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PSICOSIS

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PSICOSIS 

RAJOY NO DESCARTA NADA, PERO A DOS DIAS DEL 1-O LOS GOLPISTAS DE CATALUÑA NOS TIENEN ACOJONADOS. 

DE QUÉ SIRVEN MILLARES DE POLICÍAS Y GUARDIAS CIVILES SI VAN CON LAS MANOS ATADAS ANTE UNA TURBA DE IRRESPONSABLES QUE NO SE DETIENEN ANTE NADA DISPUESTOS A CONSUMAR SU DELIRIO. 

 

El referéndum independentista de Cataluña, anunciado sin retorno por los enloquecidos representantes políticos de aquella comunidad, es la más grave agresión que puede sufrir un Estado en la  soberanía de su territorio nacional. 

Tras secuestrar al Parlament y desafiar abiertamente al Estado en el intento de crear una nueva legalidad, violando todas las leyes y creando las suyas propias, la situación ha llegado a tal límite de tensión que  ha obligado a los poderes estatales del ejecutivo y judicial a emplearse a fondo con todos sus recursos.   

El problema más grave es la presión nacionalista que ha invadido los hogares y a la propia familia; el distanciamiento preventivo entre amigos. No es un extremismo: la política ha quedado excluida de las comidas familiares y sociales, no hay intercambio de pareceres sin que el debate acabe enconado o en trifulca. Conforme se acerca el 1-0, la tensión en Cataluña se hace irrespirable. Carles Puigdemont y su banda no les preocupa que se incendie Cataluña, o España que es lo que pretenden sus socios de la CUP, solo que se celebre el simulacro de referéndum, no importa cuántos voten, el modo o el sistema, de forma irregular o por correo electrónico, en la calle o en el bar, todo vale, saben que al final el Gobierno  acudirá con paños calientes bajándose los pantalones. Puede que me lo parezca a mí. Rajoy está tan asustado que la súplica se advierte en su respuesta y ha contagiado a los miembros de su Gobierno: vergüenza propia y ajena.  

No sé si es bueno recordar que puestos a releer la historia todos los que intentaron romper España fracasaron siempre. Pero no hay regla sin excepción. 

Durante muchos años, el salvoconducto progresista permitió la gracia del nacionalismo que servía para disociarse de la costra franquista, solo había que fingir estar vinculado culturalmente a modo de vacuna. Lo tenemos en Serrat, acosado en su propia casa por decir que Cataluña es parte de España, y tratado de fascista por los golpistas que con anterioridad le aplaudían cantando “Mediterráneo”. Curiosamente habría que preguntarse ¿Por qué Serrat no se inquietó, por ejemplo, cuando Boadella tuvo que marcharse de Cataluña por cantar en los escenarios y fuera de ellos que siendo catalán sentía orgullo de ser español? Pero estamos acostumbrados a ver como cada cual se aferra a motor que apoya su proyecto, o su ambición. 

Malos tiempos para España si el fervor patriótico lleva a despedir con aplausos y vivas a los abnegados policías y guardias civiles que marchan a Cataluña a reforzar los efectivos de seguridad del Estado en esta charlotada convertida en revolución. Este desafío que nació como una competición de aficionados al malabarismo se ha convertido en un tira y afloja, amagos, desacatos, producto y consecuencia de decisiones políticas erróneas, concesiones al independentismo como, por ejemplo, conceder competencias de orden público  a las autoridades catalanas y vasca, control simultáneo de la policía, la escuela y la propaganda Pero el mal ya está hecho y ahora importa la solución.  

Posiblemente me esté contradiciendo si añado que el papel del Gobierno no es fácil,  independientemente de que se le pueda acusar de falta de contundencia en esta rebelión. El separatismo está demostrando que el uso de la fuerza será indispensable.  El Estado tiene que impedir sin miramientos que se afiance el golpe perpetrado por la Generalitat. Nadie entiende tanta dilación, son golpistas traidores dispuestos a sembrar el caos en el empeño de consumar su delirio. Y que nadie se equivoque, el PNV secundará el desafío, y después ya veremos. 

Sánchez debería escuchar a su compañero de partido Rodríguez Ibarra y pedir la desconvocatoria del referéndum, pero prefiere claudicar en aras de  no sé qué proyecto.  La oposición es tan culpable, o más, de la situación que vivimos. Por tanto es hora de sumar. A Felipe González y a José María Aznar (que también transfirieron competencias del Estado, y cómplices de Jordi Pujol por conveniencias políticas), además de dar consejos o insinuaciones, más les valdría arrimar el hombre y salir en tromba apoyando al Gobierno abiertamente y sin fisuras. Y ya no digamos zapatero que fue el incendiario que aprobó la reforma del Estatut. La situación actual solo ha sido posible por los complejos, mediocridad y cobardía de sus gobernantes, no parece que hoy tengamos a nadie con altura suficiente. En la Casa Blanca, en rueda de prensa con cobertura mundial, ante cientos de periodistas el Presidente solo acertó a decir que no habría referéndum porque todo es un lío y “no había papeletas”: la gran nación que es España, su vitalidad  épica y su grandeza histórica, no son argumentos previstos por Rajoy en una visita de Estado como la reciente a EE.UU. 

Aquí  solo tenemos altura de miras. A dos días del desafío, donde no solo está en juego la integridad territorial sino la estructura misma de la democracia, A Rajoy su mago particular le dice que no habrá referéndum ilegal.  Puigdemont –que también tiene sus conjuros de magia- dice que sí, que habrá referéndum, declaración de independencia y República catalana. Por tanto, ni el Gobierno, ni la oposición constitucionalista, ni la justicia, pueden bajar la guardia. Si el Gobierno cede y no castiga la sedición la ruptura será un hecho. El triunfo del desafío supondría la destrucción de España.  

 

Pedro Sánchez tiene la oportunidad de mostrarse como un patriota y algún sentido de Estado, pero me temo que su ambición le lleve a dejar al descubierto la falsa política a que está llevando al PSOE y, desde luego, en su proyecto de emular a Podemos, cada vez se encuentra más incómodo en la Constitución, pero tendrá que pensárselo dos veces ya que puede ocurrir que los socialistas andaluces, liderados por Susana Díaz, no estén por la  labor y le dejen en evidencia. 

El concepto de “nación de naciones” propuesto por Sánchez, es difícilmente entendible, porque supondría que dentro de una nación, existiría otras, lo que jurídicamente sería un galimatías territorial. Con un peligro evidente. Los separatistas exigirían su repetición una y otra vez hasta lograrlo en otras muchas comunidades españolas. Tras conseguirlo en Cataluña, la pretensión expansionista empezaría por Aragón y seguiría hacia Valencia y Baleares, contando con el efecto contagioso de otras comunidades, lo que supondría una inmensa injusticia a los millones de ciudadanos que quieren seguir siendo catalanes o valencianos.... al mismo tiempo que españoles. Sin contar que acabaríamos volviendo a la Primera República, de trise recuerdo y vida breve, y al desastre que supuso. 

El problema viene de largo por la dejación de gobiernos insensatos que no veían más allá de su conveniencia. La cesión más grave fue a educación dejando el terreno libre a los colonizadores. Siguieron los medios de comunicación, el adoctrinamiento desde el poder, la reconstrucción ficticia de la historia y el dominio de la calle, todo manejado por el poderío autonómico sin la menor objeción, sin el más mínimo reparo. La mayoría silenciosa ve pisoteados sus derechos: madres y padres hartos de ver como se intoxica a sus hijos en la escuela con propaganda independentistasu doctrina manipulada, su falsificación de la realidad, su discurso de la mentira. De aquellos polvos estos lodos. La cuestión de fondo, más allá de la insurrección, es la de como reparar intelectual y políticamente tanto  estrago. Porque llevamos décadas acostumbrando a la población a lo intolerable. 

No es de extrañar, por tanto, que las cosas hayan ido a más. La agresión a la unidad de España ha llegado a unos niveles inauditos y el Estado tiene que defender con todos los medios a su alcance la agresión contra su soberanía. Hay  que parar el golpe, depurar responsabilidades hasta sus últimas consecuencias, y una vez vuelto a la legalidad ya veremos. Hay quien considera que hay que ofrecer una alterativa, aplacar la desbordada reivindicación soberanista ofreciendo algo a cambio, no dicen qué, cualquier cosa con tal de aplazar el conflicto. No hay nada que negociar con quienes se han cerrado al dialogo, apañar un empate para salir vencedores o ceder ante la mentira y el chantaje, porque cada privilegio que obtengan servirá para avanzar hacia la independencia.  Siempre van a querer más.  

El problema inmediato está en saber si Mariano Rajoy, que con toda solemnidad afirmó que no habría consulta, está en condiciones de honrar su promesa. 

 

29 de septiembre 2017 

 

 

 

 

 

 

 

 

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