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Parodia simbiótica

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        La Cabra tira al monte. Por más que se quiera dotar al establo de cierto  confort: buen pesebre, suelo mullido, calefacción y cristales  climalit, el animal se siente encarcelado y reclama su anarquía,  que es base de su instinto.

       Aunque en principio acepte sus privilegios como una distinción, e intente adaptarse al terreno  con cierta normalidad, su innata inclinación  induce a saltarse la norma, lo establecido, a volver del revés cualquier cosa que funcione, a blasfemar contra todo lo divino, a mostrar su rebeldía, a dar forma al esperpento  que, con disfraz de demagogia, ha calado en sectores que han sufrido los errores de otros depredadores que, por su egoísmo y pasividad, han resultado igualmente peligrosos; y se expande, como un reguero de pólvora incontrolado que solo necesita una chispa para provocar el desastre. 

       Estoy intentando hacer una parodia simbiótica al referirme a una casta que está invadiendo al mundo, especialmente España, con campo propicio en el que ha germinado la mala semilla, que avanza, crece y se multiplica sin control. Que toma formas y apariencias sugeridoras, incluso poéticas, convertidas en consignas que,  por conductos aparentemente culturales, toman disfraz de música sublime y voces cercanas: “HIERBA DEL CAMPO” o “LIBERTAD SIN IRA”, servirán de referencia, si no al tiempo.

      Este despropósito antiestético y conceptual que  muestra este abanico de hierbajos, anuncia una mentalidad cambiante que está condicionando el panorama actual y el momento decisivo que vivimos.   

     La falta de visión, la astucia callejera que ha sustituido a la astucia política, la dejadez institucional de los que han tenido la responsabilidad de evitarlo, nos ha llevado a este increíble enredo que ha dejado la práctica de gobierno en manos de oportunistas ocasionales de agitación popular  y mediática. A tal extremo de vehemencia,  dejadez, vergüenza, ignorancia e irresponsabilidad, que el esperpento somete al mismo nivel  de  transacción  de mercadillo las tradiciones más entrañables de la Navidad, eliminado la fiesta más ilusionante de los niños, convertido en cromo político un referéndum que pone en peligro la unidad geográfica de la Nación, y pactos de gobierno con partidos que pretenden y pregonan sin tapujos la destrucción de  España. Puede ser todo lo gracioso y anecdótico que se quiera el sustituir a los Reyes Magos por cortesanas de vida alegre –según su propia actitud-, eliminar la tierna imagen de las ocas de Miguelín por su aspecto disciplinado, supongo; sustituir los camellos por bicicletas, vestir a los reyes de payasos, eliminar el tradicional belén por no sé cual ocurrencia, y así hasta el infinito, nos pone en aviso sobre en qué manos hemos puesto nuestro futuro. Estas conductas son inequívocas, saben a rancio, y  conducen a un panorama incierto de incalculables consecuencias. Esperemos que la responsabilidad de unos se imponga sobre la irresponsabilidad de otros. Es mucho lo que está en juego.  

Elblogdepacobanegas    10 de enero 2015     

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