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Curiosidades de mi archivo:Las Pirámides, maravilla del mundo

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    El Egipto antiguo, fue un país eminentemente monumental. Los faraones cifran su orgullo en ser grandes constructores y en dejar a la posteridad monumentos grandiosos que perpetuasen su nombre, aunque para realizarlos tuviesen que utilizar, hasta el agotamiento, a millares de súbditos y esclavos.

La materia prima la daban las canteras de la cadena montañosa que corre a lo largo del Nilo, y en especial las de Siena, que producían un bello granito, rosa o azulado, que se transportaba en balsas por el río hasta las proximidades del lugar donde querían construirlos. En los monumentos más antiguos, como Las Pirámides, la piedra era tallada con mucho cuidado, los sillares se mantenían unidos sin necesidad de cemento  alguno y la superficie se pulimentaba. Los monumentos de Tebas, por el contrario, estaban anteriormente cubiertos de estuco pintado con brillantes colores, de modo que tapaba la piedra y no era esta tallada con tanto esmero.   

     Los grandes monumentos egipcios se pueden dividir en dos grupos: los de orden religioso, templos, localidades en el bajo Egipto. El segundo grupo en que hemos dividido los monumentos egipcios es el funerario, de gran importancia para un pueblo que consideraba sus casas como lugares de paso y sus tumbas como mansiones eternas; en él se pueden distinguir tres tipos: las pirámides, las mastabas y las tumbas subterráneas. Las Pirámides han hecho célebres a los reyes de la IV dinastía Kheops, Khefren y  Micerino, que mandaron construir sus famosas sepulturas cerca de Menfis en una meseta que está sembrada de monumentos y de pirámides pequeñas, de las que cada una es una tumba. La mayor de las Kheops tenía 144 metros de altura y se dice que fueron empleados en su construcción 100.000 hombres, que trabajaron durante treinta años; se trajo la piedra desde la otra orilla del Nilo y se elevaba hasta las pirámides por medio de una calzada de pendiente suave que se demolió al terminar la obra.

    Perdidas ya las piedras pulimentadas que formaban el revestimiento anterior, hoy aparecen las pirámides a primera vista como un enorme amontonamiento de piedra que simula no tener ninguna abertura; sin embargo, se abre la entrada en una de las caras de la pirámide, y atravesando una serie de corredores tortuosos y cámaras falsas se llega a la que contenía el sarcófago real, considerada por su autor como inasequible a los violadores y exploradores de tumbas.

    El sarcófago de Micerino se ha encontrado y se conserva pues los de Kheops y Khefrem ya habían sido robados cuando se llegó a explorar la cámara real.

    Como se necesitaba ser faraón para poder construir una pirámide y aun no fueron todos suficientemente poderosos para lograrlo, los altos dignatarios  de la corte, las personas ricas e influyentes que estaban también preocupadas por su mansión funeraria, debían buscar otro tipo de sepultura que, siendo más modesto que la tumba real, reuniese las imprescindibles condiciones de seguridad y duración. Tales fueron las mastobas, que abundan también en las cercanías de Menfis y ofrecen gran variación respecto a su tamaña y riqueza de ornamentación.

LAS PIRAMIDES

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