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SEPARATISMO CON METÁSTASIS

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SEPARATISMO CON METÁSTASIS

HAY QUE TERMINAR DE UNA VEZ POR TODAS CON ESTA INSOPORTABLE SITUACIÓN

 

La cuestión catalana aparece en los medios europeos en unos términos que a pesar del esperpento conseguido no termina de asombrarnos. Desde que llegó el momento de llamar a la defensa de la República, a la ocupación de puertos, al corte de carreteras y a tomar los edificios oficiales, la proclamación simbólica de independencia ha sido una forma triste  de pedir clemencia: estaba asegurada la derrota y hacía imposible la victoria. En teoría, se necesita mucho más que eso para poner en peligro la integridad de una nación: el espectáculo se podía haber evitado con solo  aplicar de forma efectiva la autoridad.

El resultado admite muchos interrogantes. También  el juez alemán pudo entender que a España no se la derrota poniendo una urna o rompiendo un par de coches. Si al Gobierno y a su presidente se les ha ido de las manos la respuesta, que no se quejen de que los demás países implicados  no entiendan ahora por que no han sabido administrar su autoridad. El independentismo desplegó la rebelión a sus anchas por la incapacidad del Ejecutivo a frenar su desafío, y resulta sorprendente como ha logrado expandir su propaganda ante la impasibilidad del Gobierno. Llega un momento en que no se sabe con qué la imposibilidad de lo imprevisto puede introducir tanta violencia a nuestras vidas, o se revierte urgentemente la situación o en unos años tendremos perdida la partida. A corto o medio plazo la derrota está asegurada porque el tumor terminará desembocando en una peligrosa metástasis.

Ya hemos tenido una experiencia semejante en el País Vasco, los abertzales empezaron con pintadas e insultos y terminaron poniendo bombas o dando cobijo a quien las ponían. La violencia callejera degeneró por su propia dinámica en terrorismo de alta intensidad, que no se curó con mensajes melifluos, sino con acciones drásticas de las fuerzas de seguridad y sentencias judiciales.

 Lo  que buscan hoy los independistas catalanes, está tan claro como el agua, es una ofensiva para internacionalizar el procés creando tales disturbios (con ellos como víctimas) que los gobiernos extranjeros, los europeos especialmente, no tengan más remedio que ofrecerse como intermediarios para solucionar el conflicto. Y prácticamente eso es lo que está pasando. Por tanto, la única política posible en Cataluña es hacer cumplir la ley, pero para eso hay que imponerla con toda la fuerza que permita la constitución y los tribunales. Y eso, hasta ahora, está por ver.

De cualquier manera la opinión está dividida porque hay otras causas susceptibles de explicar. La relación de confianza y cooperación entre miembros de la Unión Europea se ha visto dañada gravemente por la decisión de tres jueces alemanes de una corte estatal que, lejos de limitarse a cumplir la extradición  de Puigdemont para que sea juzgado por la justicia del país miembro que lo reclama, toma partido decretando su libertad por el delito de rebelión y no está muy claro que lo haga también por el de malversación de caudales públicos. Con ello no solo se ateta contra  la seguridad colectiva y la razón de ser de la Unión, sino que se mofan del Tribunal Supremo de España y de nuestro Gobierno. ¿Y cuál ha sido la respuesta del Ejecutivo Español? La aceptación sumisa de esta ofensa que hace pensar que el objetivo de Moncloa es quitarse el muerto de encima.

Resulta más cómodo apelar a la insistente necesidad de buscar el consenso para tomar decisiones drásticas y afrontar de verdad el desafío que nos plantea el separatismo. De nuevo el Gobierno parece quedar paralizado ante la negativa del PSOE de actuar en consecuencia. Rajoy debería dirigirse a la Nación y proponer las medidas necesarias para acabar de una vez con esta insoportable situación.

elblogdepacobanegas 17 de abril 2018

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