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LAS CARTAS SOBRE LA MESA

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LAS CARTAS SOBRE LA MESA

 

Todas las cartas están sobre la mesa. Mientras Pedro Sánchez, intentando imitar a Podemos, se muestra eufórico cantando con sus seguidores la Internacional y Patxi López saca fuerzas de flaqueza en sus mítines prácticamente inadvertidos, Susana Díaz muestra su fuerza en Madrid acompañada por casi la totalidad de la vieja guardia del PSOE. Arropada por tres exsecretarios Generales del partido y un numeroso grupo de líderes regionales y figuras del socialismo de la última década, la lideresa andaluza presentó oficialmente su candidatura para dirigir el Partido Socialista. Allí estaba el PSOE de toda la vida, el que ganaba elecciones generales en España. Una puesta en escena por todo lo alto a la que asistieron más de 9.000 personas, 6.000 de ellos afiliados de toda España –muchos de ellos de Andalucía- venidos en autobuses y coches particulares. Una exhibición de fuerza y empuje en la que Ferraz quiso dejar claro que no solo se dirime un futuro liderazgo entre Sánchez, Patxi López y Susana Díaz, sino también la fractura real entre las bases y el aparato del partido.

Ante el empuje de Pedro Sánchez y la incógnita de la fuerza que pueda imprimir la militancia, ha quedado claro que el único rival de Susana Díaz en esta carrera por la secretaría general es él, pues se duda, incluso, que Patxi López llegue “vivo” a la votación. A pesar de que este manifiesta que no duda de la limpieza del procedimiento, hay mucha desconfianza, la candidatura de Sánchez ha pedido a la gestora por carta información del estado de afiliación en toda España, y se comenta que en Andalucía se están produciendo afiliaciones de veinte en veinte. El éxito o fracaso de Sánchez no solo está en la recogida de avales a fin de dar sensación de fuerza, sino en la militancia a la que maneja con gran maestría, de ahí la importancia del censo y el miedo o desconfianza que provoca en sus rivales. El exsecretario general del PSOE se autoproclama representante de la militancia, y en sus mensajes condicionados por la elección que tendrá lugar en mayo, insiste en repetir: “Solo hay dos opciones: un PSOE del siglo XX que pide la abstención a Rajoy o uno del siglo XXI de izquierdas y con la base”. Está claro que sabe manejar con maestría el lenguaje populista y no desestima ocasión de recordarle a Pablo Iglesias que está cerca su segunda oportunidad: “El cambio para derrotar a la derecha vendrá de abajo y no de los dirigentes que hablan desde arriba”.

El evidente temor de que Pedro Sánchez termine convirtiendo al PSOE en un sucedáneo de Podemos, provocó una llamada a la desesperada, parecida al cisma que motivó su descabalgamiento de la Secretaría General y la toma del poder por el tormentoso Comité Federal del pasado 1 de octubre. La mayoría de los reunidos en ese acto saben que el PSOE no está ahora para pensar en victorias. Lo que importa es la supervivencia ante unas propuestas disgregadoras, el peligro que Pedro Sánchez representa para el partido y para España.

La gestión política de Susana Díaz en Andalucía es sencillamente caótica, pero no se le puede negár una evidente capacidad para dominar la federación socialista de España y habilidad para conseguir un cierre de filas y el apoyo de todo el poder orgánico e institucional del partido. Díaz representa un socialismo más constructivo que Sánchez, de ahí que haya conseguido, en la presentación de su candidatura en Madrid, el apoyo unánime de Felipe González, Alfonso Guerra, Pérez Rubalcaba, Rodríguez Zapatero, José Bono, Carmen Chacón, Valenciano, Madina y otros líderes de la federación socialista. Alcaldes, diputados y todos los barones con poder institucional, desde Ximo Puíg y Emiliano García Page hasta Fernández Vara, que comparten la tesis de un mejor futuro para España y el convencimiento de que con Pedro Sánchez el Partido Socialista entrará en una deriva populista que le sumirá en el caos: “Empezamos a recuperar el PSOE”. “Hoy estamos aquí por el PSOE y por España, y vamos a salir a la calle con fuerza”. “Quiero ganar las primarias y las elecciones, pero no quiero el poder a cualquier precio”. Con estos mensajes inició la presidenta andaluza su mitin de presentación, al tiempo que avisó de que “más a la izquierda del PSOE no hay ninguna izquierda transformadora”. Desgraciadamente, la dificultad no está en lo que se dice, sino en cómo cumplir los objetivos de lo que se promete.

Susana Díaz, bendecida por el oficialismo, constItuye una advertencia de cómo está el PSOE, pues nada hace pensar que su liderazgo vuelva a convertir al Partido Socialista en la máquina de poder sin la cual no es posible entender el último medio siglo español. Todos saben que la recuperación paso por un proceso de acercamiento y reconstrucción que no les va a resultar nada fácil, suponiendo que Pedro Sánchez no cumpla su ambición de convertir al PSOE en una segunda versión de Podemos, nada descartable dada su tenacidad, falta de escrúpulos y ambición de poder, lo que ha hecho que parte de su electorado se sienta traicionado y todos sabemos, menos él, lo que Pablo Iglesias tardaría en convertirlo en su lacayo, y las consecuencias: un proceso de autodestrucción de la izquierda tradicional socialdemócrata, absorbida por un populismo descarnado y destructivo.

En definitiva. Hay que estar atentos a las tentaciones populistas de los partidos, pero sin olvidar que ideas y actitudes atrevidas con la corrupción política dominante tiene un espacio entre los ciudadanos y un modelo triunfador. Me estoy refiriendo al partido que gobierna, el que ha dilapidado una mayoría absoluta, el que mantiene sin resolver el problema independentista, el que ha traicionado a parte de su electorado, el que ha vivido, durante el ciclo de elecciones seriadas, a costa de a clase media, del valor adquisitivo de las pensiones, ignorado la igualdad social en una España cada vez más empobrecida. Esto se llama marianismo –el método pasivo- con su estrategia del miedo, se queda quieto hasta que electorado empieza a dudar de sí mismo, opta por lo menos malo o lo aparentemente conveniente, con su práctica de bloqueo al atacante para que se arrepienta de su propia ofensiva, colocando a su oponente en un callejón sin salida y, sobre todo, amparado en la destrucción de la izquierda y del miedo a los populismos.

Y no nos engañemos. En las próximas elecciones, anticipadas parece, Rajoy necesita a Pedro y a Pablo –con Albert de sobresaliente-, porque con esos adversarios políticos podrá seguir viviendo del miedo, sin ellos tendría que buscar otros argumentos: descubriría que no los tiene. Pero no pasa nada, los españoles lo aguantamos todo y si no tenemos el recurso de la siesta. Rajoy el de sus muchas tablas para hacer lo que mejor sabe, salir del paso.

3 de abril 2017

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