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El amor: Forma generadora de la vida

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El hombre y la mujer separados son dos mitades incompletas

      Considerado como forma generadora de la vida, que une y armoniza la naturaleza, el amor inspiró siempre la fantasía de los hombres, penetrando también en el campo de los sentimientos religiosos. En todas las religiones existen personificaciones del amor que expresan el concepto particular de los distintos pueblos acerca de este fenómeno. El mito de Afrodita y de Eros representa la interpretación naturalista del amor, propia de la antigüedad clásica.

      El hombre y la mujer separadamente son dos mitades incompletas. Dos mitades que deben unirse y complementarse para formar un todo completo.

     Referido a las relaciones interpersonales, el término amor designa, además, la atracción física, la unión de intereses, pensamientos y actos en torno a la persona amada y las manifestaciones de afecto y estimación recíproca que constituyen la base fundamental de los sentimientos de amistad, fraternidad y solidaridad.

     ¿Por qué ha dado Dios al mundo el amor como el más valioso regalo? La respuesta a esta pregunta variará de acuerdo con el carácter, la ideología y los conocimientos de cada cual. Dirán unos: para que dos seres humanos se hagan mutuamente dichosos. Otros: para que la humanidad no se extinga. Para que...

     Para que se tenga claro el objetivo de poder convertir en una realidad la plenitud mental, afectiva y corporal a que nos tiene destinado la naturaleza humana, el creador ha concebido a los hombres y a las mujeres en los placeres y dolores del amor. Tan evidente es tan profunda razón que difícilmente puede concebirse que sea en número tan escaso los que la comprenden correctamente. 

     De tal manera está hecho el ser humano que sufre al no tener este todo con las dos mitades. En cambio, adquiere la capacidad de ser feliz e incluso puede experimentar el más puro placer si sigue los impulsos del corazón,   pues se trata de un sentimiento interior. El amor solo procura felicidad, pero el fuego ha de sostenerse con combustible, una mirada, un  caricia de manos, una respuesta expresiva, lo estimularán inmediatamente. Y si estos signos son claros y compartidos, puede nacer el amor recíproco, y no existe nada tan bello como la primera época del amor, es lo más delicioso que el hombre pueda imaginar.

     El conjunto de ceremonias, manejos y juegos con los que los amantes pretende hacerse grato y duradera esta época de los amores se llama cortejar, utilizando para ello métodos de seducción que suelen ser iniciativos implícitas que marcan el grado de inclinación de cada uno. Y lo es exteriormente no por obra de unas sensaciones en las leyes de la naturaleza  sino por medio de la tortura que representa un afán interior insatisfecho. 

    Una prueba de la ley de la complementación la encontraremos ya en el simple aspecto corporal; sin embargo, no es solamente la diferencia de la apariencia externa la que predestina para la unión al hombre y la mujer. La naturaleza ha previsto una división de trabajo que el hombre debe reconocer y realizar.

    Vemos en esto, ante todo, cómo los seres humanos son incapaces de subsistir separados unos de otros, interpretando esto en un sentido más propio, ya que sin la unión del hombre y la mujer no habría seres humanos en el mundo desde hace mucho tiempo, aunque la ciencia y la investigación hayan incorporado otras posibilidades.

     Pero cuando digo en sentido figurado que el hombre y la mujer son incapaces de vivir separados, quiere expresar sobre todo con esto que nunca les es dada la posibilidad de experimentar la existencia de una forma exhaustiva y perfecta mientras permanezcan separados. Son incapaces en tal estado de saborear por entero la dicha de nuestro paso por la tierra. No puede maravillarnos que en los hombres solitarios deban permanecer insatisfechos los más fuertes instintos.

     No es solo el instinto sexual el que empuja a la comunidad debida con una persona de sexo opuesto. El alma humana está dotada con muchos y muy diferentes instintos, todos los cuales nos dio el creador para que los humanos vivieran aparejados y para la conservación de la humanidad.  

     La abrumadora sensación de infidelidad acompañada de un ardiente anhelo de encontrar compañía que se forma en toda persona que vive en una soledad, únicamente soporta esta soledad cuando busca conscientemente su complemento, ya que no es otra persona, en la concepción de elevados objetivos: religiosos, científicos, artísticos.   

     El amor, este subyugador sentimiento que da felicidad a los que la experimentan, nos revela que hemos encontrado nuestra otra mitad, es decir, lo que nos faltaba para complementarnos. Sentimos que por fin, “tenemos lo que necesitamos”.   

dos mitades

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