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ESPAÑA NECESITA UN GOBIERNO ESTABLE

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El discurso anticorrupción del PSOE 

El PSOE no descabalga de su desorientación. Es más, la agrava día tras día negándose a sí mismo el protagonismo que le corresponde en la estabilidad institucional de España. El sectarismo que mantiene el actual bloqueo, provocado por la imposibilidad casi metafísica de establecer acuerdos transversales, tal vez no sea la mejor manera de afrontar los grandes retos que nos aguardan.

Pedro Sánchez, en sus alucinaciones sin rumbo, se ha olvidado de que la historia suele ser pertinaz y nos cuenta que cuando los partidos moderados se acercan al extremismo de su ideario político pierden fuelle, porque los ciudadanos ya no estamos dispuestos a alimentar excesos doctrinales. Los líderes políticos han de persuadirse de que el caladero de votos futuros se encuentra en el centro tanto en la derecha como en la izquierda.  

El argumento persistente de agrupar en exclusiva,  y acusar al PP de todos los males de la corrupción, se ha desinflado como un globo ante la evidencia.  La Fiscalía Anticorrupción acusa a más de veinte personas, entre ellas los dos expresidentes de la Junta de Andalucía y expresidentes del PSOE, Manuel Chavez y José Antonio Griñán, de los delitos continuados de prevaricación de fondos públicos. Para el primero pide  seis años de cárcel, para segundo diez años de inhabilitación.  El fiscal mete a los exdirigentes socialistas en el núcleo duro de los ERE falsos. La trama solo pudo ser posible con la participación activa de la propia Junta de Andalucía: una industria de la prevaricación y malversación a largo plazo. Cuatro exconsejeros par los que también se pide cárcel, y un rosario de trincadores en cargos intermedios, implicados en algo tan detestable  como robar a manos llenas el dinero de los parados.  Lo cual supone un mazado para los de Ferraz, y cierto alivio para los de Génova. 

La concentración de información que afecta al Partido Popular y que no son ruido sino el mal que ha minado la confianza de una parte de sus votantes, no sabe reducir la gravedad de las acusaciones de Chavez y Griñán , responsabilidad del PSOE, que se ha visto obligado a bajar el tono, a dejar de rasgarse las vestiduras con los casos de corrupción ajenos, mientras tratan de sortear los propios.  

El PSOE ha recurrido a caricaturizar la realidad con exageraciones y sobreabundancia de gestos para tratar de ocultar su agonía, pero no han calculado bien los ángulos de la realidad que impide ver más allá de lo aparente  y todos los puntos del equilibrio han saltado por los aires. La sensación es, que la corrupción en España se ha generalizado, cada partido tiene su báscula y la truca con violencia para que la mugre del vecino sea mayor que la propia. Lo que cuenta es esa apariencia de mugre que se exhibe en horario de máxima audiencia –más pertinaz en las televisiones afines- sustituyendo el juicio crítico por el puro prejuicio y su destino, por encima de lo que dictamine el Tribunal Supremo. La democracia de las tertulias va más allá de los reproches, depende de las habilidades lingüísticas de los telepredicadores amaestrados y agradecidos. 

Del presunto blanqueo del PP en el Ayuntamiento de Valencia la cifra supuestamente defraudada roza los 50.000 euros, pero su peso ante la opinión pública es de cincuenta mil toneladas. A Rita Barberá se le ha encausado por mil euros. Y ha recibido un castigo mediático sin precedentes. Las acusaciones a la cúpula socialista  son bastante más concretas que las que se ciernen sobre Barberá, algo tan sucio como llevarse más de 740 millones de euros (120.000  millones de pesetas) con destino a los parados andaluces.  

Y teniendo en cuenta que todo este ruido es una estrategia para tapar las vergüenzas que no pueden ocultar sus torticeras tácticas, ni los departamentos  de marketing, volvemos a lo que verdaderamente interesa. No hay pacto en España porque no hay grandeza, porque Pedro Sánchez es un pobre hombre venido a más que no ha sabido asimilar su ascenso. Porque mariano Rajoy tiene intacta su soberbia y pretende que se le debe todo. Pablo iglesias empeñado en la crispación, en la radicalidad de la izquierda pura y dura, estigmatizado en su vertedero. Albert Rivera confundido en ese hervor que le aclare qué quiere ser de mayor. Y todos perdidos en la irracionalidad, porque no hay  ni el más mínimo equilibrio en la clase política que, desgraciadamente, rige los destinos de este gran país.  

elblogdepacobanegas 20 de septiembre 2016 

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