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La cruz de Santiago o milagro del mar

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Santiaguiños - santiagueiros o  cangrejos del apóstol 

Con la llegada de la Navidad, un nuevo marisco se abre paso con la intención de arreglar el presupuesto.

      Para muchos españoles, el marisco es un producto indispensable en las mesas de Navidad. Por variedad y,  sobre todo, por calidad, el paraíso de este producto del mar, es España. 

     En todas las costas que rodean la Península Ibérica se capturan crustáceos y moluscos para todos los gustos y bolsillos. Desde el bogavante y centollo,  la gamba roja o blanca, la ostra y el langostinos. En este tiempo en que se le da tanto valor al producto, los mariscos españoles son, en su conjunto, los mejores del mundo, langostas, navajas, vieiras zamburiñas, a los que se incorpora uno que acompaña la leyenda. Se llama “cangrejo del Apóstol”, y fue Santiago quien –a ruego de los pescadores y para que la historia ampliara sus páginas- cargó las redes de un nuevo marisco que proclama su grandeza con la cruz de Santiago grabada en su caparazón. La historia se remonta hasta el año 39. Durante la guerra civil, después de haber salido ilesos de  la batalla de Teruel, dos marineros gallegos alistados en el ejército de tierra, combatían por Aragón. De regreso, al pasar por el Pilar, quisieron mostrar su agradecimiento por haber tenido la fortuna de resistir a los muchos combates en que intervinieron. Postrados ante la Virgen cayeron las bombas que luego se mostraron al público en la contemplación pública. 

     Cuando ilesos regresaron a sus casas, como  su medio de vida era la pesca, pronto volvieron a reanudar su tarea. Prepararon sus útiles de trabajo y bogaron hacia los caladeros de nécoras, era su especialidad. Después de muchos intentos, los resultados eran negativos. Las pequeñas jaulas salían, una y otra vez vacías. Bogaron incansablemente toda la noche en busca de nuevas zonas con mayor fortuna, pero todo era inútil y los fracasos se sucedían unos a otros. Fue entonces cuando uno de ellos, alzó la frente al cielo y –postrándose de rodillas sobre la húmeda embarcación- invocó la protección de Santiago implorando su ayuda. Volvieron a introducir los cestos, intentando una nueva colada, y cuál sería su asombro, cuando al ir a sacar las nasas, no podían con ellas debido al exceso de peso. Los cestos aparecieron colmados de un marisco, totalmente desconocido hasta entonces, con forma de cangrejo, la cruz de Santiago, luengas barbas y turbante extraño muy parecidas a las del Santo. Después comprobaron que tenía sabor y forma similar a la langosta y con menos desperdicio. Se diferencia en que esta tiene cuatro antenas, las laterales fuertes y más largas que el cuerpo y las centrales como la mitad; patas muy largas y sin pinzas y aleta caudal grande. El “santiaguiño” solo tiene aletas delanteras y color pardo negruzco parecido al  bogavante y a la langosta; ambos se vuelven rojos por la cocción. 

      No es fácil su pesca, hay que conocer muy bien el oficio, se sale sobre las seis de la madrugada  y la captura  es muy problemática. Se centran en bancos de difícil localización y permanecen ocultos cuando las aguas están mansas. Se cría en Galicia, sobre todo, en las Rías Bajas. De sabor exquisito, parecido a la nécora, con milagro o sin él –para que no se me enfaden los agnósticos-,  lleva grabada la exacta reproducción de la cruz de Santiago.

20 de noviembre 201

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