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FJ Banegas

          Bienvenidos los amigos que hayan sentido curiosidad por visitar esta página, pueden estar seguros, intentaremos complacerles y, sobretodo, plantearemos cuestiones de actualidad, hablaremos de temas que nos competen a todos, que nos afecten directamente, sin consignas ni adoctrinamientos, sin influencias de parte, con la sinceridad a que obliga un buen razonamiento, y la solidaridad.

             Bienvenidos los amigos que deseen un cambio de impresiones sobre mi reciente publicación: La televisión que yo viví y otras historias paralelas. Ampliación de datos o imágenes y, sobre todo, puntos de vista sobre temas tratados que pudieran resultar polémicos. 

           Bienvenidos los amigos que tengan curiosidad por conocer cómo era la España de la transición, de la dictadura a la democracias, en sus más diversos aspectos, a través de publicaciones  de la época, programas de televisión, y otras curiosidades que iremos intercalando sucesivamente.

  Bienvenidos los amigos preocupados por la situación de provisionalidad que vive este país nuestro, enfrentado, dividido, al que nadie respeta, ya convertido en caricatura por las indecisiones de un gobierno noqueado, débil, pusilánime, sin autoridad, y sus contradicciones en temas que no admiten vacilaciones como la corrupción, el terrorismo, la sensibilidad social; la situación de Cataluña que ofrece un panorama desolador, de incalculables consecuencias por su incapacidad de respuesta -a pesar de su mayoría absoluta-, un presidente que reacciona tarde y a destiempo,  dejando heridas sangrantes, de fácil cicatrización de haber sido atendidas en su inicio  con firmeza. Lo más lamentable es que se ha creado un mal precedente, excesiva permisibilidad y sus consecuencias, probablemente la situación se repita en otras comunidades, pasando a la historia como el presidente  que, bajo su mandato,  se puso en peligro la indivisible unidad de España. Esperemos que, aun cuando tarde, sepa poner los medios para impedir hechos consumados. Y la humillación que supone para cuantos creemos en la unidad de esta hermosa nación. Pero repito, me temo, ya es demasiado tarde, tienen mucho  camino recorrido, se les ha dado demasiados vuelos al consentir que, de una forma o de otra, con mecanismos trucados, parodias simbólicas, tramposas o como se le quiera llamar,  hayan conseguido crear un clima de incertidumbre y posibilidad que ha tenido en vilo a una gran mayoría de la población, obligado a manifestarse a personalidades del sector público y privado, de  la banca, de la industria, con un nerviosismo e inquietud sin precedentes que ha puesto en evidencia al gobierno y comprometido la autoridad del Estado. Diga lo que quiera el señor Rajoy se ha consentido que se vulnere impunemente la constitución y sus principios democráticos, y será muy difícil, por no decir  imposible, que no lo  vuelvan a intentar,  esta vez,  con mucho mayor impulso.  

    La desfachatez con la que los separatistas de Cataluña han falseado la realidad, imitando las payasadas de un iluminado sin escrúpulos llamado Arturo Mas, envalentonado por la indignante permisividad, acuciado por su inoperancia en la gobernabilidad de Cataluña que le obliga a una huida hacia adelante, enjuiciado por la corrupción, en quiebra técnica por el despilfarro en embajadas, medios de comunicación partidistas, o en su constante campaña por la independencia que hemos financiado todos los españoles, y lo que nos queda por financiar cuando se desempolven las alfombras para intentar acallar a la fiera, en permanente chantaje,  en unos momentos en que la crisis económica aconseja, reclama, continuar la fórmula practicada, que en eso sí ha acertado el ejecutivo, pero que ha dejado exhaustos al resto de los españolitos de a pie, incluidos los propios catalanes.

       Sin olvidar la educación, evidentemente fracasada; urge poner remedio con un nuevo modelo sobre nuevas formas de convivencia ciudadana y moral que desde la base debe enseñarse en las escuelas si un día queremos que este país, que se desmadeja por momentos, recupere la cordura y la sensatez. El botón de muestra lo tenemos en estos nuevos partidos que gobiernan a base de ocurrencias, decisiones atropelladas y esperpénticas (demagogia y absolutismo en estado puro), fullera manipulación de los principios democráticos y su ofuscada fantasía. Y lo más preocupante, un Partido Socialista que ha perdido el rumbo, y cuyo secretario general no tiene reparos, a la hora de conseguir cotas de poder, en apoyar a partidos, gobiernos municipales y autonómicos, de marcado perfil separatista, dejando de lado su tradicional  apoyo institucional y sentido de Estado. Y todo hay que decirlo, también inundado hasta el flequillo  por la corrupción.

       El ciudadano de a pie ha adquirido, de la noche a la mañana, una gran responsabilidad que, se supone,  va más allá de la manida madurez que se le atribuye: El pueblo español es maduro y sabe responder con sabiduría. Naturalmente que sí, y tiene acreditada su credibilidad, sin ir más lejos, con la modélica Transición. Pero en estos momentos está cansado, exprimido, sobrecogido por la desfachatez moral de la clase política, la falta de sensibilidad social en sus gobernantes, de su frialdad, de su descaro, y el votante  se ofrece desconcertado,  desorientado, cabreado, pensando en lo previsible, que después de las elecciones la clase política participante vuelva a las andadas, con idénticos resultados de desigualdad, inoperancia, falta de sensibilidad social y moral, con la sensación de que otros cuatro años de poder, municipal, comunitario, o estatal, le proporcione suficiente caudal económica como para que le importe poco, si es necesario, pasar por prisión una temporada si con ello ha conseguido suficiente capital –aquí nadie devuelve lo robado-, como para asegurar que su familia conserve un buen estatus social y, él mismo, un futuro que haga rentable su paso por la cárcel. 

A pesar de todo lo expuesto hay que decir también que, en estos momentos de desconcierto, el Partido Popular representa la opción menos mala para los intereses de la nación, y supongo que para todos los españoles si, como parece, han aprendido la lección.            

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