidad de estrenar alguna pieza suya, pero el tiempo y las circunstancias se encargaron de dejar atrás todos estos proyectos, como ha quedado expuesto con anterioridad.

Fue una agradable coincidencia, que los dos celebramos, y nos enfrascamos en una conversación que se prolongó durante varias horas al interesarnos por lo que había sido de ambos en este tiempo transcurrido y de lo que en estos momentos nos tenía ocupados. Me habló de que estaba en plena preparación del estreno de una de sus obras: “Réquiem por una Vampiresa”; hice un gesto de sorpresa por el título y él me aclaró que se trataba de una versión muy particular sobre el ocaso de una estrella que, tras haber conseguido los mayores éxitos en su carrera profesional, se ve abocada al irremediable declive, a la decadencia profesional de su arte, a la necesidad de enfrentarse al irremediable panorama de su belleza marchitada y del espíritu vacío, simbolizando la figura de la mítica Marilyn Monroe. Un tema muy interesante, no se me ocurrió otra cosa en ese momento.De pronto, para sorpresa mía, me dice: te propongo que la dirijas tú, tenemos que estrenar dentro de quince días, por necesidades de programación del teatro Reina Victoria, no hay tiempo para más; el reparto lo protagoniza Luisa Sala y Pastor Serrador. No, por muchas razones –dije yo, intentando reponerme de la sorpresa-: estoy fuera de contexto, no tengo estímulo profesional, me encuentro lejano y desmotivado, no hay tiempo para el estudio y la refl exión…, gracias por el ofrecimiento pero no es el momento. Estaba decidido a dirigirla yo –dijo- pero ahora me doy cuenta que no hubiera sido oportuno. Hacemos una cosa, tengo un guión, te lo llevas, lo lees tranquilamente y mañana a la hora que quieras nos vemos y hablamos del asunto, estoy seguro de que harás un buen papel. Es más, quedamos en el Club Indiana, un bar que tiene Pastor Serrador, muy acogedor; es un ambiente estupendo, siempre se encuentra a alguien con quien compartir aficiones y, además, si te gusta la pintura habitualmente encuentras una exposición interesante. Está bien, dame el guion –no te prometo nada- lo leo y mañana hablamos.

Al día siguiente, a las ocho de la tarde, estaba puntualmente en el bar. en una mesa, al fondo del local, estaba Fernando, Luisa y Pastor, nos recibieron con gran simpatía; tras el saludo nos sentamos y enseguida entraron en materia; lo primero que me preguntaron fue qué me había parecido la obra: hombre, no es “Los intereses creados” pero podría tener su público, dije yo en tono de broma dirigiéndome a Fernando. He leído el libro con mucho interés, como es de suponer, y estoy convencido de que este proyecto necesita más de quince días para hacer un trabajo digno independientemente de que la obra, más tarde, guste o no. Lo mejor es que seas tú el que se encargue de ello –le digo a Fernando- que conoces el proyecto y no tienes ninguna duda sobre lo que quieres transmitir; ya tendremos ocasión, más adelante, de colaborar juntos en alguna otra ocasión, las cosas precipitadas nunca traen nada bueno. Los tres coincidieron en decirme que el proyecto estaba muy adelantado, el reparto casi completo, salvo que yo quisiera hacer alguna modifi cación, y un boceto de decorado a falta de retoques. Lo único que los 25 días de ensayos habituales quedaban reducidos a 15, a lo que Luisa y Pastor añadieron que ellos pondrían de su parte toda la carne en el asador para que con un poco más de esfuerzo y tiempo de ensayo quedara compensada una cosa con otra. La conversación transcurrió en estos términos, la cosa se fue relajando, pidieron unos aperitivos para picar.

La obra no estaba mal, el tema interesante, yo lo creí comercial. Luisa Sala y Pastor Serrador eran una pareja de primeros actores con mucho atractivo para un cartel de teatro comercial, su categoría profesional indiscutible y en un excelente momento de popularidad; con el aliciente de que desde hacía ocho años no trabajaban juntos y seis que estaban separados como matrimonio, lo que podría suponer un gran reclamo publicitario. Por otra parte la fuerza dramática de la obra y del texto descansaban, en gran proporción, sobre la primera actriz –protagonista indiscutible- y Luisa Sala tenía la sufi ciente fuerza y experiencia como para soportar este peso y salir airosa del intento. El personaje masculino protagonista necesitaba un actor carismático, cínico, con muchos recursos y Pastor Serrador ofrecía sobradamente este perfil. El galán que daba la réplica a la actriz en el ocaso de su fama tenía que ser un actor con mucho atractivo -físico y natural-, y se recurrió a Rogelio Madrid –procedía del cine- que, además de actor, era torero en su vida real, lo que también suponía un aliciente. Y el segundo papel femenino que con gran fuerza dramática daba la réplica a Luisa Sala, recayó en Ana Carvajal con sobrada experiencia. El resto de los papeles estuvieron representados por Ángel Quislant, Carmen Santos...

 

 

Pronto llegó el día del estreno -13 de mayo de 1964-; el día anterior hicimos un ensayo general con todo, que se prolongó hasta muy de madrugada; tuvimos muchas dificultades con los cambios de decorados, estos no solo se producían en el entreacto, también durante la representación y es obvio decir con la rapidez que esto se tenía que producir, ayudados por unas regulaciones de luz –a negro- que emergía en unos segundos. Alguien decía que ensayo general con dificultades era presagio de un estreno perfecto, o al revés, y algo de razón debía tener pues los problemas se fueron subsanando y al día siguiente todo transcurrió con absoluta normalidad. El público asistente reaccionó con aplausos prolongados, pero la crítica estuvo dividida; lo que para unos había estado bien, era para otros un desastre, a tal extremo de contradicción y discrepancia que este tema fue motivo de una “tercera página” en el diario “Pueblo”, uno de los periódicos de mayor tirada nacional en aquellos tiempos, que dirigía el maestro de periodistas Emilio Romero; texto que reproducimos íntegramente.

 

 Diario Pueblo

“RÉQUIEM POR ALGUNOS CRÍTICOS”

Nota de la redacción: Don Fernando Martínez Beltrán, autor de la comedia titulada “Réquiem por una vampiresa”, ha dirigido a nuestro director un escrito sobre el reflejo que ha tenido en la crítica madrileña el estreno de la citada obra. Y afirma que lo hace ahora, cuando la comedia no está ya en cartel, a fin de que sus manifestaciones no puedan ser consideradas vehículo de publicidad.

He aquí lo que dice el mencionado autor:

El Secretario General del Instituto Internacional de Teatro se dirige a mí solicitando los datos concernientes al estreno de “Réquiem por una vampiresa”. En el capítulo referente a la crítica se sugiere la cita de una favorable y otra adversa. Naturalmente, he tenido necesidad de hacer un minucioso estudio para seleccionar los comentarios “clave” que puedan definir, directa y concisamente, el balance de mi estreno. He tomado dos: “El espectador permanece en todo momento ajeno a lo que ocurre en el escenario”, afirma Miguel Torres, en ABC. “El público manifestó su interés por lo que ocurría en escena y aplaudió a los intérpretes y al autor, que salió también a saludar”, informa Elías Gómez Picazo, en el diario “Madrid”.

Esta división de opiniones, bien a las claras antípodas, me produce un sabor de indiferencia a todas luces desmoralizador. Lo considero un fraude para el lector de la tarde, que, dejándose llevar por la información de “su” crítico, asistió a cualquiera de las representaciones de “Réquiem por una vampiresa”, tratando inútilmente de manifestar su interés por lo que ocurría en escena. Y una deformación de la realidad para el lector que ha madrugado y que a pesar de la advertencia -¿sana o insana?- de que se abstenga de asistir a la representación de una “empresa fallida desde el principio al fi n” (sigue opinando Miguel Torres) ha tenido el suficiente gesto de caridad para comprar una localidad o para aceptar un “vale” y se ha sentido interesado por lo que estaba ocurriendo en el escenario. Cualquiera de los dos espectadores tendría derecho a que se le devolviera el importe de la localidad y a que se le diera una satisfacción por el engaño.

(Un inciso para comentar mi perplejidad y mi sorpresa cuando al buscar la firma de la autoridad que me juzgó en el prestigioso diario matutino me encontré con un nombre tan “novel” para mí en su calidad de crítico como yo pueda serlo para él en mi condición de autor)

Pero sigamos con las discrepancias de opiniones. “El público tributó algunos aplausos a los intérpretes al finalizar la función”, dice Arcadio Baquero en “El Alcázar”. Sin embargo, F.Galindo, en “Dígame”, comenta: “El público aplaudió mucho, al terminar la representación; el telón se alzó diversas veces y en el palco escénico comparecieron el autor y el director”. Y Luis Ardila, en PUEBLO; “Hubo largos aplausos para todo y para todos, al final de cada uno de los actos de que consta la ficción.” Y en “Ya”, firmada la información por M., se escribe: “El público siguió con interés la representación y aplaudió los finales de acto. El autor salió a recibir el homenaje de la sala.” Y en “Informaciones”, Pablo Corbalán: “El público aplaudió con cortesía el acto primero y con más fuerza el segundo. Autor, intérpretes y director saludaron desde el proscenio…” Cuatro contundentes réplicas para el gratuito comentario de Baquero, cuya asistencia, la noche del estreno, pasó para todos inadvertida. Más aún, teniendo en cuenta que para proclamar y deducir que “se premiaba solo la labor de los intérpretes”, tuvo necesidad de exhibirse, en calidad de mantenedor de una encuesta, haciendo indagaciones entre “algunos” de los que aplaudieron…

Suma y sigue la incoherencia de opiniones. Esta vez en los periódicos de la tarde. “los intérpretes, salvo, quizá, los secundarios, no se sabían los papeles. Luisa Sala, desde luego”, escribe Corbalán en “Informaciones”. Pero en PUEBLO, Luis Ardilla reseña: “Luisa Sala –siempre gran artista, temperamental y con indudable dominio de la escena- personifi ca a la perfección a la protagonista.”

Debo aclarar que el personaje incorporado por la Sala estaba marcado con vacilaciones e incluso equivocaciones en sus parlamentos. Se trataba de una actriz, a quien se había rescatado de la muerte, tras un intento de suicidio, todavía bajo la “borrachera” de unas emanaciones de gas, y no era aconsejable que se expresara como pudiera hacerlo un orador de palabra fácil. Quizá por ello el señor Corbalán dedujo que la actriz no se sabía el papel. Absolutamente incierto. Yo pienso que debía escribir, si así lo estimaba, que estaba equivocada la dirección del personaje. Que es, precisamente, lo que yo deduzco de su crítica…Que estaba equivocada.

Capitulo dirección, sin comentarios. He aquí algunos de los más anárquicos juicios emitidos para acabar de desorientar. Informaciones dice: “La dirección brilló por su ausencia. Pero “Madrid”: ”La obra está acertadamente dirigida por Francisco Javier Banegas.” Por su parte “El Alcázar” comenta: “una discretísima dirección de Banegas”. Y “Dígame” expone: “Francisco Javier Banegas dirigió la obra sobriamente, imprimiéndole un ritmo severo.” Finalmente “Es muy encomiable el trabajo de Francisco Javier Banegas como director de escena.” Reseña PUEBLO.

¿A qué carta debe quedarse el ingenuo y confi ado lector que busca en la reseña crítica una objetiva y sensata orientación para ayudarle a elegir el espectáculo que le interese? Es una pregunta sin respuesta. Tampoco hay respuesta para el crítico de “Ya”, que afi rma que el autor de “Réquiem para una vampiresa” está especializado en seriales radiofónicos, si se le preguntase por alguno de los títulos que nutren esa “especialidad”. Tengo que confesar con cierto rubor. No he escrito un solo serial en toda mi vida. Lo más que conseguí fue que dos obras de teatro mías -“Detrás está la vida” y “No hay luz en la casa de enfrente”- fuesen adaptadas en capítulos para la radio por una fi rma en esa especialidad. La de Luisa Alberca. Pero también se ha divulgado el “Quijote” en espacios seriados y a nadie se le ha ocurrido afi rmar que Don Miguel de Cervantes y Saavedra fue en sus tiempos un “serialista” radiofónico. Porque en aquel entonces no se había inventado la radio. Quizá la crítica despistada tampoco…

Fernando Martínez Beltrán