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LAS DOCE CAMPANADAS DE LAS UVAS Y LA SUERTE: 2016

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El reloj de la Puerta del Sol cumple 150 años: regalo de José Rodríguez Losada al Ayuntamiento de Madrid, y a todos los españoles.

       Lo que voy a contarles a ustedes era un cuento: la historia del reloj de la Puerta del Sol, en Madrid. Comienza como todos los cuentos infantiles diciendo érase que se era, pero le hemos quitado la ñoñería.

El país no está para cuentos. Los niños nacen ya mayores, saben que los Reyes  Magos se hicieron ancianos  y fueron sustituidos por los padres, o por los ediles de los ayuntamientos de turno que actúan, con o sin disfraz,  cuando la noche está cerrada y todos los gatos son pardos, o mejor, negros;  algunos niños nacen ya  con fusil, o ametralladora, y un curso de supervivencia con certificado en el cordón umbilical, dado el peligro que les aguarda, incluso en el vientre materno. Con eso del derecho a decidir ya se sabe, cualquier cosa puede pasar. Así que voy a saltarme la retórica y voy a contarles la historia de cómo llegó el reloj de las uvas y las doce campanadas a la torre de lo que fue Gobernación, antes iglesia del Buen Suceso.

PUERTA DEL SOL     José Rodríguez Losada era un pastor que cuidaba sus ovejas en un famoso y bonito pueblo de León, llamado Yruela. Cuenta que un día estando apacentando su rebaño, una oveja se le perdió. El muchacho no atreviéndose a presentarse ante sus padres sin la oveja, decide abandonar el lugar. Ni corto ni perezoso nuestro personaje se marcha a Vigo a descubrir mundo y ahorrarse la reprimenda paterna. José pasa múltiples privaciones, ya que no tenía oficio ni beneficio, pero una mañana logró convencer a un capitán inglés para que lo embarcase con él. Nuestro personaje llega a Inglaterra y se pone a buscar trabajo acuciado por el hambre. Por fin nuestro amigo logra convencer a un famoso relojero, de nombre French, para ponerse a su servicio como criado. Las buenas cualidades y la inteligencia de José ganan la confianza del relojero y le deja que vaya a su tienda en Regent Street número 105, en Londres, para enseñarle su oficio.

La verdad es que José aprende rápidamente, y todavía en vida de su protector se hizo famoso por sus espectaculares relojes. La prueba está en que en América era muy conocido, a pesar de que no existían los mismos medios de información que hay en la actualidad y que en Caracas, especialmente, se hablaba mucho de nuestro personaje, sobre todo después de montar el reloj de la catedral.

El señor Losada, que ya se ha hecho mayor,  se casa con la viuda de French y engrandece el negocio. Pero la patria tira mucho y José venía con frecuencia a pasar largas temporadas junto a sus padres, que, sabéis amigos? le habían perdonado su escapatoria y que hubiese perdido la oveja y estado a pique de perder todo el rebaño a causa de dejarla abandonadas. En uno de sus viajes quiso visitar la Corte y Villa del Oso y el Madroño. Aquí, curioso, se dedicó a mirar y admirar  Madrid. Un buen día acertó a pasar por la Puerta del Sol, y allí, sobre la Iglesia del Buen Suceso, que luego sería el Ministerio de Gobernación, vio un reloj deteriorado por el tiempo, y feo. El buen José pensó: no quiero que la capital de España tenga en su centro geográfico un reloj tan feo. Yo quiero regalar a los españoles y a los madrileños un  reloj bonito y más perfecto.

Ni corto ni perezoso, se puso manos a la obra y poco tiempo después enviaba el reloj que hoy es guía de todos los españoles y, especialmente, de los madrileños.

PUERTA DEL SOLTodos ustedes saben que esta historia no es cuento, es realidad. Durante más de un  siglo, nuestro reloj ha contemplado cientos de cosas que han formado nuestra historia. Si pudiese hablar recordaría el asesinato de Canalejas, 1912. El atentado contra los reyes de España, el día de su boda, en 1910. La detención del eximio escritor y extravagante ciudadano don Ramón del Valle Inclán, a la salida de un café de tertulias, en la Puerta del  Sol. Cientos de cosas de la vida ciudadana y, sobretodo, esas ciento...s de  nocheviejas que ha marcado, y sigue marcando para  todos los españoles, incluida la señora Joaquina de Villalpando que lo  escuchaba desde su casa pegada al receptor de radio o viendo, o mal viendo la televisión que entonces era, más o menos, una mancha en una caja de madera, y sus ojos cansados entre prisas por terminar las uvas y el deseo de que el reloj, nuestro reloj, nos invite a que le oigamos el año que viene más próspero que este año, con más salud y con más dinero.

Así que quédense con los datos. Un reloj emblemático propiedad de todos los españoles, como su casera Madrid una ciudad que a todos nos acoge como madrileños, hasta los que lo somos sin haber nacido aquí. Un reloj que a pesar de tener siglo y medio, en constante vigilancia, acude puntual y cronometrado como indica su mecanismo, el de un reloj que sabe dar las campanadas con la suficiente tranquilidad, a pesar de su precisión, para que no se atragante la señora Joaquina, pero eso es un decir, porque hoy, las señoras Joaquina`s  están más pendientes de las Carmele, o Belén Esteban, de turno..., más en consonancia con la cultura que se pretende, que se practica.

 En fin, que ustedes tenga feliz final de año, que se tomen sin atragantarse las doce uvas a ritmo de campanada, y que el nuevo nos traiga una casta de políticos más en consonancia. Mientras tanto, que pasen unas buenas navidades.

19 de diciembre 2016

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