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LA POLITIZACIÓN DEL FUTBOL

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LA POLITIZACIÓN DEL FUTBOL

SI A LOS CATALANES INDEPENDENTISTAS NO LES GUSTA LA COPA QUE RENUNCIEN A ELLA.

El surrealismo ha inundado Cataluña, no solo en la política, también al deporte. No tiene sentido permitir al separatismo convertir el fútbol en rehén de otras provocaciones políticas basadas en un odio que puede llegar a generar violencia. Tal y como se esperaba, miles de radicales dando la nota han protestado con una sonora  pitada al himno de España durante la final de copa del rey entre el Sevilla y el Barcelona. Los abucheos y silbidos no han sorprendido a nadie, se daban por hecho en el estadio de la final en presencia del Monarca sin que nadie haya hecho nada por evitarlo. No era la única acción prevista, varias asociaciones independentistas hicieron un llamamiento a los socios y seguidores para que asistieran al estadio del Atlético de Madrid ataviados de amarillo, color elegido para simbolizar su apoyo a políticos y activistas encarcelados o huidos. Una vez más, el independentismo catalán, con la cooperación necesaria del FC Barcelona, la indolencia de la Federación de Fútbol, y la  pasividad vergonzante del Gobierno, han convertido una final de Copa del Rey en una baraúnda contra España.

Está por ver la repercusión de la ofensa a pesar de que el ministro del interior, Juan Ignacio Zoilo, tildo la pitada al himno como un acto de provocación. El gobierno debería dejarse de cicaterías y  erradicar la violencia del mundo del deporte. Hay que proteger a todos aquellos, que además son mayoría, que respetan los signos  con todo lo que tiene de simbología. Nos encontramos ante un estado ambiente  de escenarios y formas imposibles, una locura autodestructiva de aquellos que pregonan las bondades del independentismo y que ahora silban al himno y al rey en un evento de carácter exclusivamente deportivo: nos podemos hacer una idea de mundo en que la irracionalidad ha conducido a Cataluña en esta locura autodestructiva personal y colectiva que hoy tenemos.

El Wanda fue el sábado un gran café de patriotas verbalistas donde el separatismo catalán que nos ha traído el consenso pito al himno de España. La final de Copa del Rey celebrada en el Wanda Metropolitano,  de Madrid, ha sido el partido de futbol más politizado desde que en 1925 el campo de las Corts fue clausurado por los silbidos del público a la Marcha Real. Era un partido homenaje al  Orfeó Catalá, pero Primo de Rivera no consintió la afrenta y clausuró el estadio culé durante seis meses y privó al club de cualquier actividad.

Los comités secesionistas han creado un grupo específico focalizado únicamente en la final de Copa, con consignas dirigidas a menospreciar la figura del Rey, Felipe VI, al que no dudan en señalar como el máximo enemigo del independentismo catalán, por ese motivo, la pitada al himno ha pasado a un segundo plano porque el objetivo es el Rey. En España hemos asumido el todo vale. Es impensable que en cualquier otro país serio se admita la ofensa a los símbolos o al jefe del Estado. Si viaja por esos mundos y  se le ocurre ofender una bandera del país que visita, quemar una foto del jefe del Estado o atentar contra los sentimientos religiosos, estará cometiendo un delito que en muchos estados conlleva cuantiosas multas o años de cárcel.

El separatismo ha roto la convivencia en Cataluña y sigue sin darse cuenta de que sus objetivos no se pueden cumplir. Compete a la Federación de Española de futbol, organizadora del evento, no ponerse de perfil y hacer todo lo posible para evitar este allanamiento  de los sentimientos y símbolos de los españoles. La Corona, la Constitución, la ley y nuestro himno nacional merecen el máximo respeto.

El Barcelona ha convertido cada final en la que participa en un absurdo acto de reivindicación política en defensa de falsedades, pero se da el caso de que en nuestro país no hay presos políticos ni repúblicas independientes, si no les gusta la copa que renuncien a participar en ella. En España  las ofensas contra los símbolos tienen un grado de permisibilidad jurídica inadmisible. Silbar al Rey, acallar con gritos y pitidos el himno, o portar banderas inconstitucionales como la estelada, suele salir gratis. España es un estado democrático de derecho en forma de Monarquía parlamentaria, aconfesional, por lo que se respeta la diversidad de creencias y la libertad de expresión desde la consideración a los demás. Por eso me cuesta tanto comprender el empeño de quienes permanentemente quieren avivar odios y rencores.

elblogdepacobanegas  23 de abril 2018

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