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LA REBELIÓN DE LOS JUBILADOS

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LA REBELIÓN DE LOS JUBILADOS

POR UNA PENSIÓN DIGNA

Era de esperar, lo sorprendente es que no haya ocurrido antes. Los jubilados se manifiestan en muchas ciudades españolas reclamando un aumento de pensiones para no seguir perdiendo  poder de compra. La crisis económica ha resucitado viejos demonios. Jaleados por Sindicatos y asociaciones, en Madrid los manifestantes lograron romper el cordón policial y  bloquear la entrada del Congreso de los Diputados. Imágenes similares se vieron en 83 ciudades españolas reclamando al Gobierno, pero también a los grupos políticos que forman el Pacto de Toledo que atraviesa una parálisis galopante. Contrasta esta realidad con las patéticas apariciones de la ministra de Empleo, Fátima Báñez, en su esperpéntico y reiterado empeño de disfrazar la realidad; es increíble hasta donde puede llevar el ridículo de la ceguera política  y la demagogia institucionalizada. Este es el quinto año en el que la nómina de los jubilados ha subido el mínimo que marca la ley, y la ministra sigue sacando pecho con una ingenuidad tan infantil que inspira ternura.

La pirámide de población cada vez está más invertida, llevando la peor parte los jubilados con un deterioro progresivo de sus pensiones y la humillación de un 0`25% de subida que es lo que ha colmado el vaso. El Fondo de Reserva, prácticamente agotado, tendría más de 108.000 millones de euros en la hucha si desde el primer momento que se creó, en el año 2.000, se hubieran financiado con impuestos los complementos a mínimos. El resto de las prestaciones, deberían considerarse no contributivas y financiarse con impuestos como cualquier otro gasto corriente del Estado.

España ha registrado en 2017 el tercer ejercicio consecutivo de crecimiento y lo mismo sucede con el empleo, auténtico motor de la Seguridad Social que ha recuperado una gran parte de los puestos de trabajo destruidos: el objetivo de los 20 millones de empleos está cada vez más cerca.

En el Gobierno existe preocupación por el impacto que están causando las protestas. Una parte importante de su electorado se encuentra en esa franja de edad, con lo que haría mal en ignorar sus legítimas y justas aspiraciones. Rajoy siempre va a remolque, confiando en que el tiempo lo arregla todo, pero esta vez ha ido demasiado lejos, su propio electorado ha decidido pedirle cuentas de tantas y erróneas decisiones. Estamos hablando de un colectivo que supera los 9 millones de personas, un caladero de votos que puede hacerle perder las elecciones. Con el hándicap de que la oposición al completo está aprovechando el río revuelto para reclamar a la ministra de Empleo que ponga freno a la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas. De hecho, toda la oposición negocia incluir la revalorización de las pensiones con el IPC para este año en los presupuestos y no se trata de la lógica contienda entre partidos, sino de atender una necesidad que puede convertirse en un polvorín. No están los sondeos electorales como para buscarse enemigos.

La situación de hoy nada tiene que ver con la época de recesión que pudo justificar el exiguo incremento a que han estado sometidas. Hoy la economía nada tiene que ver con la destrucción de empleo que pudo justificar estos reiterados ajustes a uno de los colectivos más castigados por la pérdida de su poder adquisitivo.  La precariedad ha tocado a la puerta de miles de familias del territorio, atrapadas en un círculo vicioso. La historia tiene distintos protagonistas, y un elemento compartido de sufrimiento. Pensionistas que deben ayudar a sus hijos y nietos en paro, viudas con pensiones exiguas para llegar a fin de mes  tienen que ajustar todo porque el coste de la vida está cada vez  más alto.

Todo ello constituye un punto de inflexión para subir las pensiones más allá del mínimo que establece la ley. Hay que derogar la reforma de 2013 y volver a la revalorización del IPC. Los últimos cálculos pronostican que los pensionistas perderán 350 euros de poder de compra al mes. Sobre todo si se tiene en cuenta que la inflación está subiendo, a diferencia de la caída de precios registrada durante la crisis, y que muchos jubilados se han convertido en un pilar clave para el mantenimiento de los ingresos familiares.

El disparate alcanza una de sus mayores cumbres. La política va por un lado y los españoles por otro. Desde el despilfarro a las miserias políticas, es peligros como antecedente tener que explicar lo evidente.

elblogdepacobanegas  28 de febrero 2018

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